Borrar

La empresa de mi vida

Podcast | La empresa de mi vida

La empresa de mi vida
Gullón: la galletera a la que la obsesión por la salud impulsó al éxito

Galletas Gullón es un pueblo, Aguilar de Campoo, y una mujer: María Teresa Rodríguez. Su empeño por fabricar galletas saludables ha convertido una pequeña fábrica en una de las principales galleteras de Europa

podcast background

Sábado, 27 de mayo 2023, 00:09

Necesitas ser registrado para acceder a esta funcionalidad.

Opciones para compartir

María Teresa Rodríguez se puso al frente de Galletas Gullón cuando enviudó en 1983 y decidió seguir con el sueño de su marido: fabricar galletas. Pero marcando un nuevo camino: la galleta saludable, dietética, probiótica. Ahora es líder en el segmento galleta-salud y la facturación se ha multiplicado. Tras 40 años al frente, aún acude todos los días a la fábrica y, por la tarde, despacha en la tienda.

Créditos

  • Una historia de Amparo Estrada

  • Edición Carlos G. Fernández y Luis Gómez Cerezo

  • Producción técnica Íñigo Martín Ciordia

  • Diseño sonoro y mezcla Rodrigo Ortiz de Zárate

  • Ilustración Alex Sánchez

  • Coordinación general Andrea Morán

  • Producción ejecutiva José Ángel Esteban

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios

Transcripción

La empresa de mi vida

Gullón: la galletera a la que la obsesión por la salud impulsó al éxito

PODCAST | LA EMPRESA DE MI VIDA. Mª TERESA DE GULLÓN
SONIDO AIRE FRESCO DE CAMPO, COCHES LEJANOS, ALGÚN AVE
AMPARO ESTRADA. Es un olor… un olor inequívoco.
SONIDO ASPIRACIÓN
AE: Empezar un podcast, una historia sonora, con un... olor es seguramente una locura. Pero es que este olor es tan, tan..
AE: Los olores que percibimos en la infancia nos dejan una huella imborrable durante toda la vida. Lo sabemos por experiencia y ahora los investigadores japoneses de la Universidad de Fukui han demostrado científicamente que sí, que existe esa huella neurológica. En este caso en todo un pueblo.
LOURDES GULLÓN RODRIGUEZ: Ese olor se impregnaba hasta por el pueblo, la verdad que era una maravilla.
AE: Estamos en Aguilar de Campoo, en la montaña palentina. Al otro lado está el mar, el Cantábrico. La cordillera nevada está a un paso y hace frío, pero es un frío seco, transparente. Y aquí, en Aguilar, huele… huele muy bien.
LGR: Un olor a mantequilla, a vainilla y a chocolate, que eso ya eso era increíble.
AE: Increíble. Exacto. Ese olor es inolvidable. Es olor a galletas. Que impregna levemente el aire.
LGR: Era la fábrica que estaba dentro del pueblo y yo me acuerdo de ir con mis padres y pasear por esos grandes hornos de galletas…
AE: Un olor dulce, a infancia, que se apodera de ti cuando te acercas, que te envuelve, que te hace sonreir…
LGR: Era como un mar de galletas. Ver las galletas saliendo del horno. Una maravilla. En la parte de abajo se hacía la crème, la maría, la tostada; las básicas y subía hacia arriba y ya… bueno, un olor a mantequilla y a vainilla y a chocolate que ya eso era increíble.
AE: En el horizonte... los ojos se pierden en inmensos campos de cereal
LGR: Estamos en una zona muy buena para la galleta.
AE: Hay que imaginarse cómo serían en el siglo XIX. Estos campos eran todavía más extensos, sin las heridas del tren o de las torres eléctricas que ahora los atraviesan. Enormes y llenos de cereal. Un océano de espigas.
LGR: Era el conjunto ideal para la elaboración de la galleta. Por eso, aquí en Aguilar llegó a haber cinco empresas de galletas.
AE: Por aquel entonces, cinco familias de la comarca decidieron levantar sus fábricas de galletas aprovechando la abundancia de trigo en Tierra de Campos y la facilidad para conseguir azúcar a través del puerto de Santander.
LGR: Era todo propicio: el clima seco y frío, que es ideal porque no hay humedad…
AE: Cinco fábricas y toda la comarca trabajando en ellas.
LGR: Y luego la mano de obra. Había muchas mujeres también de los pueblos mineros de la comarca.
SONIDO INDUSTRIAL
AE: Los hombres, en la mina, porque a muy pocos kilómetros, se trabajaba sacando carbón en la cuenca minera palentina, hoy casi extinguida, con las explotaciones cerradas y sus pueblos casi vacíos. De aquellas cinco fábricas de galletas, la única empresa familiar y centenaria que se ha mantenido es Galletas Gullón.
LGR: Mi bisabuelo era un confitero que vivía en Zamora, pero se vino aquí a Aguilar, atraído por la riqueza de esta zona.
AE: Y a ese lugar ideal, al pie de la montaña y frente al mar de cereal de la Tierra de Campos, en la enorme llanura castellana, llegó aquel confitero zamorano, Manuel Gullón, en 1892 para fundar una de las primeras fábricas de galletas en España.
AE: Lourdes es la cuarta generación de esa familia.
LGR: Lo hacía con un vaso, un vaso de agua al revés. Fijate si era manual.
AE: Un vaso para hacer un molde.
MARÍA TERESA GULLÓN: Planita, planita sobre una base llana y entonces se cortaba… y ya.
AE: Y ya. Así empezó y así se ha quedado en la memoria de María Teresa Rodríguez, la madre de Lourdes, que durante casi cuarenta años ha estado al frente de las fábricas de galletas Gullón.
AE: Con estas dos mujeres… la madre:
LGR: Una trabajadora incansable.
AE: Y la hija…
MTG: Yo la necesito mucho a ella…
AE: Vamos a hacer un largo viaje cargados de galletas y de historias familiares, de innovaciones tecnológicas y de sabores. En esta historia, galletas y familia están unidas. Y también empresa, marca y paisaje. Y materia prima. Cambio. Sabor y evolución.
CABECERA
AE: Hola, ¿qué tal? Soy Amparo Estrada y esto es 'LA EMPRESA DE MI VIDA'', un podcast sobre empresarios y empresarias que han revolucionado su sector. Vamos a contar historias de marcas y de vidas. De innovadores que fabrican productos con personalidad, originalidad y propósito.
Hoy: Gullón: el dulce aroma del éxito.
SONIDOS DE FÁBRICA ULTRAMODERNA
AE: Aquí estoy, delante de un robot con visión inteligente que empaqueta a la velocidad del rayo los cientos de galletas que le llegan cada pocos segundos. Está protegido por una mampara y nada que no deba entra en su interior. La tecnología punta puede detectar cualquier mínimo fallo y conseguir que todo el producto que llegue al consumidor sea perfecto. Múltiples brazos mecánicos llevan a cabo tareas de todo tipo, todas a la vez. Hasta los bolígrafos llevan chip por si se pierden.
AE: Hay cientos de empleados en la empresa, pero no se ven tantos en la rutina del día a día de la fábrica. Ya no hace falta que decenas de ellos se dediquen a hacer cajas. La digitalización ha cambiado también el tipo de trabajo que se ofrece. Y trabajo, en Gullón, no falta.
LGR: Pero no quiere decir que por eso va a haber menos trabajo. Al revés hay más…
AE: Ni las ganas de hacerlo.
MTG: Lo que más te mueve es poder sacarlo adelante y poder seguir dando trabajo. Es que dar trabajo da mucha satisfacción.
AE: Pero para poder terminar aquí, la historia tuvo que empezar mucho antes.
AE: Vamos a empezar de la mano de María Teresa. Muy delgada, con el pelo corto y el buen color, se nota que la presidenta de honor de Galletas Gullón practica yoga y meditación desde hace décadas. Ayuda también que va todos los días andando a la empresa, aunque llueva o nieve. Pero su rasgo más sobresaliente es la timidez con la que habla.
AE: Y para contar bien a nuestra protagonista, tenemos que volver a mediados del siglo veinte.
MTG: Yo me acuerdo hasta cuando yo era niña. ¿Eh? Que iba yo… me mandaban mis padres o mi madre a por galletas e ir a por galletas... Ya sabía dónde tenía que ir yo, pues a la fábrica.
MTG: Y en una bolsa decías: «Medio kilo», «¿Quieres un kilo?» Lo que quieras, ¿sabes? Te daban la cantidad. Sueltas eeh… no venían empaquetadas. Entonces yo me acuerdo con la bolsa: ¡Qué ricas!
AE: Esa pequeña niña, una vecina más de Aguilar de Campoo, no tiene, desde luego, ni idea de que acabará en algún momento convirtiéndose en la propietaria de la mayor galletera de España.
MTG: Yo en el camino abría la bolsa y había menos galletas en la bolsa.
AE: La misma que coge una de la bolsa sin que se note acabará produciendo cien millones de galletas al día. Y aunque le preguntemos varias veces por el secreto de sus decisiones empresariales, siempre sale con la misma:
MTG: Siempre he encontrado gente que parece que estaban ahí, o tenían que estar o querían estar. Yo siempre he encontrado la mano que te ayuda al camino. Osea, siempre he encontrado gente muy buena, la verdad que sí, y en el momento oportuno. Mucha, mucha suerte en las personas.
AE: La familia de María Teresa no se dedicaba a las galletas: regentaban un pequeño hotel restaurante en la plaza principal del pueblo.
MTG: Pues siempre ayudaba a mis padres también, ya sabes. Claro, allí había trabajo para todos. Entonces muy bien. Me recuerdo muy alegre porque siempre había movimiento.
AE: Los días de más trabajo los daba el restaurante.
MTG: Fíjate, dábamos cenas o comidas o banquetes, bodas… de muchísima gente. Entonces, aunque había mucho servicio, había trabajo para todos. Para todos había trabajo, pues todos contentos…
AE: Las galletas, en el plano empresarial, llegaron más tarde. Pero llegaron a cientos, porque se casó con el hijo de una de las cinco familias galleteras de Aguilar. José Manuel Gullón. Hasta 1970 tenían un obrador donde hacían pan y galletas. Ese año levantaron una pequeña fábrica. María Teresa recuerda el día en que José Manuel le mostró el interior y le presentó a todo el mundo.
MTG: Yo no había entrado nunca a la fábrica, ni había estado en la fábrica, ni eso... Pues entonces vivirlo y vivirlo con él, que te da como mucha tranquilidad también porque ya vas acompañada…
AE: Iban de viaje a vender y a descubrir nuevas formas de hacer galletas. El I+D de la época tenía que ver con ir a Italia, a Francia, probar nuevos sabores.
LGR: Mi padre también, pues le recuerdo siempre trabajando, siempre. Todas las horas del día y casi de la noche. Si no, era viajando también.
AE: María Teresa y José Manuel tuvieron cuatro hijos, que por supuesto cataban las galletas siempre los primeros. Pero en 1983 sucedió algo terrible e inesperado: un accidente de tráfico acabó con la vida de José Manuel. María Teresa se encontró sola, con cuatro hijos, y una pequeña fábrica.
MTG: Fíjate el dolor tan grande, pero hay que aceptarlo, porque si no, es peor. Porque además del dolor, pues te puedes enfermar y puedes morir, puedes dejar a los niños solos. Entonces, sólo pensar eso ya… tienes que aceptar las cosas. Y claro, todo eso te ayuda a salir.
AE: Aunque le aconsejaron que vendiera la empresa, María Teresa decidió ponerse al frente.
MTG: Pues que había que hacerlo. Claro. Había que continuar. Entonces no había otra. Entonces, pues ¿Qué vas a hacer? Aceptación. En la vida ya sabes que tiene que haber aceptación para todo.
AE: Aquel año en el que la vida de la familia Gullón da un vuelco es el año en que comienza oficialmente Internet. En España acababa de formarse el primer Gobierno socialista de Felipe González y nos enganchamos al baloncesto con el equipo de Díaz Miguel: con Epi, Corbalán, Iturriaga, Martín, Solozábal, Romay… Es, también, el año en que España gana por 12 goles a 1 a Malta y se clasifica para la Eurocopa de 1984.
AE: Mientras sucede todo eso, en Aguilar de Campoo y en la fábrica de Galletas Gullón, María Teresa está empeñada en hacer galletas integrales, saludables.
MTG: Yo siempre les decía: «Si hacemos cosas saludables, triunfaremos», venderemos porque la gente lo va a necesitar y encima les hacemos un bien. Y eso lo tenemos muy, muy metido.
AE: Pionera en fabricar la primera galleta con aceites vegetales, sin grasa animal, con ella se inicia el camino de la galleta dietética en el mercado español.
MTG: La gente sí se da cuenta porque a la hora de comer una galleta si es saludable parece que hasta lo ves. Porque si ves que echan semillas, que echas cosas saludables; que la galleta está hecha con productos saludables, pues claro, eso sí… porque la alimentación la vamos a mirar más cada vez.
AE: Porque somos lo que comemos.
MTG: Todo en la alimentación es poco. Todo lo que hagamos, porque de ahí deriva después cómo vamos a estar nosotros.
AE: Y en ello siguen.
LGR: Ahora estamos con el probiótico. Metiendo probióticos a las galletas, a los cereales. También sí, sí, con proyectos siempre innovadores a tope, porque vemos que es nuestra línea y nuestro camino a seguir. Es así, la ruta como nos lo ha marcado mi madre y seguiremos en ello.
AE: Con María Teresa, Gullón ha multiplicado su facturación: de seis millones de euros a comienzos de los años ochenta hasta los 530 millones actuales. Se ha convertido en una gran galletera, con 1.800 puestos de trabajo, que exporta el 40% de lo que produce a más de 120 países.
PACO HEVIA: A partir del 70-90 es cuando se empieza con la innovación…
AE: Paco Hevia es el director corporativo de Gullón. Él nos acompaña por la fábrica y por la historia de la empresa.
PH: María Teresa se queda de presidenta con el fallecimiento de su marido y es donde dice ella: «Oye, tenemos que buscar un nicho que nos diferencie» y pasamos de ser una galletera más a la salud que es donde se hace el gran salto de la compañía. Se profesionaliza la gestión y se apuesta por la automatización.
AE: Las naves de Gullón ocupan 200.000 metros cuadrados, que viene a ser como 30 campos de fútbol, con grandes hornos y filas interminables de galletas que se suceden sin interrupción. De unos tubos colgados en el techo va cayendo la masa, el chocolate, la crema, es lo que llaman hilos…
PH: Hay que tener en cuenta que hay dos fábricas en una, lo que estáis viendo en el suelo y todo lo que se ve en el aire. Entonces todo el transporte de producto terminado de galleta en enfriamiento se produce en aéreo, todo.
AE: Las galletas dan vueltas.
PH: La galleta sale hacia arriba y empieza a dar vueltas por toda la fábrica y lo que hace es enfriarse.
AE: En un largo camino.
PH: Una línea de galletas puede tener 400, 500 metros de largo
AE: Hasta que entran en las cajas.
PH: Y tiene que llegar a una temperatura adecuada en el momento del envasado.
AE: El chocolate complica un poco el proceso.
PH: Cuando metes chocolate el enfriado es forzado. Van a cámaras de enfriamiento porque necesita más frío y más rápido para que la galleta y el chocolate se unan.
AE: Hay que acertar a la primera.
PH: Es el momento de la verdad. Si tú le metes mucho frío a la chocolatina, la chocolatina se pega a la galleta.
AE: La galleta surgió en Inglaterra a principios del siglo XIX para que los marinos ingleses pudiesen llevar un alimento nutritivo y que no se estropease fácilmente en sus largos viajes. Una galleta dura más de un año en buenas condiciones, así que era el producto ideal.
AE: Gullón también viaja. Sus galletas se encuentran en muchos países, como en Laponia, en el Himalaya, o cruzando el mar.
LOURDES GULLÓN RODRÍGUEZ: Podemos decir que ha pasado del Ártico al Antártico, porque ahora hay un chico que es embajador de Gullón, que es Antonio de la Rosa, que está haciendo una expedición cruzando todo el océano. Y entonces pues mira, tenemos las galletas por todo el mundo.
PH: Es la traducción con escritura china de la palabra Gullón
AE: María Teresa, que ya ha cumplido 80 años, acude todos los días a la fábrica.
MTG: Me gusta mucho ir a la fábrica, mucho. Y estar allí con la gente… y como soy muy golosa, pues justo, el remate.
AE: Y por la tarde disfruta despachando en la tienda.
MTG: Por el contacto con la gente, el estar con ellos, el poder decirles: «Prueba una galletina», y que coman una galleta. Todo ese contacto te ayuda a vivir también porque no estás sola, estás acompañada. Siempre te cuentan alguna cosita. Siempre…
AE: Las galletas fueron su debilidad desde pequeña.
MTG: No, no había mucho surtido. Pues había Marías… yo me acuerdo cuando había sólo Marías, después ya hicieron la misma pero en rectangular. Entonces ya eran Marías y tostadas.
AE: Esa galleta María, la más tradicional y conocida, es el resultado de una receta británica de 1875 para conmemorar el matrimonio entre la Gran Duquesa María de Rusia y el Duque de Edimburgo. La receta llegó a los obradores de Aguilar de Campoo, donde se producían a principios del siglo veinte gran parte de las galletas que se consumían en España. Ahora, Gullón fabrica miles de millones de galletas cada año.
PH: Entre todas las clases. 100 millones de unidades al día.
AE: Todo se aprovecha. No se desperdicia nada.
PH: Aquí se hace el troquel, se recupera todo lo que sale, se recupera y se vuelve a meter en la masa con lo cual todo eso no se pierde, se recupera..
AE: Sea lo que sea.
PH: En el momento que está mezclada la galleta con el chocolate ya no se puede reutilizar, entonces esto lo tratamos para la alimentación animal. Porque al tener grasa es muy valioso para la alimentación de los animales.
AE: Porque el margen está muy ajustado.
PH: El negocio de gran consumo es un negocio de céntimo. Hay que perseguir el céntimo.
AE: El ritmo de producción es tal que en el almacén de Gullón se acumulan galletas que podrían dar de comer a la Península Ibérica durante un año.
LGR: La fábrica de ahora, ya está todo automatizado, ya es distinto, no tiene nada que ver. Antes era todo muy manual. Veías a la gente haciendo las cajas, metiéndo los paquetes, todo manual y ahora ya nada. Ahora, todo es automatizado.
AE: Galletas Gullón siempre ha sido una empresa familiar.
LGR: En verano íbamos a 'quitar bollo', decíamos. 'Quitar bollo' era quitar los paquetes que les pillaba la máquina y entonces claro, estaba estropeado el paquete pero la galleta estaba bien. Entonces les hacíamos los paquetes, los poníamos allí y luego se volvían a introducir a la máquina y luego nos daban de recompensa.
AE: Iban todos los niños.
LGR: Yo tendría 7, 8, 9, 10, 11, 12. Yo recuerdo siempre de ir a la fábrica. Incluso cuando éramos scouts también nos ofrecían trabajos para luego comprar nosotros las tiendas de campaña. Íbamos todos los scouts allí a hacer el surtido o hacer el trabajo que hubiera. Eso sería toda la juventud de Aguilar.
AE: Aunque, como otras empresas familiares, no ha estado exenta de momentos de conflicto. En la actualidad, tres de los cuatro hijos de María Teresa trabajan en Gullón y el cuarto ha emprendido un camino independiente también en el sector galletero.
AE: Desde 2019, María Teresa es la presidenta de honor y su hija Lourdes, su principal apoyo en momentos clave, ocupa la presidencia. Un relevo con el que ambas están satisfechas.
MTG: Bien, sin problemas. Yo la necesito mucho a ella y ella también está a gusto conmigo. Entonces, felices.
LGR: Como estoy con ella todos los días, pues es algo que va saliendo de manera innata. No hay un consejo, pero sí siempre me ha dicho que la empresa es menor edad. Que hay que cuidarla y mimarla. Que no nos pertenece, que es del pueblo.
AE: Porque la familia es la empresa y la empresa es el pueblo.
LGR: Hay que estar aquí porque ya somos la 4.ª generación y es como un deber por nuestros antepasados pero también por nuestra gente, por nuestro pueblo. Gullón ha estado en Aguilar y estará siempre en Aguilar.
AE: Y quieren que Gullón siga siendo familiar.
LGR: Ojalá que siga siendo así. Familiar sobre todo.
AE: La quinta generación ya apunta maneras.
LGR: Me dice Mamá: «Yo catador de galletas». Cuando le llevo lo nuevo: «Esto le pongo un ocho, esto le pongo un nueve». Le encanta.
AE: Es el hijo de ocho años de Lourdes
LGR: De pequeño, con cinco y seis le preguntabas: «¿Qué vas a ser?: «Yo 'Gullonista', mamá».
ANUNCIO ANTIGUO GULLÓN
AE: Desde este anuncio han pasado muchos años. Se mantiene en el recuerdo.
LGR: Por eso la galleta es tan especial aquí, yo creo. Porque va pasando la sabiduría de padres a hijos y nietos.
AE: Y la empresa, y el pueblo, y las galletas permanecen.
LGR: Porque aquí en Aguilar vivimos la galleta como algo nuestro, es el ADN galletero que tenemos todos en la vena metido.
MTG: No hay dinero para pagar la satisfacción que da.
CARLOS G. FERNÁNDEZ: 'La empresa de mi vida' es un podcast escrito y narrado por Amparo Estrada. La edición es de Carlos G. Fernández y Luis Gómez Cerezo. Iñigo Martin Ciordia hace la producción técnica y Rodrigo Ortiz de Zárate la mezcla final. La coordinación general es de Andrea Morán. José Ángel Esteban es el productor ejecutivo.