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Plantación de las secuoyas en el campus Miguel de Unamuno. Álex López

Las hijas de la secuoya: una nueva generación del ilustre árbol de la Universidad llega al campus

La USAL celebra el Día Internacional de los Bosques con la plantación de 40 jóvenes plantones extraídos a los pies de madre, en el claustro de las Escuelas Mayores, y que han sido colocados por un grupo de voluntarios de la Oficina Verde

Ana Carlos

Salamanca

Jueves, 21 de marzo 2024, 18:47

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La secuoya roja del claustro del edificio de Escuelas Mayores de la Universidad de Salamanca es uno de los árboles ilustres de la ciudad. A sus 154 años, es el miembro vivo más antiguo de la comunidad universitaria y eso que todavía no es más que una jovenzuela, porque su esperanza de vida ronda los 1.500 años.

Donada en 1870 por Federico de Onís y procedente de la finca «La Carolina» de Cantalapiedra, actualmente supera los 32 metros de altura y su tronco tiene casi un metro de diámetro. Esta especie puede llegar a superar los 100 metros de altura, con una altura cercana a los 8 metros de diámetro en la base.

Al tratarse de un árbol tan emblemático y encontrarse en una ubicación tan monumental, los controles para comprobar su estado son periódicos. Goza de buena salud y esto ha permitido que en las últimas dos décadas haya sido madre en numerosas ocasiones, tanto por árboles procedentes de nuevas semillas como de plantones.

De hecho, tanto en los patios de las facultades de Derecho y de Farmacia, en el Campus Miguel de Unamuno, crecen tres de sus hijas, con cerca de 20 años de edad. Se escogieron estos espacios interiores porque están muy protegidos y eso facilitaba que no sufrieran roces o cualquier otra circunstancia perjudicial. Aunque también se han plantado otros en espacios abiertos, como los dos ejemplares de La Alamedilla y otros tres más en el Parque de los Jesuítas.

A partir de ahora a las hijas de la secuoya instaladas en el campus se les suman nada menos que 40 hermanas. Con motivo del Día Internacional de los Bosques, la Universidad de Salamanca ha querido hacer de ellas las protagonistas. Para ello la Oficina Verde ha organizado una plantación en la que han participado algunos de sus voluntarios.

El objetivo de este evento tan especial también es contribuir a la mitigación del cambio climático. Mar Marcos, técnico de la Oficina Verde recordó que el lema de la jornada este año es «Bosques e innovación: nuevas soluciones para un mundo mejor« y destacó que «los árboles son aliados necesarios» para este fin. Por ello destacó que es de vital importancia realizar plantaciones e invitó a toda la comunidad universitaria a realizar iniciativas de reforestación.

Precauciones para no dañar sus raíces

Los plantones se han colocado formando una densa hilera en la trasera del polideportivo Miguel de Unamuno y en dos filas en la zona verde frente de la Facultad de Derecho.

El momento de la plantación es un momento crítico para cada uno de los ejemplares. Sus raíces son delicadas y cualquier daño en las mismas puede acabar con su vida. Por eso los responsables de la empresa encargada de los jardines de la USAL decidió que lo más conveniente era quitar la base de las macetas en las que han crecido hasta ahora y plantarlas con ellas. Cuando pasen unos años y las jóvenes secuoyas hayan agarrado en el suelo procederán a retirarlas por completo, aseguran.

Los miembros del Equipo Secuoya, que es el nombre que tiene el grupo de voluntarios de la Oficina Verde, siguieron las instrucciones de los jardineros y también las protegieron con estacas para evitar que sean pisoteados. De hecho, en otras plantaciones en la plaza de Bolonia, los árboles no han prosperado como consecuencia del paso de personas.

Pero hasta llegar al momento en que las pequeñas secuoyas han sido plantadas al campus ha habido un cuidadoso proceso que comienza a los pies de la secuoya madre.

El jardinero «comadrón» que hace posible esta reproducción

Luis Ricardo Pérez Martín es el «comadrón» que asiste a la secuoya de la Universidad para hacer posible su reproducción. Este jardinero recuerda que la primera vez que lo hizo fue hace unos 20 años, cuando sacó las que se encuentran en Derecho.

De la secuoya roja del edificio histórico de la USAL continuamente salen brotes procedentes de sus propias raíces. Ricardo se encarga de sacarlas de todo lo abajo que se puede, sin dañar a las hijas y a la madre, y las mete en agua uno o dos días para que se hidraten. Pasado ese tiempo, antes de que el exceso de agua pueda hacer que se pudran, las saca y les pone un poco de polvos de enraizar en la punta. Como están mojadas, tiene que sacudir el exceso de ese producto antes de colocar en macetas en las que pone «tierra buena». Así, las coloca en una mezcla de sustrato y tierra vegetal, con un poco de fertilizante.

Las macetas serán durante algunos meses el espacio en el que las pequeñas vayan creciendo. Es muy importante que no se muevan ni se rocen porque si ni están bien en contacto con la tierra pueden morir.

También hay otros aspectos que hay que controlar. Uno es la humedad. Tanto el defecto como el exceso de agua pueden acabar con ellas. Si hay demasiada, pueden proliferar con bastante facilidad hongos, bacterias y enfermedades que acaben con la planta. Si el problema es la falta de agua y no se ha producido durante mucho tiempo, todavía se pueden recuperar por completo. Pero pueden llegar a secarse.

Ricardo reconoce que sacarlas adelante no es sencillo. Se pierden muchas en el camino y hay que volverlas a reponer. «Hay que estar muy pendientes. Las macetas se ponen en la calle porque son plantas de exterior y entran en juego factores climáticos. Si llueve demasiado no puedes controlarlo y se pudren», detalla. A pesar de todo, en esta ocasión hay 40 nuevas hijas que han superado su primera etapa en las macetas y que ahora se enfrentan al segundo desafío, su colocación en su espacio definitivo.

A partir de ahora están mucho más desprotegidas y son muchos los factores ambientales como los humanos que pueden suponer su final. Sin embargo, Ricardo quiere ser optimista. Desea lo mejor para estas hijas de la secuoya en las que ha invertido tanto cariño. Sólo con que alcancen la edad de su madre sobrevivirán a todas las personas que han participado en la plantación y a las que están leyendo este artículo.

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