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Antonio Cruz Godifredo, presidente de ARSA, en su despacho. Álex López
La mitad de las personas afectadas por el alcoholismo en Salamanca son mujeres

La mitad de las personas afectadas por el alcoholismo en Salamanca son mujeres

La asociación Alcohólicos Rehabilitados de Salamanca, con 45 años a sus espaldas trabajando como cadena de apoyo para recuperar vidas, pide más campañas entre los adolescentes y más fondos para poder ofrecer más talleres y prevenir recaídas

Ana Carlos

Salamanca

Viernes, 16 de junio 2023, 20:18

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Alcohólicos Rehabilitados de Salamanca (ARSA) es una de las asociaciones de ayuda mutua con más solera de Salamanca. Fue fundada en 1978, hace ya 45 años, por Jesús García Rodríguez, el histórico párroco de Pizarrales, junto a dos monjas, María y Paloma.

«En aquellos años el alcoholismo estaba generalizado en todas partes, era el día a día y al párroco se le ocurrió ayudar a las familias del barrio. Empezaron con tres o cuatro. Iban a sus casas, comían con ellos» detalla Antonio Cruz Godifredo, presidente de la asociación.

La sociedad y el perfil de las personas alcohólicas han cambiado mucho desde entonces. Antes eran principalmente los cabezas de familia quienes sufrían esta enfermedad. Cuando cobraban bebían mucho o se reservaban una parte del sueldo para hacerlo. Eran muy pocas las mujeres con problemas de alcoholismo en esos primeros tiempos. Sin embargo ahora son el 50 por ciento. Aunque sigue habiendo diferencias. Ellas siguen bebiendo más en casa.

También ha bajado la edad de los afectados. Si la media de los socios de ARSA tenía en torno a 50 años, ahora está entre los 30 y los 40. En lo que respecta a los menores de edad, son conscientes de que hay muchos adolescentes enganchados al alcohol, pero no trabajan con ellos. Los derivan a Cáritas y, sobre todo, a Cruz Roja.

Lamentan que con 14 años casi todos los chavales manifiesten haberse pasado en alguna ocasión con el alcohol y la forma de consumo de los jóvenes. «Antes estábamos de juerga toda la noche, ahora al salir de casa ya se lo han bebido todo». El objetivo, a su juicio, ha pasado de ser salir a divertirse a salir directamente a emborracharse.

Antonio Cruz ve otro problema añadido: «con 15 euros consiguen una botella muy fácilmente. Siempre hay un mayor de edad dispuesto a comprar alcohol para los menores en los supermercados y eso es algo que denunciamos». Por todo ello y la fragilidad de estas edades, considera que es necesario que se den charlas de concienciación sobre el alcoholismo en los institutos.

Mucho trabajo y un 80% de rehabilitaciones

Cuando una persona llega a ARSA porque tiene un problema de alcoholismo o lo tiene alguien de su entorno, lo primero que hacen es ofrecerle información sobre todas las herramientas con las que cuentan para salir de esa situación y les derivan a la Unidad de Tratamiento Ambulatorio del Alcoholismo (UTA). Allí cuentan con psiquiatra, psicólogo, trabajadora social, enfermera y auxiliar de enfermería y les prescriben el tratamiento que necesitan.

Tras este primer paso la asociación, que cuenta con su propia trabajadora social, ofrece terapia grupal los jueves y un gran apoyo a los enfermos. Hacen talleres, comparten confidencias, se apoyan y hacen vida social juntos. Todo para que recuperen sus vidas, la parte más importante y necesaria de su rehabilitación.

En la terapia grupal, entre familiares y enfermos, se juntan más de 70 personas. Comparten experiencias, liberan emociones y sienten que no están solos, que aunque todos los casos son diferentes, tienen algo en común, como que el alcohol ha destrozado lo más importante de sus vidas. Pero que se puede salir. Siempre van a estar enfermos, pero pueden recuperar las riendas de sus vidas.

La sede de la asociación tiene actividad mañana y tarde de lunes a viernes, cuenta con una trabajadora social y los propios socios se encargan de las labores de mantenimiento y limpieza. Álex López
Imagen principal - La sede de la asociación tiene actividad mañana y tarde de lunes a viernes, cuenta con una trabajadora social y los propios socios se encargan de las labores de mantenimiento y limpieza.
Imagen secundaria 1 - La sede de la asociación tiene actividad mañana y tarde de lunes a viernes, cuenta con una trabajadora social y los propios socios se encargan de las labores de mantenimiento y limpieza.
Imagen secundaria 2 - La sede de la asociación tiene actividad mañana y tarde de lunes a viernes, cuenta con una trabajadora social y los propios socios se encargan de las labores de mantenimiento y limpieza.

«El 80 por ciento de las personas que viene se rehabilita y sigue en contacto con nosotros, aunque solo sea una o dos veces al año. Se crea un vínculo. Te recuerda de dónde vienes para no volver a caer», señala el presidente. Él es un ejemplo de que se puede salir. Lleva 14 años en la asociación y asegura que en ella «se genera una cadena de apoyo, porque si me ayudaron, yo puedo hacer lo mismo por otros». Por ello no duda en escuchar siempre que es necesario a cualquier socio al que ve con necesidad de soltar sus emociones.

Los dos primeros años de rehabilitación, asegura, son muy importantes para empezar la recuperación y después hay que seguir. En la asociación lloran mucho y comparten «traumas terribles» de unas vidas que han sido partidas, desde lo familiar y la relación de pareja a lo laboral, y que cuesta reconstruir.

José Santiago, miembro de la asociación, lleva un año y está muy volcado con ARSA. Como la de muchos de sus compañeros, su vida está llena de golpes, en su caso una operación quirúrgica y dejar de trabajar hizo explotar un problema que llevaba años latente. Ahora es consciente de la importancia de la asociación para salir de ahí, compartiendo juntos el peso de una mochila de experiencias que solo comprende quien ha pasado por ello. Y se siente orgulloso de poder tender la mano y devolver a otros mucho de lo bueno recibido.

Trabajo por delante tienen mucho. «Tras la pandemia ha sido terrible, muchos compañeros que estaban saliendo recayeron y hay mucha gente nueva. La primera parte de la pandemia hizo estragos en el tema del alcoholismo. Gente que nunca había bebido empezó a hacerlo a raíz del confinamiento. Se han duplicado las peticiones de ayuda. Raro es el día que no viene alguien pidiendo información», lamenta Antonio Cruz.

En busca de ordenadores y más talleres

Cuando nació ARSA, contaban con un local que les cedieron temporalmente en la calle Serranos, pero tras algo menos de tres años tuvieron que dejarlo y la Diputación les dejó para siempre el espacio que tienen actualmente, en el paseo de San Vicente 101. Allí cuentan con una pequeña sala de informática, una cafetería para jugar la partida, biblioteca y una sala multiusos en la que desarrollan las terapias y distintos talleres, además de dos despachos y baños. Además, la Diputación corre con los gastos de luz y agua, lo que es una gran ayuda.

La Junta de Castilla y León les concede una subvención para pagar el sueldo de una trabajadora social, aunque como no les llega para cubrirlo por completo, invierten también en ello la subvención que reciben del Ayuntamiento de Salamanca.

Por su parte, los socios aportan cuatro euros al mes y una parte de este dinero se destina al viaje que hacen juntos en octubre.

Como solo cuenta con esas ayudas, lo demás tiene que cubrirlo la asociación. La limpieza y el mantenimiento lo hacen los propios socios. Precisamente estos días Antonio y otro compañero se disponen a pintar ellos mismos las salas que lo precisen.

Los ordenadores de su sala de informática ya están viejos. Por ello están abiertos a donaciones, tanto de personas particulares como de empresas o cualquiera que vaya a renovar sus equipos. Sin ellos no pueden ofrecer talleres de informática y además los utilizan para hacer búsquedas de empleo.

Les gustaría ofrecer más talleres para que los socios tuvieran más propuestas de ocio a lo largo de todo el día en la sede y así ayudarles a evitar recaídas. Por eso reivindican también más fondos. Con ellos quieren poder seguir mejorando su labor y facilitar que los afectados tengan la vida sana que se merecen.

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