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Crecida en el Puente Romano de Salamanca en el año 2018. SALAMANCAHOY
La riada del Puente Romano de Salamanca del 3 de noviembre de 1256

La riada del Puente Romano de Salamanca del 3 de noviembre de 1256

Conocida como 'riada de los difuntos', se dio en la noche del 2 al 3 de noviembre y dañó seriamente la estructura

J. G. I.

Jueves, 3 de noviembre 2022, 13:05

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La madrugada del 2 al 3 de noviembre de hace 766 años (1256) quedó para la historia en Salamanca como la riada de los Difuntos, noche en la que el Puente Romano de la ciudad quedó seriamente dañado según señalan las crónicas de la época. En varias ocasiones a lo largo de su historiae, monumento salmantino se ha visto en serio peligro. Su construcción no tiene una fecha concreta datada porque se ubica entre los mandatos de los emperadores Augusto (27 a. C.-14 d. C.) y Vespasiano (69-79).

La riada más dura que ha sufrido en su historia fue con la riada de San Policarpo (noche de 26 de enero) del año 1626, que dañó seriamente dos de sus arcos inicialmente y luego los daños prosiguieron por lo que en 1627 tuvo que ser reparado en profundidad. La segunda reparación del puente se produjo en el año 1767, cuando se deja el puente con sus once arcos modernos y quince romanos.

Pero previamente una de las primeras riadas de importancia llegó el 3 de noviembre de 1256, denominada Ríada de los Difuntos, una crecida que junto a la de Santa Bárbara de 1498, supusieron las dos primeras roturas del puente romano. La de los Difuntos dejó intransitable la parte meridional del puente según señalan crónicas de la época y afectó a 13 de los arcos del margen izquierdo del Tormes.

Los once arcos meridionales del Puente Romano de Salamanca fueron reconstruidos en 1677 aunque previamente, en 1628, se había realizado un arreglo provisional con entramado de madera, después de haber sido arrasados diez arcos, con sus tajamares, y once estribos por la riada de San Policarpo, el 26 de enero de 1626 como señala Ángel Vaca Lorenzo en su obra editada por la Diputación de Salamanca. En aquel 1626 se perdieron como señala la obra «más de cien casas, además quedaron arruinados los colegios y conventos de la Trinidad calzada, el de las monjas agustinas descalzas (más seis casas), el de las Niñas huérfanas, el de San Andrés de los carmelitas calzados (más ocho casas), el de San Miguel de los trinitarios descalzos, el de los frailes premostratenses, así como la iglesia de la ermita de San Nicolás y el hospital de Santa María la Blanca».

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