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Nieves Gallego, Raquel Saldaña, Ester García y Micaela Díez. Álex López
Los trastornos en la conducta alimentaria no afectan solo a mujeres ni a adolescentes

Los trastornos en la conducta alimentaria no afectan solo a mujeres ni a adolescentes

La Asociación de Trastornos Alimenticios (ATRA) y Obesidad de Salamanca destaca que en los hombres se enmascaran mucho con el deporte y que hay muchos casos de mujeres entre 40 y 50 años

Ana Carlos

Salamanca

Martes, 12 de marzo 2024, 17:31

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Los trastornos en la conducta alimentaria (TCA) son enfermedades que esconden más de lo que enseñan. Siguen siendo muy desconocidos y con mucha desinformación alrededor. Eso, entre otras cosas, hace que las personas afectadas muchas veces no sean entendidas y se confunda su trastorno mental con una elección o un capricho.

Sin embargo, se trata de enfermedades duras, con efectos graves en la salud física y la mental. Si no se tratan de forma eficaz y con un equipo multidisciplinar pueden hacerse crónicas o acabar con la muerte. Las familias de quienes las padecen también sufren mucho y en ocasiones se sienten culpables de algo que no pueden controlar.

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Ante esta situación, los padres de un grupo de chicos afectados por estas enfermedades, que se habían conocido mientras sus hijos estaban ingresados, empezaron a plantearse la idea de hacer una asociación. Así fue como el 30 de noviembre de 2019, coincidiendo con el Día Internacional de Lucha contra los Trastornos Alimentarios, empezó la andadura de la Asociación de Trastornos Alimenticios (ATRA) y Obesidad Salamanca.

Este colectivo nació con el objetivo de visibilizar estas enfermedades, para acompañar y apoyar a los familiares en su largo camino para ayudar a los afectados. Su presidenta, Raquel Saldaña, destaca que las personas que padecen estos trastornos «tienen médicos y terapias» para ellos y son los profesionales quienes se encargan de ellos. Pero las personas del entorno íntimo sufren mucho y no reciben por parte de los facultativos toda la información que necesitan ya que lógicamente están centrados en sus pacientes. Cuando reciben el diagnóstico no saben cómo actuar, ni a quién acudir, y apenas conocen la enfermedad. Necesitan contar con un apoyo.

ATRA y Obesidad Salamanca asesora e informa sobre el trastorno en la conducta alimentaria a las familias. Por ello les gusta tener un primer contacto directo con quienes se acercan en busca de consejo, para mostrarles que han pasado por lo mismo y que «de estas enfermedades se sale, pero con ayuda».

Además, ofrecen a sus socios una escuela online, con sesiones cada 15 días, en las que los padres cuentan sus experiencias y la psicóloga les da pautas para gestionar las dificultades. Las familias socias que lo piden también cuentan con el apoyo personalizado de la psicóloga.

Enfermedades largas y con tratamientos caros

La asociación también cuenta con una trabajadora social que, con el diagnóstico de TCA, ayuda a buscar otros apoyos, ya sea a través de la tramitación de la discapacidad del afectado (que es complicado y requiere de muchos requisitos); para el acceso a la USAL; o para conseguir recursos económicos para los tratamientos necesarios.

Porque tratar los trastornos alimentarios además de ser un proceso largo, resulta caro. En la cuarta planta del Virgen Vega se encuentra el centro de día público para el tratamiento de la enfermedad. Su horario es de 9 a 18 horas, pero desde la asociación lamentan que se queda muy escaso. Los casos más graves, en las fases más agudas, necesitan un internamiento 24 horas durante los siete días de la semana. Eso obliga a buscar un centro privado, con su consiguiente coste económico.

En Salamanca existe un centro privado, el USTA, que cuenta con tratamiento ambulatorio; hospital de día con horario de 8 a 22 horas, de lunes a domingo; y piso tutelado las 24 horas. La asociación apunta que el seguro escolar de los afectados subvenciona algunos servicios privados o parte de ellos, como los psicólogos. También hay algunas plazas de la Seguridad Social en centros de Barcelona y Madrid que cubre en parte el seguro escolar. »El problema es que esta cobertura solo dura dos años y una vez percibida y agotada no hay más», destaca la asociación.

Para una persona que trate de buscar ayudas en solitario al tiempo que vive el problema en casa, todo esto se le puede hacer mucho más complicado, pero la asociación trata de allanar el camino. Además, ATRA y Obesidad Salamanca organiza actividades como pilates, yoga y mindfulness para ayudar a los familiares a sobrellevar el estrés.

Visibilidad y sensibilización

Para que los TCA dejen de tener cierto estigma social y para sensibilizar a los ciudadanos, además de tratar de conseguir prevenir y atajar el avance de estas enfermedades, la asociación centra parte de su esfuerzo en darles visibilidad a través de campañas y acciones de divulgación.

«Salamanca es uno de los sitios donde más visibilidad tienen estos problemas, de hecho viene aquí gente de otras ciudades. Influye en ello tener el centro privado», aseguran. Además, la ciudad cuenta con una unidad especializada en el hospital «que se consiguió por la lucha de la anterior asociación». Y es que en estas enfermedades son frecuentes las autolesiones, los intentos de suicidio, y a través de las reivindicaciones se consiguió que aunque se trata de una enfermedad mental, se separase a estos pacientes de otros.

No obstante, la unidad tiene escasez de profesionales. Para abordarlas es necesario un equipo multidisciplinar y coordinado de nutricionista, endocrino, psicólogo y psiquiatra. Y si bien hay hay consultas que pueden espaciarse en el tiempo, los pacientes necesitan pasar por las de psicólogo y psiquiatra con más frecuencia para, por ejemplo, prevenir autolesiones, como golpes, cortes. Por eso desde la asociación dicen que son necesarios más psicólogos y psiquiatras para atenderlos.

«Es una enfermedad larga, dura, hay que tener mucha paciencia y es como una montaña rusa, porque a veces hay bajones. Insistimos en que es una enfermedad que esconde más de lo que enseña. También es vergonzante, porque se sienten culpables. Cuando salen de ella a veces quieren desconectarse de todo lo que tiene que ver con ella y de la asociación porque lo sienten como un estigma» afirman Nieves Gallego, Raquel Saldaña, Ester García y Micaela Díez. Saben de lo que hablan. Sus hijas han pasado por ello y quieren tender una mano a otras familias en la misma situación.

Visibilizar la enfermedad para quitar estigmas y saber más de ella

Difundir el problema es una forma de hacerlo. Han dado charlas en el Colegio de Médicos, en centros educativos y quieren seguir ampliando las conversaciones con las Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos para que los padres puedan descubrir actitudes de sus hijos que pueden parecer normales pero que pueden desenmascarar la enfermedad.

Afirman que ellas mismas al principio no se daban cuenta de muchos comportamientos que ahora saben que sirven para detectar un TAC. «Y cuanto antes se haga es mejor para afrontarla y para que se pueda curar», recalcan.

Entre esas pistas pueden estar que dejen de querer salir; que desaparezca comida en casa y no se sepa el motivo; que cojan o pierdan mucho peso en poco tiempo y que aunque parece que siguen una dieta adecuada el problema persiste; o que se aparten de sus amistades, por citar algunos ejemplos.

Nieves asegura que su hija con 14 años dejó de querer dulces y perdía mucho peso. Comía poco y hacía ejercicio a escondidas. Por su parte Raquel detalla que el problema de su hija presentaba síntomas físicos como pérdida de peso, se le caía el pelo e incluso perdió la regla. Se aisló de sus amigos. Pero después tuvo un efecto rebote y, de perder 18 kilos, pasó a ganarlos. No salía de casa.

Estas madres coinciden en que es importante el papel de la asociación para ayudarlas, incluso para informar a los centros educativos a los que acuden las afectadas para hablar con los tutores y profesores y que sepan cómo ayudarlas.

La hija de Micaela se daba atracones. Lo achacaban a la ansiedad y los nervios de los exámenes. Era capaz de comerse dos donuts después de comer, pero luego era capaz de voluntad. «Lo hacen muy bien, luego son capaces de restringir alimentos, se fijan mucho en el etiquetado, dejan de comer determinado alimento».

Ni enfermedad solo de mujeres ni de adolescentes

La tristeza, la apatía, la depresión, la baja autoestima, la pérdida de ilusión por todo son también comunes en estos casos. Algunas empiezan a usar ropa muy amplia y más oscura para ocultar su cuerpo: manos, piernas, dedos.

Aunque ellas tienen hijas, destacan que no es una enfermedad de mujeres. Cada vez más chicos la padecen pero lo esconden. En ellos hay muchos casos enmascarados por el deporte y la vigorexia.

Tampoco es un trastorno de adolescentes. «Se detectan cada vez más casos de menores con 10 y 11 años, pero también entre 40 y 50 años. También hay muchas mujeres de más de 50 años. Es una edad difícil».

Además, lamentan que todavía existen muchas familias que niegan la enfermedad. Unas porque no son conscientes de la gravedad, otras porque tienen miedo a los estigmas sociales. Pero de esa forma no están ayudando a la persona afectada.

Desde la asociación animan a todas las familias de personas afectadas a acercarse a la asociación y a no ocultar la enfermedad. «La unión hace la fuerza y cuanta más gente se acerque, más conoceremos de estos trastornos», señalan. Y eso siempre servirá para poder luchar contra ellos con más garantías de éxito.

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