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Víctima del 11-M vinculadas con Castilla y León. El Norte
Las 14 vidas que el terrorismo del 11-M segó en Castilla y León

Las 14 vidas que el terrorismo del 11-M segó en Castilla y León

Los atentados en los trenes de Madrid, de los que se cumplen veinte años, mataron a 14 personas vinculadas con la comunidad, tres de ellas de Salamanca

Víctor Vela

Valladolid

Lunes, 11 de marzo 2024, 10:05

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«Recordar a las 193 víctimas del 11-M es asomarse al agujero que dejaron en sus seres queridos», cuentan las periodistas Chelo Aparicio y Ana Aizpiri. Ella firman 'Las víctimas de la yihad' (Espasa), un extenso trabajo en el que recuerdan a las víctimas españolas asesinadas, desde mediados de los años 80, en los atentados vinculados con el terrorismo islamista y el yihadismo. Sin duda, el más grave, fue el de los trenes de Madrid, el 11 de marzo de 2004. Murieron 192 personas. Entre ellas, catorce personas que nacieron o mantuvieron estrechos lazos vitales con Castilla y León. Este libro, la iniciativa 'Mapa del terror', de la asociación de víctimas Covite y las hemerotecas de los periódicos las recuerdan.

Ninguna de las familias de estas personas forma parte de la Asociación de Víctimas del Terrorismo de Castilla y León. Su presidente, Sebastián Nogales, recuerda, no obstante, que el colectivo participa todos los años en los actos de homenaje que se celebran en Madrid en recuerdo de las personas que murieron por estos ataques terroristas.

Sara Encinas Soriano

Salamanca, 26 años

Sara Encinas Soriano

Sara llevaba meses con el flexo encendido y los ojos sobre unos apuntes que no dejaban de crecer. Le robaba horas al sueño para preparar las cuatro asignaturas que le quedaban de la carrera de Derecho, en la Universidad Autónoma de Madrid. Querría haberse presentado en la convocatoria de febrero, pero la muerte de su abuelo, en enero, trastocó todos sus planes. Así que confiaba en terminar la carrera en junio y de este modo empezar un nuevo capítulo de su vida. Natural de Yecla de Yeltes (Salamanca), se había mudado a Vicálvaro junto a Óscar, su novio desde hacía seis años, con quien acababa de comprarse un piso (después de que ambos sufrieran una mala experiencia en un intento anterior con una cooperativa). Ella trabajaba, de nueve a tres y media, en una empresa de telefonía y sus compañeras, como recordó aquel día un artículo de 'El País', le rindieron homenaje con un gran lazo negro en el sitio que nunca volvió a ocupar.

Julia Frutos Rosique

Salamanca, 44 años

Julia Frutos Rosique

Aunque Julia había nacido en el barrio madrileño de Tetuán, desde hacía 16 años residía en Salamanca. Y la ciudad le encantaba, porque había descubierto lo agradable que es vivir sin perder el tiempo en largos desplazamientos. Eso sí, cuando su marido Dámaso consiguió un trabajo temporal (en la construcción), no dudaron en mudarse a Torrejón de Ardoz. Ella halló un empleo como cuidadora de personas mayores. Aquel retorno a Madrid era de forma temporal, decían, porque su sueño era mudarse a una casa en el campo, donde disfrutar de su familia (tres hijos), su dos gatitas y Niebla, su perro husky siberiano. Le encantaba la pintura (sobre todo la acuarela) y la jardinería (en un gusto que heredó de su padre). Pocos días después del atentado, su hija mayor, Susana, supo que estaba embarazada. Julia no pudo ser abuela.

Ambrosio Rogado Escribano

El Campo de Peñaranda (Salamanca). 56 años.

Ambrosio Rogado Escribano

Ambrosio abandonó muy joven su pueblo salmantino para estudiar Maestría Industrial en la capital de la provincia, en la especialidad de fresador. Desde ahí dio el salto a Madrid, donde se afilió a UGT y luego empezó a trabajar en la entidad aseguradora de las cajas rurales (RGA). Acudía a su puesto de trabajo en tren, a primera hora de la mañana, siempre con un ejemplar del 'Marca' bajo el brazo para seguir al día la actualidad del club de sus amores, el Real Madrid. Vivía en Coslada, junto a su mujer y sus dos hijos. Le gustaba el fútbol, sí, pero también salir con amigos, las bromas («a veces era un poco pesado», recordaba su hermana Araceli) y los viajes.

Félix González Gago

Guaza de Campos (Palencia). 52 años

Félix González Gago

El currículo de Félix González Gago, subteniente del Ejército del Aire, recogía treinta años de actividad militar, su participación en misiones humanitarias (como en Namibia) y su trabajo durante años en la Embajada de Chile. Hacía apenas unos meses que había recalado en Madrid, en el mando de personal del Cuartel General del Ejército del Aire, en Moncloa. Vivía en Alcalá de Henares con su esposa y sus dos hijos. El pequeño, ese mismo 11 de marzo, iba a cumplir nueve años. Lo tenían todo preparado para celebrar una fiesta por la tarde. Pero nunca pudieron soplar las velas de la tarta. Félix solía ir al trabajo en autobús, pero ese día apostó fatídicamente por el tren. Su mujer, María José, decidió repartir las cenizas. Una mitad fue enterrada al lado de los restos de su padre, en Guaza de Campos. La otra mitad, las envolvieron en el papel del regalo que la familia le había comprado para celebrar, apenas unas jornadas después, el Día del Padre.

Domnino Simón González

Guardo (Palencia). 45 años.

Domnino Simón González

Domnino tenía el coche en el taller de Santa Eugenia. Así que ese día, después de dejar a sus dos hijos en el colegio, decidió coger el tren junto a su esposa, María Cristina López Ramos, para ir a trabajar. Él, en una compañía de seguros. Ella era secretaria en el Colegio de Abogados. Los dos murieron en el atentado. Sus hijos, de once y cuatro años, quedaron huérfanos. «Es un guardense de pura cepa», recordaron entonces sus vecinos. Allí le llamaban Domi. Su familia prefería el diminutivo Nino. Después de cursar sus primeros estudios en Guardo, se mudó a Salamanca para estudiar Biología y luego marchó a Madrid.

Julia Moral García

Milagros (Burgos). 53 años.

Julia Moral García

En el mismo barrio que Domnino, Santa Eugenia, vivía Julia Moral, una burgalesa de Milagros que hacía cuatro años se había trasladado a Madrid junto a su marido y sus dos hijas, de 17 y 19 años. Eso sí, mantenía muy viva la relación con su pueblo natal, donde se escapaba cada vez que tenía la mínima ocasión. De hecho, ella era la encargada de organizar el festival de teatro de la localidad. Le gustaban las actividades culturales, se había apuntado a talleres de arte y literatura. En su funeral, sus allegados no se olvidaron de poner en su tumba rosas, sus flores preferidas.

Berta María Gutiérrez García

Villanueva de Gómez (Ávila). 39 años.

Berta María Gutiérrez García

Aquel día, Berta se subió sola al tren camino de su trabajo en la Consejería de Hacienda de la Comunidad de Madrid. A menudo le acompañaban su marido, Jesús, y su hermana, María José. Junto a ellos, la ruta era mucho más amena. Pero esa mañana no pudo contar con compañía. Jesús y María José salvaron su vida. Lloraron la muerte de Berta. Natural de Villanueva de Gómez, apasionada de las novelas de García Márquez e Isabel Allende, por las tardes llevaba a Sara, su hija de seis años, a la piscina y las clases de inglés.

Myriam López Díaz

Muñogrande (Ávila). 31 años.

Myriam López Díaz

Myriam dejó aquella mañana a su hija Paula, de 22 meses, en la guardería y cogió el tren en la estación de San Fernando de Henares para ir a trabajar. Había estudiado Magisterio y Psicopedagogía, su sueño era ser profesora, pero de momento trabajaba como administrativa para Alcatel. Su familia decidió que Myriam descansara para siempre en su pueblo, Muñogrande, donde fue enterrada. Allí solía ir Myriam todos los fines de semana, ya que su marido era vecino de Salvadiós, un pueblo muy cercano, a apenas veinte kilómetros. Hasta allí se desplazaba también su hermana Ana, quien vivía en Valladolid. Ana recordó a Myriam como una persona «sentimental y generosa, con una gran sensibilidad».

Laura Isabel Laforga Bajón

Valladolid. 28 años

Laura Isabel Laforga Bajón

Laura había estudiado en el colegio Amor de Dios de su Valladolid natal. Luego cursó Psicopedagogía y Magisterio. Encontró trabajo en Madrid y aquel día era tal vez el último en el que tendría que coger un tren para llegar hasta él. Ya había decidido mudarse a un piso más cercano al colegio donde impartía clases. Lo compartiría con una prima de su novio, con quien salía desde los 16 años. Cofrade de las Siete Palabras, había pensado que la iglesia de Santiago, en Valladolid, sería el templo perfecto para su boda.

Carlos Soto Arranz

Quintanilla de Onésimo (Valladolid). 34 años

Carlos Soto Arranz

No había tenido Carlos una vida sencilla. Huérfano desde los 14 años, el menor de tres hermanos se había mudado a vivir a Valladolid antes de recalar por amor en San Sebastián de los Reyes. Por Internet había conocido a Eva, una mujer divorciada con dos hijos pequeños a su cargo. Juntos, Eva y Carlos, habían sido recientemente papás de una niña preciosa. Carlos, operario en un taller de carpintería metálica, había trabajado durante toda la noche en un encargo en Alcalá de Henares. Había llamado a Eva para decirle que estaba a punto de coger el tren, de vuelta a casa, y que le daría tiempo de llevar a los niños al colegio.

John Jairo Ramírez Bedoya

Colombia. 37 años. Había vivido en Turégano (Segovia)

John Jairo Ramírez Bedoya

Su primer empleo en España, país en el que llevaba cinco años, fue en Turégano (Segovia) en una granja de cría porcina. Allí, John Jairo había conocido a su pareja, María Teresa, también llegada de Colombia, aunque fue en tierras segovianas donde prendió el amor. Se casaron. Se mudaron a Torrejón de Ardoz, donde él encontró un empleo en una empresa de limpieza, pero siempre mantuvo el contacto con aquella granja segoviana donde iba a celebrar la Navidad. John Jairo murió sin saber que su esposa estaba encinta, pero María Teresa perdió el bebé durante el embarazo.

Álvaro de Miguel Jiménez

Madrid. 26 años. Vivió durante su adolescencia en Ávila

Álvaro de Miguel Jiménez

Santa Engracia era su barrio de toda la vida. Allí había nacido y vivió con sus padres y sus dos hermanos. Pero durante cinco años de su adolescencia, la familia residió en Ávila, donde se hizo árbitro de fútbol de primera regional. Su familia contó que de niño fue tímido, que quiso prepararse para policía (la miopía le echó para atrás) y que, como los estudios no le gustaban, se formó como administrativo. Ahora trabajaba en Fomento de Construcciones y Contratas. Socio del Atlético de Madrid, le gustaba el cine, esquiar y jugar al billar.

Carmen Mónica Martínez Rodríguez

Madrid. 31 años. Vinculada con Lanseros (Zamora)

Carmen Mónica Martínez Rodríguez

Carmen Mónica seguro que iba escuchando música en su 'discman' aquella mañana en la que perdió la vida en los trenes del 11-M. Así lo intuía José Luis, su marido, que un vecino de Lanseros, en Zamora, el pueblo donde la pareja pasaba casi todos sus veranos. En los últimos años, no iban solos, porque Verónica, de cuatro años, se había sumado a la familia. Carmen Mónica viajaba en tren a diario para acudir a su puesto de trabajo en la Concejalía de Medio Ambiente, del Ayuntamiento de Madrid.

Susana Ballesteros Ibarra

Madrid. 42 años. Vinculada con El Espinar (Segovia)

Susana Ballesteros Ibarra

Casi todos los veranos los pasaba en El Espinar. Allí fue donde Susana, con 15 años conoció a Juan. Su historia tal vez fue un flechazo, pero se coció a fuego muy muy lento, porque no se convirtieron en novios hasta ocho años después. En 2004, Juan, profesor de Filosofía, era su marido. Juntos tenían dos hijos, Sofía (11) y Miguel (6). Vivían en Coslada y Susana trabajaba como interventora en un banco.

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