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Fernando Fernández y Salomé Méndez, fundadores de MolinoLAB. José Vicente/Ical
Comercio rural, colaborativo y en red

Comercio rural, colaborativo y en red

El espacio de experimentación rural MolinoLab pone en marcha una tienda online para que los emprendedores de Sancti-Spíritus puedan expandir la venta de sus productos

Alba Familiar / Ical

Domingo, 8 de octubre 2023, 13:46

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Cuando Fernando volvió a su pueblo con su compañera Salomé lo hizo con un proyecto en mente y con la ventaja de responder a la pregunta más importante y que cualquier vecino le haría al verle: «¿Y tú de quién eres?». Fernando es nieto de Valeriano, el del molino de agua que convirtió en un museo de agricultura tradicional, y que él ahora da una nueva vida, haciendo de este terreno un espacio en el que parte de sus esfuerzos son por y para el pueblo de Sancti-Spíritus.

En la comarca de Ciudad Rodrigo, en Salamanca, Fernando y Salomé se asentaron para llevar a cabo un centro de experimentación artística y cultural. Bajo el nombre de MolinoLab, en el terreno de Valeriano, desarrollan proyectos y organizan actividades en torno a temáticas como la agroecología, la danza o la música, pero bajo el pretexto de aprender a hacer las cosas por uno mismo y compartiéndolo con otros.

Dentro de este 'brainstorming' de ideas, el desarrollo en las zonas rurales es una de sus máximas. Para evitar la fuga de las personas a las ciudades en busca de oportunidades laborales, la última iniciativa de MolinoLab es intentar dar una oportunidad, de manera altruista, a todos aquellos que, como ellos, decidieron quedarse en el pueblo. «Entre las ideas que empezamos a compartir entre la gente que estábamos por aquí pensamos de qué manera podemos aportar a la gente que ya tiene proyectos propios o desarrollan algún producto local, para que puedan tener un poquito más de alcance», explica Fernando Fernández a Ical.

Así nació la idea de crear una tienda online colaborativa, para que los emprendedores de la zona pudieran exponer y vender sus productos a través de una plataforma digital. Alojada en el dominio www.sanctispiritus.es, sus creadores, quienes han utilizado sus conocimientos en tecnología para poder «aportar al pueblo» un granito de arena para poder mantener el modo de vida de sus vecinos.

Desde una pareja que crea obleas de manera artesanal y desde hace más de 30 años por toda la geografía española, hasta ganaderos y agricultores que apuestan por el cultivo orgánico sin utilizar ningún tipo de pesticida sintético. A partir del próximo mes de noviembre, en MolinoLab planean tener esta tienda virtual a máximo rendimiento, que también albergará los productos de negocios como una panadería local, morcillas típicas de la zona o artesanía, hasta superar la decena de productores en una localidad cuya población no llega al millar de habitantes.

«Queríamos hacer un poco nuestro el pasado de alguno de nosotros», cuenta Fernández, quien volvió a Sancti-Spíritus tras vivir en Salamanca, mientras que su compañera lo hizo desde Bogotá. «Al venir de ciudades medianas y grandes ha sido un trabajo interesante el conocer a la gente y el ver cómo con nuestro bagaje podemos aportar en la zona», continúa. Así, esperan a través de este proyecto «que la gente que vende productos pueda aumentar las ventas para afianzar su espacio en el pueblo».

«Apoyar este tipo de cosas es muy interesante, si ayuda a ganar dinero o de una manera más justa o independiente con ellos será un granito de arena más para la situación complicada que tenemos», explica el impulsor de esta plataforma, quien prefiere mantener la esperanza de que otros emprendedores puedan instalarse en el pueblo como «una utopía en el horizonte que nos ayude a caminar».

Espacio de experimentación rural

Más allá de esta iniciativa de apostar por el comercio rural, colaborativo y en red, MolinoLab es un «espacio de experimentación rural», como ellos mismos lo denominan. «La ventaja de vivir en un pueblo chiquitito es que cuando comentas algo todo el mundo se entera», cuenta Fernando. Un pueblo que les recibió con una gran acogida cuando transformaron el antiguo molino en un lugar donde desarrollar multitud de iniciativas.

Así, su compañera Salomé lleva más de tres años dando clases de danza en la asociación de mujeres. Tras la pandemia, regalaron a Sancti-Spiritus un videomapping, llevaron a cabo una exposición de realidad aumentada, y han seguido desarrollando actividades destinadas a «comunicar, aprender, enseñar y a compartir», como un taller de bioconstrucción con barro, un festival que aunó arte y tecnología o una formación en radio que llevarán a cabo próximamente. Porque su objetivo es «publicar de forma libre una serie de conocimientos, recursos y metodologías para que cada cual inicie su camino hacia la autosuficiencia».

Este «laboratorio matriz» en evolución constante bebe de otras iniciativas como el Medialab Matadero en Madrid o Tabakalera en San Sebastián, un «Fab Lab», donde la creación digital comulga siempre con lo colectivo, y cuentan con la ventaja de llevarlo a cabo en una zona rural estando cerca de la naturaleza. Así, Fernando y Salomé cuentan con un equipo «deslocalizado» de personas quienes comparten sus inquietudes y conocimientos, aunque no se encuentren físicamente en el mismo lugar, y abren esta base de ideas a todo aquel que quiera participar.

«Si la gente puede vivir tranquila en un pueblo y obtener lo que necesita para vivir desde aquí, habría mucha más gente que volvería a los pueblos o que no se iría», sintetiza Fernando. Así, el nieto de Valeriano apostó por esta idea, reviviendo este espacio que un día fue de su abuelo, para crear una iniciativa común y abrir las puertas al desarrollo rural y a la autosuficiencia.

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