Participantes en el taller celebrado en la biblioteca Torrente Ballester. / Ana Carlos

Plantas que pueden curarnos o intoxicarnos en la Vía de la Plata

Aunque ignoramos su importancia y las consideremos malas hierbas, muchas plantas silvestres de Salamanca tienen un gran valor medicinal que en tiempos utilizaban las mujeres que eran consideradas brujas

ANA CARLOS SALAMANCA

Lo que nos cura y lo que nos mata a veces está muy cercano, tanto que en ocasiones la diferencia solo está en la dosis. Ana González-Garzo y Augusto Krause, botanófilos del Centro Botánico de Juzbado, son fervientes admiradores de las plantas y escuchándoles hablar es irremediable contagiarse su entusiasmo. Lamentan que no hacemos caso a ninguna de las hierbas que nacen de forma expontánea a nuestro alrededor a pesar de que pueden darnos de comer, curarnos y deleitarnos. «Son las protagonistas de la vida», reivindica Krause.

Lamentablemente a nivel popular hemos perdido mucho conocimiento de las plantas con las que convivimos. «Ahora quitamos del huerto muchas que antes se cultivaban», destacan. Es el caso del amaranto, la verdolaga y la colleja. Pero la alta cocina vuelve a poner los ojos sobre algunas de estas especies.

«No hay plantas malas ni malas hierbas, en todo caso hierbas inoportunas», prosiguen en su explicación sobre algunas de las variedades vegetales tóxicas y medicinales de la Vía de la Plata. Este es el objeto de su taller, celebrado en la Biblioteca Torrente Ballester como parte del programa formativo del proyecto LIFE Vía de la Plata del Ayuntamiento de Salamanca.

Verdolaga, cardo mariano y diente de léon.

El saúco es una de las especies emblemáticas al hablar de las propiedades curativas de las plantas. Y en la conversación suelen aparecer también las brujas, que no eran más que mujeres muy entendidas en botánica y que sabía utilizarlas con sabiduría. Aunque fueran muy vilipendiadas y perseguidas por distintas razones, según defiende Ana González-Garzo. Durante cientos de años, el saúco ha sido empleado con fines medicinales por sus efectos diuréticos, sudoríficos y antireumáticos, entre otros. La infusión de sus flores secas es un remedio que suele usarse para la gripe. Pero ofrece muchas posibilidades en el ámbito gastronómico: sus flores frescas se pueden freír en tempura, usar en la masa de hojaldre y añadir al vino para hacer una bebida achampañada. Aunque la semilla es tóxica, el fruto muy maduro puede utilizarse para hacer mermeladas y también para mejorar vinos tintos y darles un toque similar al Oporto.

En algunas zonas se daba un especial valor a las flores de este arbusto recogidas la noche de San Juan. Augusto Krause le da una explicación a este hecho y al de que muchas plantas tengan hoy nombres relacionados con el santoral o la Virgen: se había prohibido tanto el uso de cada vez más plantas por vincularlas a la brujería, que los médicos se habían quedado sin materia prima para medicinas. La solución pasó por rebautizarlas con nombres de santos que legitimaran su uso.

Y eso es lo que pasó con la conocidísima hierba de San Juan, el hipérico perforatum, que se empleó incluso para hacer exorcismos. En todas las casas en los pueblos había aceite de esta planta, elaborado con sus flores y frutos macerados en aceite al sol durante 40 días. Este oleato sirve para curar quemaduras, golpes y heridas. La planta es famosa por sus propiedades astringentes, antisépticas y antiespasmódicas. Pero también por sus propiedades antidepresivas, consumida en infusión. No obstante, los botanófilos advierten de las contraindicaciones de esta y otras plantas con los tratamientos farmacológicos, por lo que recomiendan consultar con un facultativo del mismo modo que ellos hacen particularmente, a pesar de haber estudiado durante décadas las plantas.

La leche de la Vírgen María caída sobre las hojas del cardo mariano es el relato que sirve también para salvar de la censura a este vegetal beneficioso contra la diabetes, las indigestiones y las enfermedades hepáticas. Sus hojas cuando empiezan a salir son ideales para hacer rollitos de primavera, cocinar en tempura o freir directamente. También son comestibles sus tallos pelados y los capullos florales que son como alcachofas, una vez eliminadas las partes que pican.

Comparte con la ortiga las propiedades regeneradoras y hemoprotectoras. De esta humilde hierba se pueden consumir desde la raíz al final del primer año, hasta las flores y las hojas.

El diente de león no se queda atrás en beneficios. Se le atribuye la capacidad de limpiar riñón e hígado, es diurético y baja la tensión. Y gastronómicamente se aprovecha todo. En ensalada, los capullos encurtidos y las raíces tostadas como achicoria.

En el extremo contrario, entre las más peligrosas de las que nos rodean cotidianamente están el nabo del diablo, la cicuta, el estramonio, el beleño o la belladona. Pero no por eso hay que eliminarlas, simplemente debemos respetarlas porque en la dosis correcta y haciendo el uso adecuado nos pueden ayudar. Así, el aceite de estramonio aplicado externamente alivia los dolores reumatoides.

La cicuta, el perejil del diablo, ha causado envenenamientos por confundirse con el perejil y ser usado en guisos. También el nabo del diablo, que parece una zanahoria blanca, ha protagonizado trájicos sucesos al ser ingerida accidentalmente.

La industria farmacológica está investigando estas y otras plantas tóxicas para extraer sustancias con las que curar enfermedades para las que actualmente no hay cura. Eso es una razón más para aprender a verlas con mejores ojos, algo que González-Garzo y Krause esperan contagiar a quien les escucha.