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Sibora Gagani, junto a su madre. SUR
Un detenido por matar a su exnovia confiesa el asesinato de otra expareja en Torremolinos

Un detenido por matar a su exnovia confiesa el asesinato de otra expareja en Torremolinos

La policía investiga si usó ácido para hacer desaparecer el cuerpo. Los investigadores han inspeccionado varias veces el piso donde convivieron después de que el arrestado manifestara haber ocultado sus restos en una pared

Juan Cano e Irene Quirante

Málaga

Miércoles, 24 de mayo 2023, 09:48

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La confesión surgió de forma espontánea en la comisaría de Torremolinos. El italiano Marco G. R. (45 años) acababa de negarse a declarar ante los agentes del Grupo de Homicidios de la Policía Nacional, que lo investigaban por matar a puñaladas a Paula (28 años), con la que había mantenido una relación sentimental hasta el mes de marzo.

Al salir de su despacho, rumbo a los calabozos, pasó junto a un tablón que exhibía la foto de Sibora Gagani, una joven ítalo-albanesa que fue su pareja hasta el año 2014 y que lleva desaparecida desde entonces. Al ver la imagen, hizo una confesión espontánea que es, ahora, una pieza clave en la investigación.

Según ha podido confirmar SUR, Marco manifestó verbalmente a los policías que el cadáver de Sibora estaba oculto entre las paredes del piso en el que convivieron en Torremolinos. Incluso se ofreció a llevar a los investigadores al lugar exacto donde había escondido su cuerpo.

Marco no ratificó esas manifestaciones ni ante la policía, en presencia ya de una abogada, ni tampoco en el juzgado. De momento, la única versión a la que pueden agarrarse los investigadores es ese testimonio en los pasillos de la comisaría, aunque con el suficiente calado para que el juez que investiga la desaparición de Sibora haya abierto diligencias contra Marco y ordene el registro del piso donde ambos convivieron entre 2011 y 2014.

Los investigadores del Grupo de Homicidios de Torremolinos prepararon el trabajo de forma concienzuda y pidieron apoyo técnico a la Dirección General de la Policía, que desplazó a varios agentes de Madrid especializados en estas búsquedas, así como a la Comisaría Provincial, que envió a funcionarios de la Brigada de Policía Científica de Málaga.

A primera hora de la tarde de este lunes 22 de mayo, una veintena de agentes, acompañados por la comisión judicial, entraron en la vivienda, un ático dividido en dos alturas en el centro de Torremolinos, e inspeccionaron cada tabique en busca del cuerpo de Sibora o de alguna pista que aclare su paradero.

Los investigadores utilizaron detectores y después taladraron distintos puntos del piso en los que introdujeron cámaras para comprobar si en su interior había restos humanos ocultos entre las paredes. También inspeccionaron el baño y otras estancias. El registro finalizó pasadas las ocho de la tarde sin que se hallara el cadáver de la mujer.

Ayer por la mañana, especialistas de Policía Científica regresaron a la vivienda y realizaron nuevas pesquisas en distintas habitaciones con el mismo objetivo, aunque, por ahora, con idéntico resultado.

Ahora, los investigadores tratan de comprobar si Marco, como al parecer habría dicho en algún momento, utilizó ácido para hacer desaparecer el cuerpo de la víctima. El delegado del Gobierno en Andalucía, Pedro Fernández, ha matizado que la policía ha realizado «un nuevo registro para comprobar si hay algún producto químico que indicara lo que pudiera ser un indicio real que llevara a la averiguación de los hechos y a la localización del cadáver o los restos de la víctima».

La última conversación que Sibora mantuvo por WhatsApp antes de su desaparición fue con su exnovio el 7 de julio de 2014

Sibora tenía 22 años cuando se le perdió la pista en Torremolinos. Durante estos casi nueve años, todos los esfuerzos para dar con el paradero de la joven habían conducido a un callejón sin salida. Hasta la semana pasada, cuando la policía comprobó que Marco, a raíz de su detención por el crimen de Paula, también había sido pareja de la desaparecida.

Precisamente, él fue la última persona con la que Sibora tuvo contacto antes de que la tierra se la tragara. El 7 de julio mantuvieron una conversación por WhatsApp y nunca más se volvió a saber de ella. El crimen machista de Paula, malagueña de 28 años y madre de tres hijos -el más pequeño, fruto de su relación con Marco-, ha sido el hilo conector que ha ayudado a desencallar el caso de la desaparecida.

Justo antes de que se le perdiera el rastro, Sibora, que se encontraba en España con un documento italiano falsificado, rompió con su expareja y se trasladó a un pequeño apartamento en la calle Hoyo, en Torremolinos. La policía, desde el principio, consideró que se trataba de una desaparición de «alto riesgo». La joven se había esfumado sin llevarse el móvil, sin ropa y dejando todas sus pertenencias en el domicilio.

La madre de Sibora, muy preocupada, contactó con Marco poco después de que, de la noche a la mañana, dejara de tener noticias de su hija, con la que solía hablar diariamente. Según su entorno, la mujer lo llamó para preguntarle si había ocurrido algo extraño o si conocía su paradero. Él negó tener cualquier tipo de relación con su desaparición. Lo único que respondió es que se habían peleado unos días atrás y que ya no había vuelto a saber nada de ella.

La joven ítalo-albanesa, como Paula, trabajaba en la hostelería en Torremolinos. Empezó su relación con Marco en Nettuno (Roma, Italia) en 2009 y, aparentemente, todo iba bien. Tanto la familia de ella como sus amistades lo conocían y nunca sospecharon nada malo de su compañero sentimental. De hecho, Sibora incluso había hablado de que tenía planes de casarse con él y en 2010 se mudaron a la Costa del Sol en busca de trabajo.

Paula también había puesto fin a su relación con el sospechoso dos meses antes de que supuestamente la asesinara. Ocurrió este pasado miércoles, 17 de mayo, en su piso de La Carihuela, en la calle de San Ginés. Marco, según las fuentes consultadas, se negaba a marcharse de la casa en la que ambos continuaban conviviendo, a pesar de que así se lo pidió la joven en numerosas ocasiones.

Sobre las 11.30 horas, los gritos de socorro de la víctima pusieron en alerta a los vecinos. Estos se personaron inmediatamente en la vivienda, pero, al parecer, el único que respondió fue su expareja. Según pudo saber SUR, sin abrirles, el hombre trató de convencerles de que no había pasado nada grave para impedir el auxilio de Paula. Huyó cerrando la puerta tras él -frustrando de nuevo su posible asistencia- en el momento en que los residentes del bloque fueron a por un móvil para llamar a emergencias.

A la luz de lo ocurrido con Paula, la familia de la desaparecida empezó a sospechar que algo grave debió suceder ya en 2013, cuando Sibora regresó a Italia, a la casa de su madre, con la maleta llena de ropa y anunció que había dejado a Marco. Según comunicó entonces, sería capaz incluso de desaparecer con tal de huir de él. Habló de peleas y desencuentros, pero nunca de episodios de maltrato.

Pese a que parecía que ya no había vuelta atrás, él la habría convencido para que retomaran la relación y la mujer terminó regresando con su novio a Torremolinos, donde siguieron viviendo juntos durante los siguientes meses. Hasta que ella rompió definitivamente con él, poco antes de aquel julio, cuando desapareció sin dejar rastro.

El supuesto asesino, según pudo saber este periódico, cuenta con antecedentes por violencia de género, aunque ni Sibora ni Paula interpusieron jamás una denuncia contra él. En el caso de su primera pareja, sus familiares ahora temen que él la hubiera agredido y que ella, por no preocupar a los suyos, hubiera vivido estos episodios en silencio.

Paula habría comentado a su entorno que Marco la agredía, aunque nunca lo denunció

Paula, que llevaba al menos unos tres años de noviazgo con Marco, sí solía desahogarse con sus amigos más cercanos de la mala vida que, presuntamente, le daba su pareja, sobre todo desde que rompió con él. Según el relato de su entorno, la joven ya les había hablado de las supuestas palizas y los ataques exacerbados de celos que sufría por parte de su ex.

Y, pese a todo, siempre decía que no quería denunciarlo. No quería meterle en problemas. Su único objetivo era recuperar a sus hijos, a los que los servicios sociales le retiraron un tiempo atrás. Sus amigos ya le advertían de que Marco, quien supuestamente consumía droga (fue casi lo único que reconoció ante la jueza), podría arrastrarla al mal camino. La joven llevaba semanas asistiendo a controles para demostrar que estaba limpia, con la esperanza de empezar en los siguientes meses el proceso para tener a sus niños de vuelta.

En cuanto Sibora desapareció, los agentes empezaron a trabajar en colaboración con las autoridades italianas, ya que su familia también había denunciado estos hechos en el país transalpino. La investigación empezó por tomar declaración a todas las personas del entorno que la joven tenía en Torremolinos. Ninguna ofreció algún dato que pudiera conducir a localizarla o a averiguar qué había ocurrido.

La búsqueda se trasladó a Internet y las redes sociales, pero tampoco dio resultado. Los policías preguntaron en compañías aéreas, hospitales, centros penitenciarios e, incluso, en institutos anatómico-forenses por si hubieran recibido algún cadáver sin identificar que respondiera a las características de la chica. Nada. Hasta que la semana pasada saltaron las alarmas tras comprobar que el supuesto asesino de Paula había sido novio de Sibora.

El hombre quedó detenido esa misma tarde, en torno a las 17.00 horas, en la zona de La Carihuela. Paula murió en su apartamento por la mañana, después de que recibiera 14 puñaladas. Su exnovio la habría matado, de acuerdo con las pesquisas, con un cuchillo que robó seis días antes del restaurante en el que trabajaba y del que fue despedido.

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