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Antenas de telefonía sobre un edificio en Cádiz. Francis Jiménez
Los mitos sobre las radiofrecuencias de las antenas de móviles

Los mitos sobre las radiofrecuencias de las antenas de móviles

Un nuevo informe de científicos españoles disipa las dudas sobre la posible relación entre las radiofrecuencias y problemas de salud de la población

Álvaro Soto

Madrid

Martes, 19 de marzo 2024, 17:39

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A finales de la década de los 90 y en los primeros años del siglo XXI, una psicosis colectiva contra las antenas de telefonía recorrió las ciudades españolas. El epicentro del miedo fue el colegio García Quintana, en Valladolid, donde en un corto periodo de tiempo varios alumnos y trabajadores fueron diagnosticados de cáncer. La causa de la enfermedad, entonces, parecía evidente: las radiofrecuencias que emitían las antenas situadas en los alrededores del centro, en un momento en que la proliferación de los teléfonos móviles obligaba a la instalación de estos dispositivos.

Un informe de la Junta de Castilla y León descartó que el origen de los cánceres estuviera en las antenas, pero el mensaje caló en la sociedad y decenas de estos repetidores fueron retirados. Aquellas discusiones también fueron el inicio de una amplia investigación científica que trataba de averiguar si existía alguna relación entre las radiofrecuencias y los problemas de salud. Y por ahora, no se ha encontrado ese vínculo, constatan los mejores estudios realizados en este tiempo, en el que se incluye el último de ellos, el Informe sobre radiofrecuencias y salud (2020-2022), realizado por el Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud (CCARS).

«A los niveles habituales de exposición no existe evidencia de una posible relación entre los campos electromagnéticos de radiofrecuencia (CEM-RF) y sus efectos sobre la salud», destaca Alberto Nájera, director científico del CCARS. Esta entidad, formada por expertos de múltiples disciplinas (física, ingeniería, medicina, biología, biofísica y epidemiología), nació en 2005 para asesorar a las administraciones sobre los posibles efectos de las radiofrecuencias en la salud de la población.

El documento presentado este martes mantiene las mismas conclusiones que el anterior, que data de 2019, y subraya que «no hay evidencia de relación causa-efecto entre los gliomas (tumores en las células que se encuentran junto a las fibras nerviosas) u otros tipos de cáncer y los campos electromagnéticos de radiofrecuencia» ni en la fertilidad masculina y la testosterona. Tampoco se ha demostrado que exista una correlación en los problemas de sueño de los adolescentes, donde quizá tenga más influencia «el uso del móvil y las redes sociales hasta altas horas de la noche», subraya Nájera. «Pensar que las antenas telefónicas dispersan radiación nociva demuestra un claro desconocimiento de cómo funcionan los teléfonos en general», agrega este investigador.

Sabiendo, en cualquier caso, que las dudas sobre los campos electromagnéticos no se han disipado sino, al contrario, se han extendido en la línea de los bulos que circulan por internet, el CCARS ofrece respuestas a las cuestiones más comunes:

¿Los campos electromagnéticos de radiofrecuencia producen enfermedades?

Los organismos y comités nacionales e internacionales coinciden en que no hay relación causal entre exposición a campos electromagnéticos de radiofrecuencia y enfermedades. La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece que en estudios a largo plazo no se ha detectado un aumento del riesgo de padecer cáncer por exposición a campos electromagnéticos de radiofrecuencias, incluso a niveles de exposición muy superioresa los que la ciudadanía está expuesta debido a las estaciones base (las denominadas antenas de telefonía móvil) y las redes inalámbricas. Respecto a los móviles, los estudios con seres humanos y animales en los que se han examinado las ondas cerebrales, las funciones intelectuales y el comportamiento tras la exposición a campos de radiofrecuencia, como los generados por estos dispositivos, no han detectado efectos adversos.

¿Son peligrosas las antenas de telefonía móvil?

No, porque, como ocurre con otros productos y procesos, están sujetos a regulaciones por organismos internacionales y nacionales, que siguen con rigor su cumplimiento. Su potencia de emisión está limitada por el Real Decreto 1066/2001 y los niveles de exposición que generan están muy por debajo de los límites considerados seguros por la OMS. Las mediciones y certificaciones realizadas en España confirman que los niveles de emisión de las antenas se sitúan ciento o miles de veces por debajo de los límites establecidos en la legislación.

¿Conviene establecer distancias mínimas respecto a las antenas?

No hay motivos que justifiquen estas medidas. No hay razones técnicas ni sanitarias para ello. Los niveles de emisión son muy inferiores a los establecidos en la legislación vigente, que a su vez están basados en los límites establecidos por comités de expertos independientes. La imposición de distancias mínimas crearía confusión y generaría una alarma injustificada.

¿Es peligroso vivir debajo de una antena?

No, porque los niveles de emisión son mínimos debajo de la antena. El haz de emisión es horizontal y disminuye con la distancia. Además, el techo de la vivienda ejerce un efecto de atenuación que puede ser de 100 a 1.000 veces.

¿El uso del teléfono móvil es perjudicial para el cerebro?

No hay ninguna evidencia científica que muestre que el uso del teléfono móvil sea perjudicial para el cerebro. La potencia de emisión de los teléfonos móviles es muy baja y está limitada por el fabricante.

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