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Joaquín Martínez y Begoña Barragán, durante el encuentro organizado por Colpisa. J. R. Ladra

Pioneros en la investigación del linfoma, a la cola en la aplicación de las terapias

Médicos y pacientes lamentan los obstáculos burocráticos y económicos que frenan el acceso a los tratamientos contra este cáncer en España

Álvaro Soto

Madrid

Jueves, 14 de septiembre 2023, 01:29

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En España, más de 10.000 personas son diagnosticadas cada año de linfoma, un tipo de cáncer que ataca el sistema linfático, el encargado de la respuesta inmunitaria del organismo. El nombre de la enfermedad sigue dando miedo, pero los caminos para la curación están más abiertos que nunca. En los últimos años, la investigación ha dado un salto de gigante y el 60% de los enfermos tiene buen pronóstico, aunque las buenas noticias también muestran una cara B: los tratamientos no están llegando a todos los pacientes. Con motivo del Día Mundial del Linfoma, que se celebra mañana 15 de septiembre, Colpisa, con la colaboración de la farmacéutica Gilead, ha organizado un encuentro para hablar del presente y futuro de los pacientes de esta enfermedad.

Las nuevas expectativas que se han generado en los últimos años en la lucha contra el linfoma se sustentan en el desarrollo de la terapia de células T con receptores quiméricos de antígenos. Las llamadas terapias CAR-T consisten en «manipular en un laboratorio los linfocitos de un paciente para que, una modificados genéticamente, puedan destruir el tumor», detalla Joaquín Martínez, catedrático de Hematología de la Universidad Complutense de Madrid y jefe de Servicio de Hematología del Hospital 12 de Octubre.

La llegada de las terapias CAR-T a Europa en 2018 supuso un punto de inflexión y ese mismo año España fue pionera en la puesta en marcha de un ambicioso Plan Nacional de Abordaje de Terapias Avanzadas que sin embargo, un lustro después, no ha cumplido las expectativas. De hecho, los enfermos españoles están a la cola en el acceso a estos tratamientos.

La explicación está en la lentitud y complejidad del proceso administrativo necesario para la aprobación de estas terapias, que llegan a cuentagotas a los enfermos que las necesitan, y a la falta de financiación pública para gran parte de ellas. «Ahora mismo hay por lo menos cuatro nuevas indicaciones, aprobadas algunas de ellas hace más de tres años por la Agencia Europea del Medicamento (EMA, por sus siglas en inglés), que todavía no están siendo financiadas en España», destaca Martínez.

¿Pero por qué ocurre esto? «Probablemente, porque son tratamientos caros, pero además, porque el sistema de aprobación de medicamentos es, desde mi punto de vista, ineficiente», sostiene Martínez. Con estos factores, no es de extrañar que «solo 300 pacientes en España, un porcentaje mínimo respecto al total de diagnosticados», estén recibiendo el tratamiento que necesitan, cuantifica este profesional sanitario, uno de los mayores expertos nacionales en los cánceres de sangre.

Un momento del encuentro.
Un momento del encuentro. J. R. Ladra

Todo ello, además, convierte el tratamiento contra el linfoma en una carretera de dos velocidades. «Algunos pacientes de un tipo de linfoma muy concreto están teniendo acceso a la terapia, pero otros no, y eso es un verdadero drama. Estos enfermos no pueden esperar a que unos señores decidan o no, por motivos burocráticos o económicos, si aprueban un tratamiento que les puede salvar la vida. Entendemos que el sistema debe ser sostenible, pero no entendemos que no se facilite una alternativa que existe», lamenta Begoña Barragán, presidenta de la Asociación de Española de Afectados por Linfoma, Mieloma y Leucemia (AEAL), que contrapone la mínima implantación de las CAR-T en España a la situación de otros países.

«Pertenezco a una plataforma europea y me da vergüenza decir que aquí se deja morir a los pacientes que sufren este tipo de cáncer porque, y esto es otro drama, estamos haciendo una sanidad de ricos y pobres: quien puede pagarla acabará accediendo a ella, pero es muy cara y solo puede hacerlo un porcentaje mínimo», expresa Barragán. Y es que a la falta de financiación se suman otros gastos derivados: solo 29 hospitales, ubicados en las grandes ciudades, pueden administrar terapias CAR-T, lo que obliga a los pacientes de otras zonas a desplazarse a estos lugares asumiendo todos los gastos. «Desde la asociación tratamos de ayudarlos con los viajes y el alojamiento, pero lo que vemos al final es que la posibilidad de que accedas a la terapia también depende del lugar donde vivas», asevera la presidenta de AEAL, ella misma un ejemplo de supervivencia, ya que fue diagnosticada de linfoma en 2001.

La dificultad para la implantación de las CAR-T choca con el papel que juega España en la investigación de estas terapias, un campo donde los científicos españoles «son punteros, a la altura de los estadounidenses», señala Martínez. Además, España es un país líder también en ensayos clínicos, en particular, en el campo de la hematología. «Lo que está fallando es ese paso intermedio entre la investigación y el tratamiento concreto», apunta el doctor.

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