Borrar
ADOBESTOCK
Salir a ligar con hambre nos hace fijarnos en los gorditos... La ciencia explica por qué

Salir a ligar con hambre nos hace fijarnos en los gorditos... La ciencia explica por qué

El divulgador Pere Estupinyà repasa aspectos de la conducta sexual sobre los que sesudas investigaciones han arrojado luz

Solange Vázquez

Miércoles, 29 de noviembre 2023, 00:26

Necesitas ser registrado para acceder a esta funcionalidad.

Opciones para compartir

Parémonos a pensar. ¿Cómo y de qué fuentes hemos aprendido todo lo que sabemos (o creemos saber) sobre sexo? Habrá quien esté esbozando una sonrisita al darse cuenta de que ha sido sobre la marcha (practicando, vamos) o en conversaciones muy poco rigurosas con amiguetes. ¿Y si nos asomamos al sexo desde una perspectiva científica? Aunque sólo sea para comprobar que no es un misterio insondable... Es lo que hace el divulgador científico Pere Estupinyà -en 2012 se convirtió en el primer ser humano que se masturbaba bajo un escáner de resonancia magnética como parte de un estudio-, que revela en la reedición de 'La ciencia del sexo' (editorial Debate) curiosidades que nos cuesta creer pero que están avaladas por estudios de las universidades más prestigiosas del mundo. Estos son algunos de los hallazgos en su búsqueda...

  1. Las hormonas que me hicieron

Las hormonas tienen más importancia que los genes en la diferenciación sexual: son las que determinan que un feto acabe siendo macho o hembra, según recoge Estupinyà. «Los genitales masculinos y femeninos son, pese a lo que pueda parecer visualmente, tremendamente parecidos. El pene y el clítoris, por ejemplo, tienen el mismo origen embrionario, y son las hormonas las que acaban propiciando la formación del uno o del otro. «Quienes en última instancia dirigirán su diferenciación sexual no serán tanto los genes como las hormonas», afirma. Y pone un ejemplo de un experimento con roedores: si a un embrión de rata hembra se le inyecta testosterona durante los primeros días de desarrollo, el animal nacerá con genitales ambiguos y comportamientos propios de un macho.

  1. Mi deseo eligió esas lorzas

Un estudio demostró que, cuando estamos hambrientos, nos fijamos sexualmente en personas algo rellenitas, lo cual demuestra que nuestro estado fisiológico interno condiciona nuestra percepción de la belleza, tal y como explica Estupinyà, que también recoge estudios que afirman que la mayoría de personas tendemos a buscar parejas cuya belleza nos parece similar a la nuestra. «Pero varios experimentos han demostrado que el efecto es menor en hombres, que suelen tener preferencia por chicas cuanto más guapas mejor. Pero que en general las mujeres buscan hombres más o menos atractivos en función de la percepción que tengan de su propia belleza».

  1. En celo no, pero las fantasías...

En realidad, los humanos «somos malos reproduciéndonos», dice Estupinyá (normalmente, un 'cachorro' por parto y que necesita muchos cuidados y tiempo de los padres para sobrevivir). Eso explica que las hembras humanas no estemos en celo como las de otras especies: no tenemos tiempo para criar a tanta prole, no sobrevivirían casi ningún pequeñín. Pero queda algo vestigial en el cerebro femenino. Según algunas investigaciones, las fantasías de las mujeres cuando ovulan son más de coito que de otras prácticas sexuales.

  1. Toma gatillazo

Sexualmente hablando, los nervios pudendo y pélvico son los más importantes en la sexualidad. Ambos están regulados por los ganglios parasimpáticos, lo que significa que solo funcionarán si estamos tranquilos y relajados. El clásico 'gatillazo' de los hombres se debe, precisamente, a esa falta de tranquilidad.

  1. ¿El clítoris mal colocado?

La ciencia siempre se ha extrañado de la pésima posición que ocupa el clítoris en los genitales femeninos. «Es un órgano diseñado exclusivamente para generar placer, pero no está dispuesto de la mejor manera para alcanzar el orgasmo con la penetración. Los biólogos evolucionistas interpretan este hecho diciendo que el placer es fundamental como motivación para querer tener sexo y reproducirse, pero que a diferencia de la eyaculación masculina el orgasmo femenino en realidad no es evolutivamente necesario, incluso contraproducente si tras él se genera cierta saciedad -señala el divulgador-. Esto explicaría que la selección natural lo hubiera colocado a una distancia suficiente para ser estimulado durante el coito, pero no tanto como para facilitar mucho el orgasmo».

  1. Penes circuncidados y sensibles

«Hasta hace poco, una controversia no resuelta por la ciencia era si los hombres circuncidados tenían menos sensibilidad en el glande que los circuncidados. Por lógica podría parecer que sí, pero un estudio publicado en marzo de este mismo año demostró que no. Los investigadores tocaron diez zonas concretas del glande y el tronco del pene a 227 hombres circuncidados y a 175 no circuncidados, pidiéndoles que respondieran a escalas de sensibilidad, y no encontraron diferencias en lo que refiere a sensibilidad del pene ni a parámetros relacionados con el orgasmo», afirma.

  1. Al clítoris a través del ano

Hay estudios con sonogramas que han determinado que en algunos casos durante la penetración anal se pueden alcanzar estructuras internas del clítoris. Esto explicaría que unas mujeres sientan tanto placer asociado al sexo anal mientras que a otras les genera más bien indiferencia. Es una de las prácticas sexuales que más está aumentando entre la población.

  1. Esas otras zonas erógenas

Además de las habituales, hay zonas erógenas que los estudios califican de alto potencial y son la parte interior de la ingle, el antebrazo, las muñecas, las caderas, el vello púbico, la espalda, el abdomen, detrás de las rodillas, los pies, la parte superior de la cabeza y las pestañas.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios