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César Llaguno
¿Enero te da 'bajón'? Cuatro claves para sobrellevar este mes 'horribilis'

¿Enero te da 'bajón'? Cuatro claves para sobrellevar este mes 'horribilis'

Parece que en enero todo nos sale mal y hasta la ciencia admite que la llamada 'depresión estacional' es más fuerte en el inicio del año. Una psicóloga nos ayuda a combatirla

Miércoles, 24 de enero 2024, 18:49

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Muchas veces la ciencia se encarga de desmentir esas conversaciones de bar o de ascensor donde el común de los mortales hablamos de generalidades, como, por ejemplo, de nuestros 'bajones' debidos al tiempo o la época del año. Sin embargo, estamos ahora mismo en una de esas fases desmotivantes y desmotivadoras del calendario –nos notamos faltos de energía, decaídos y hasta nos vemos más feos– y, cosa rara, hay razones empíricas para que así sea. ¿Por qué enero es un mes 'horribilis' y se nos está haciendo tan largo? Básicamente, porque se ha producido una tormenta perfecta de la que es muy difícil escapar.

«Entre el uno y el 10% de la población sufre lo que se llama trastorno afectivo estacional invernal o tristeza invernal, que es el doble de frecuente entre las mujeres (más del 7%) que entre los hombres (3'5%). Se nos junta todo: estamos más justos de dinero con la llamada 'cuesta de enero', después de la euforia navideña nos vemos peor físicamente porque hemos cogido algún kilillo y hemos roto nuestras rutinas saludables (como hacer ejercicio), comemos peor e ingerimos más hidratos de carbono porque pasamos más tiempo en casa y socializamos menos por el frío», repasa Begoña Orduña, psicóloga del Hospital Vithas Vitoria.A eso hemos de añadir que, el que más o el que menos, ya ha pasado un par de catarros, la gripe o el enésimo covid y eso nos deja algo maltrechos y con una sensación de flojera que nos nos quitamos de encima.

Pero todas estas cosas no son la causa principal de que nos sintamos desganados. «Lo principal es la falta de luz solar y las bajas temperaturas, que producen en nosotros cambios fisiológicos, que unidos a los otros factores, generan ese trastorno afectivo estacional, que no es ningún cuento de viejas, como creen algunos, sino algo muy real y avalado por muchos estudios, como el de Norman Rosenthal, un científico sudafricano que estudió la relación entre las horas de luz y el estado de ánimo», revela la psicóloga. Según explica, el científico se basó en su propia experiencia: al mudarse a Nueva York desde Sudáfrica acusó terriblemente la merma de luz solar y el buen tiempo y notó como su energía e incluso su productividad caía en picado. Preocupado, se puso a indagar y hasta encontró a científicos con problemas parecidos, junto a los que creó una especie de cajas de luz para realizar fototerapia... parecía una majarada, pero demostró que quienes se daban un 'baño de cajas' mejoraban su ánimo.

«La luz solar que recibimos actúa sobre algunos neurotransmisores, que son moléculas presentes en el sistema nervioso y que regulan gran cantidad de procesos fisiológicos. La falta de luz llega a la retina y posteriormente se envía esta luz al cerebro. Lo que pasa es que la falta de ella estimula la síntesis melatonina (una hormona que induce al sueño) mientras que la luz produce liberación de cortisol, que nos despierta y activa el metabolismo, entre otras funciones. Así, se cree que estas alteraciones contribuyen al cambio del estado de ánimo», explica. Esto, sumado a que los niveles de serotonina (la hormona de la felicidad) son menores que en invierno hace que sentirse decaído sea... lo más normal. ¿Algún ingrediente más para este cóctel de desánimo que somos ahora mismo? Sí, que nuestras reservas de vitamina D (que se sintetiza en la piel gracias a la luz solar) están bajo mínimos –se cree que en España hasta la mitad de la población podría vivir con déficit– y esta vitamina regula la serotonina y la dopamina (unas de las moléculas implicadas en el placer y la relajación).

El caso es que todos estamos expuestos a las mismas horas de luz solar, pero hay gente que no nota este bajonazo. «La variabilidad de la adaptación cambia mucho de unos a otros. No todos somos iguales. Pero quienes peor lo llevan, en general, son los jóvenes de entre 20 a 35 años», indica Orduña.

Comparaciones destructivas

Algo que resulta sorprendente, ya que todos tendemos a pensar que las personas mayores son más sensibles y decaen más cuando les falta luz y calle. «Pues no, ellos ya están más limitados durante todo el año, por norma general. Pero la gente joven, que socializa más y hace más deporte al aire libre, de repente, con el mal tiempo, se queda más apática, se vuelve más sedentaria, nota más sueño y se ve con menos energía –todo esto es un círculo vicioso–, algo que no es su situación 'normal», aclara la psicóloga.

Bien, estamos a medio gas, pero como indica el propio nombre del trastorno es algo estacional. Se va a pasar solo, ¿no? «Hay que verlo así. Ahora mismo nos queda como mes y medio 'malo'. Pero ojo, luego viene la primavera, otra época negra para los trastornos estacionales...», desliza.

Qué podemos hacer

Begoña Orduña, psicóloga del Hospital Vithas Vitoria, nos da unos consejos para sobrellevar esta racha, bautizada en el mundo anglosajón como 'winter blues'.

Nada de 'no me apetece'

«No hay que esperar a que nos apetezca hacer algo.Ahora mismo tenemos que 'obligarnos' un poco, luego ya disfrutaremos», apunta.Esto se aplica a hacer ejercicio, dar un paseo, quedar con amigos, comer sano, dormir bien...

Exprimir los días buenos

En las proximas semanas van a venir los llamados 'veranillos', rachas de con buen tiempo, y «hay que aprovecharlas para salir». Y si hace malo, intentar sacar 20 minutos para estar en la calle.

Cambia la balanza

«Mira qué cosa te hacen sentir bien y hazlas más.Y las que que te vienen mal... redúcelas», dice.

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