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Sí, el viento sur nos vuelve 'locos': por qué notamos en el cuerpo los cambios de tiempo

Sí, el viento sur nos vuelve 'locos': por qué notamos en el cuerpo los cambios de tiempo

La meteorosensibilidad explica cómo el tiempo influye en la salud física y mental

Isabel Ibáñez

Lunes, 6 de noviembre 2023, 18:15

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Una fascitis plantar y un cambio de residencia le sirvieron a la doctora en Física de la Atmósfera Mar Gómez, 'mujer del tiempo' en varias televisiones y de radios, para constatar lo meteorosensible que es. La fascitis se arregló con una cirugía, pero le dejó un talón que le informa puntualmente de los cambios de tiempo. Y en cuanto se mudó del centro de Madrid a una casa en las afueras muy expuesta a las inclemencias del tiempo, en especial a «un viento intenso, racheado, y en verano, cálido y seco», comenzó a notarse «irritada, de mal humor y con fuertes dolores de cabeza. Cada vez que soplaba el viento sentía lo mismo». Y más o menos un año después de la mudanza, llegaron los problemas en la piel y el cuero cabelludo. Así que, valiéndose de sus conocimientos empezó a investigar.

El resultado de su búsqueda dio lugar al libro 'Meteorosensibles. Cómo el tiempo afecta a nuestra salud física y mental' (ed. Península), donde aborda los problemas de «aquellas personas que tienen cierta sensibilidad a los cambios de variables meteorológicas como la humedad, la temperatura, la presión atmosférica o el viento». «Estos cambios pueden dar lugar a la aparición de dolencias físicas y estados psicopatológicos como consecuencia de variaciones en la actividad neurotransmisora central». Ligado todo a la crisis climática en la que estamos inmersos, con cambios en el tiempo a los que no estamos acostumbrados, el asunto cobra mayor relevancia;las predicciones auguran un crecimiento sustancial de la delincuencia en las ciudades por el aumento de las temperaturas.

Se estima que entre un 30% y un 60% de la población es meteorosensible, sobre todo mujeres, en especial durante la menstruación y la menopausia, y a las personas más mayores, asevera la experta. Añade que los problemas comienzan cuando nos salimos de nuestra «zona de confort atmosférico», que ella sitúa entre los 20º y los 25º, con una humedad relativa de entre el 40% y el 70%, poco viento (entre 0,15 y 0,25 metros por segundo), ionización negativa, ausencia de contaminación y presión atmosférica normal (1.013,25 milibares). «Cuando nos salimos de ahí, aparece el estrés meteorológico y los meteorosensibles empiezan a notar cambios en su salud, especialmente si las variaciones son muy drásticas». Y estos cambios pueden sentirse hasta 48 horas antes de que se presenten los fenómenos en cuestión.

Asegura la autora que pese a la abundante literatura científica que hay sobre el tema, a veces nos dejamos llevar por creencias sin fundamento, pero es cierto que «en las publicaciones científicas se encuentran respuestas a preguntas como '¿me duelen las articulaciones cuando se acerca lluvia?', '¿me siento más decaído en los días grises e invernales?', '¿son mis migrañas más fuertes los días de viento intenso?', '¿estoy más enfadado e irritado cuando hace mucho calor?'».

Vientos de la locura: 'foehn'

Un estudio en Tarragona en 2009 encontró relación entre el incremento de la temperatura exterior y el de las urgencias hospitalarias psiquiátricas. Además, la enfermedad psiquiátrica triplicó el riesgo de muerte durante las olas de calor, ya que para estos enfermos el calor extremo puede interactuar con los medicamentos y afectar a la capacidad de regular la temperatura corporal;no es que cause enfermedades mentales, pero las empeora.

«El calor y el ambiente seco pueden producir un incremento en el número de homicidios, asesinatos, suicidios, conductas agresivas o delitos sexuales», recoge la autora. Un estudio realizado en 1984 que analizaba más de 800 localidades de EE UU concluyó que los factores ambientales podían usarse en la predicción de crímenes al igual que los factores económicos o la densidad de población. Algo corroborado en el informe del FBI de 2007 'Crimen en Estados Unidos', donde se menciona también la meteorología como factor predictivo.

CALOR CRIMINALl

  • Un grado más. Homicidios En Sudáfrica, un aumento de un grado en la temperatura máxima diaria se asoció con un aumento del 1,5% de los homicidios. En Gran Bretaña y Gales, entre 1993 y 2003 y a más de 18º, cada grado de más se asoció con un 3,8% más de riesgo de suicidio.

  • EE UU. Emociones negativas Un estudio de 2016 observó que a más de 21º disminuían las emociones positivas como la alegría y la felicidad y aumentaban las negativas, como la ira o el estrés, en comparación con temperaturas de entre 10 a 16º.

  • Más calor. Más claxon A más temperatura, tocamos más el claxon, y la Policía detecta comportamientos más erráticos y menos disposición a ayudar a extraños.

La comunidad de Madrid realizó entre 2008 y 2016 un análisis de la relación entre las olas de calor y la violencia machista: por cada grado que la temperatura máxima diaria superaba los 34º, los feminicidios dentro de la pareja aumentaban un 28,8% respecto a la media.

Pero si hay un asunto que Mar Gómez sitúa en la cúspide de los que provocan meteoriosensibilidad son «los vientos que transportan masas de aire ionizadas con carga positiva», afirmación cuestionada por algunas voces pero que la OMS contempla ya dentro de sus estudios:«Ciertos tipos de vientos conocidos como los 'foehn' pueden dar lugar a un agravamiento de la depresión, al aumento de la agresividad y de las tasas de suicidio. Además, pueden producir dolores de cabeza y subir los niveles de serotonina, agitación o irritabilidad», afirma.

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