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España vaciada. EFE
El doble filo de la brecha laboral del campo español

El doble filo de la brecha laboral del campo español

El trabajo es fundamental para fijar población, pero el rural español se enfrenta a la paradoja de que sus habitantes no encuentran los trabajos que quieren y sus empresas a los empleados que necesitan

Raquel C. Pico

Miércoles, 10 de enero 2024, 13:29

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Cuando se habla de despoblación, se suele acabar haciéndolo por la cuestión del trabajo. Existe una brecha de ocupaciones entre las zonas urbanas y las que no lo son y la juventud se va del mundo rural buscando oportunidades que allí no tienen. Incluso, cuando quieren volver se encuentran con el problema de que los trabajos que desempeñan en la ciudad no existen en el campo.

Y, sin embargo, de forma paralela, desde la España rural y desde, más específica, la España vaciada, las empresas hacen constantes llamamientos para que se escuche y se solucione el problema crucial que lastra su operativa. En la España despoblada, no logran encontrar trabajadores para suplir sus necesidades de personal.

¿Qué es lo que está ocurriendo? La Confederación Española de la Pequeña y Mediana Empresa (CEPYME) es una de esas organizaciones empresariales que en ocasiones han señalado esta falta de personal. No es algo exactamente nuevo: explican que hace un año ya empezaron a ver que existían vacantes de difícil ocupación, «sobre todo en la España vaciada y también en sectores como la construcción». «El problema es muy generalizado, pero cuando te vas a zonas despobladas se hace horizontal», señalan.

«En la España vaciada vemos que el problema se debe a un problema de cualificación», apuntan desde la organización. Aquí entran dos elementos. Por un lado, faltan los perfiles de profesiones especializadas, como podrían ser por ejemplo soldadores. Por otro, falla la digitalización. Esta se ha convertido en una pieza clave para todas las industrias, pero no todas logran fichar a los profesionales necesarios. Ahí está, por ejemplo, lo que ocurre con la agricultura: se puede introducir un muy necesario 'drone' para mejorar la gestión de los campos y después no encontrar a quién lo pilote.

«Sectores tradicionales como la agropecuario o las profesiones tradicionales (metal, madera, construcción) no parece que sean atractivos para muchos jóvenes», explica Javier Blasco, director de The Adecco Group Institute, «pero al mismo tiempo muchas ocupaciones con un enorme potencial gracias al complemento que aporta la digitalización tampoco encuentran perfiles destinatarios de estas, y que muchas organizaciones necesitarían para trasladar sus centros de trabajo a entornos rurales».

Ser no es además un problema exactamente nuevo. «Este problema, agravado en la actualidad por la necesidad de competencias digitales, lleva muchos años entre nosotros», indica Blasco, recordando que por eso históricamente muchas empresas mantenían sus centros de trabajo centro de zonas con más densidad de población.

Y estos no son los únicos problemas a los que debe enfrentarse el mercado laboral de la España rural. También hay una grave cuestión en el relevo. «El problema se agrava mucho en cuanto a la brecha generacional», señalan desde CEPYME. Esto es, cuando se jubilan los responsables de las empresas, es muy complicado encontrar quienes puedan hacerse cargo de esas compañías y mantener su operativa.

Igualmente, existe una brecha de género. El mundo rural está fuertemente masculinizado, porque para ellos es más fácil encontrar un empleo que para ellas. Al hilo del Día Internacional de las Mujeres Rurales, que se acaba de celebrar, desde FADEMUR han recordado que las mujeres rurales soportan un 38,4% de tasa de inactividad frente al 15,1% de los hombres de ese mismo entorno. El 78,5% de las que sí tienen trabajo lo hacen en el sector servicios y la mayoría en los trabajos con salarios más bajos. El techo de cristal es todavía más resistente en el mundo rural. Y esto añade una capa de complejidad extra cuando se intenta responder qué ocurre en el mercado laboral del campo español.

España tampoco es exactamente una rareza. Estos procesos de despoblación y estas brechas para encontrar trabajo se encuentran en más países. «Las zonas rurales están cada vez más despobladas», apunta Amanda Augustine, experta en carreras y portavoz de CVapp, que está presente en varios países. Más del 30% de la gente de entre 25 y 41 años, recuerda, ha tenido que irse a zonas urbanas para encontrar empleo.

Ellos acaban de identificar en un estudio varios problemas en el acceso al empleo en la España rural. Hablan de un declive de los sectores tradicionales, la escasa diversificación, la falta de apoyo a las empresas de esas zonas, los problemas de formación, el aislamiento geográfico, los estereotipos o la brecha digital. «Existe un círculo vicioso en lo que respecta a la transformación digital de las zonas rurales», apunta Agustine. «Cuanto más necesitan digitalizarse, generalmente, es más difícil conseguirlo», resume.

Afrontar el problema

Solucionar la cuestión laboral es importante porque funciona como una pescadilla que se muerde la cola. Para fijar población, se necesitan puestos de trabajo. Pero, para que existan esos puestos de trabajo, las empresas que operan en esas zonas deben lograr sobrevivir en ellas y para eso necesitan gente. «El 70% de empresas necesita trabajadores y solo el 40% los están buscando», apuntan desde CEPYME. Una pequeña empresa no puede permitirse la carga mental y laboral de hacer ese proceso cuando necesita apagar otros fuegos.

«Analizando el problema, hay soluciones», apuntan desde CEPYME, que piden que se aborde forma transversal. No creen que sea solo una cuestión de empleo, porque tiene muchas más aristas. Entra también la educación, como la flexibilidad en la formación profesional o la importancia de la orientación, o los costes extra que tienen las compañías de la España Vaciada. Para las empresas de Teruel, Cuenta o Soria los costes de producción son —justamente por su condición de provincias que no están en los grandes centros— más elevados.

Pensar el mercado de trabajo de un modo diferente es factible, incluso en lo que a las fronteras entre la España urbana y lo rural corresponde. Cuando se le pregunta a Blasco cómo se podría revitalizar la España rural, recuerda que hay una nueva demanda de perfiles profesionales por «la elevada concentración de empresas en zonas metropolitanas y con mayor densidad poblacional, el coste de la vida en las mismas y la creciente demanda de un estilo de vida alternativo en entornos rurales».

No todos los trabajos se pueden hacer desde cualquier lugar, reconoce el experto, pero «sí que el teletrabajo es una forma de organización del trabajo en remoto que va a ir creciendo y que puede responder a las demandas de las empresas de una deslocalización sostenible». Con ello, se podría volver a esas zonas de menor densidad poblacional y rurales.

«El punto positivo del círculo vicioso del que hablábamos antes es que, en el momento que comienza la transformación digital, se convierte en uno virtuoso», suma Agustine. Otras regiones rurales de Europa han logrado frenar la despoblación usando ideas de desarrollo rural asentadas en la sostenibilidad y la transformación digital.

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