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Un Erasmus para el campo español

Un Erasmus para el campo español

ODS 15 | Vida de ecosistemas terrestres ·

El 24 de este mes se acaba el plazo para el programa de intercambio para profesionales de la agricultura y ganadería en España

Raquel C. Pico

Lunes, 20 de noviembre 2023, 07:58

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Es una suerte de «Erasmus del campo», un programa de intercambio que envía a los profesionales de la ganadería y de la agricultura a otras instalaciones agrarias para ver cómo se están haciendo allí las cosas y para adquirir nuevas habilidades y conocimientos. Se llama Programa Cultiva y está abierto a los profesionales agrarios menores de 41 años de toda la geografía española.

Lo convoca el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación —la presentación de solicitudes estará abierta hasta el 24 de noviembre y las estancias se realizarán a partir de enero del año que viene— y colaboran varias entidades del campo español. Son la Asociación Agraria Jóvenes Agricultores (Asaja), Asociación de Criadores de Ganado Porcino Celta (Asoporcel), Cooperativas Agroalimentarias de España, Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG), San Isidro Micas, Unión de Escuelas Familiares Agrarias (Unuefa, Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA), y Unión de Uniones de Agricultores y Ganaderos. En total, son algo más de 180 explotaciones agroganaderas repartidas por todo el rural español en las que se puede realizar una de estas estancias de inmersión.

«Esta iniciativa la hemos reclamado desde antes de que existiera», apunta Diego Juste, portavoz de la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA), una de esas organizaciones que colaboran con el programa. El porqué de esto está muy conectado con los retos del mundo rural y con lo que este tipo de experiencias pueden ayudar a lograr. Igual que el Erasmus universitario, lo interesante no es tanto el irse a pasar una temporada a otro lugar como lo que esa ventana de tiempo permite adquirir.

El campo español se enfrenta a un problema de relevo generacional. «Se necesitan agricultores y ganaderos», asegura Juste. «Toda ayuda es poca», suma. La formación es crucial para destacar los valores del campo, pero también para conseguir mejorar la resiliencia de quienes están trabajando en esas áreas.

A diferencia de lo que ocurre con los programas de intercambio para estudiantes, en este caso quienes participan son ya profesionales de esas áreas que se van una semana a otra explotación agroganadera para observar, preguntar y aprender. «En una semana son capaces de absorber información», promete Juste. Se aprenden técnicas, se estrechan lazos y se diversifica el campo. «Sobre todo, amplías conocimientos en producción y en comercialización», indica.

La comercialización y la modernización son los grandes retos del campo, por eso también son temas candentes en este tipo de experiencias. ¿Y qué ocurre con la sostenibilidad? «La sostenibilidad es un elemento clave» para el campo, asegura Juste. «Las explotaciones tienen que ser rentables y sostenibles», suma Iván M. Rodríguez Paz, director técnico de la Asociación de Criadores de Gando Porcino Celta (Asoporcel), otra de las participantes en el programa. Para conseguirlo, es necesario que quienes las gestionan adquieran nuevos conocimientos y habilidades. Pero también, recuerda Rodríguez Paz, es importante «la parte del consumidor». Ellos están recuperando un cerdo autóctono pero, resume, «la raza se recupera comiendo».

En resumidas cuentas, en ganadería y agricultura tienes «que saber de todo», como explica Juste. «Los agricultores de hoy en día son gente muy formada», apunta, muy receptivos a lograr más conocimientos. Los intercambios son una doble vía, tanto para quienes se van 'de Erasmus' como, al final, para quienes reciben. «Ellos pueden aprender de nosotros y nosotros de ellos», afirma Rodríguez Paz.

Lo que se puede aprender

Pero ¿qué es lo que se puede aprender en este tipo de experiencias? «Hay mucha diversidad», señala Juste. Por ejemplo, despierta mucho interés la ganadería extensiva o la apicultura. Los apicultores se enfrentan a grandes problemas ligados al cambio climático, recuerda, así que esto hace que haya un especial interés en comprender qué está ocurriendo y qué funciona.

Estas múltiples opciones ayudan también a dar visibilidad a todo lo que el campo puede ofrecer. Como señala Rodríguez Paz, para ellos «es muy importante» dar a conocer qué hacen y con qué especie trabajan. Sus ganaderos están recuperando el 'porco celta', una especie de cerdo en peligro de extinción que era la habitual en Galicia hasta que llegaron las otras más comerciales y de engorde mucho más rápido.

Recuperar la especie ayuda a preservar la biodiversidad y tiene, a su vez, otros beneficios derivados. Estos cerdos «desbrozan el bosque», apunta, que es, en realidad, lo que hicieron siempre. Se les abría la puerta por la mañana, salían a comer al monte y volvían por la noche. Ahora, cuando los incendios forestales se han convertido en una preocupación añadida, esto es un extra. «Lo están usando mucho los montes vecinales», ejemplifica el experto. El porco celta limpia el monte y abona de paso, creando pastos en los que luego pueden entrar otras especies de animales —algo que ya se está haciendo— o ahorrando los costes de mantenimiento de limpieza del bosque. Por supuesto, sin olvidar que el propio cerdo es en sí mismo un recurso.

Participar en este tipo de iniciativas, explica Rodríguez Paz, ayuda a dar visibilidad a todo esto y a generar ideas.

Además, a diferencia de otros programas de intercambio, en este se puede participar más de un año. Eso permite escoger diferentes explotaciones agroganaderas. El programa no solo cubre el desplazamiento y los gastos de estancia, también lo hace con los gastos de sustitución para que se pueda cubrir el trabajo que hacía la persona seleccionada. Desde UPA insisten en que es algo «sencillo de realizar» y con «experiencias muy satisfactorias».

Para el futuro, eso sí, se pide más tiempo para poder pedir las plazas y estudiar bien la oferta —desde UPA indican que los plazos de esta convocatoria están siendo muy cortos— y quizás, quién sabe, internacionalizarlo. Lo interesante sería, calcula Juste al otro lado del teléfono, poder intercambiar conocimientos agrícolas y ganaderos con otras zonas de Europa.

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