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Fabricación a demanda para evitar el derroche, ¿es posible?

Fabricación a demanda para evitar el derroche, ¿es posible?

El modelo de nuestros abuelos se abre paso en algunos sectores del consumo, pero a pesar de ser más sostenible tiene algunos condicionantes insalvables

A. Herranz

Martes, 26 de abril 2022, 06:59

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Cuando se fabrica bajo demanda, un producto se empieza a elaborar cuando ya se tiene el pedido del cliente. Precisamente por eso, suelen ser producciones cortas o incluso dar lugar a productos únicos. Según Jordi Gavaldà Boladeres, analista de Iberdac Gestión, es un modelo «propio del mercado entre empresas (B2B), aunque está adquiriendo importancia en los productos de consumo».

Las ventajas, para el fabricante, son evidentes: su actividad productiva está amparada por un pedido en firme, por lo que no tiene que financiar un almacén de productos esperando que se vendan. Esto mejora el flujo de caja de la empresa -prosigue Gavalà-, además, puede fidelizar al cliente y ser capaz de detectar los problemas productivos de forma más rápida en fábrica, con el consiguiente ahorro de procesos o componentes inservibles.

Desde el punto de vista medioambiental, puede decirse que es más sostenible, puesto que se fabrica lo que el mercado necesita y no se generan existencias que no se venden, según este analista, que recuerda que, en determinados sectores, lo que no se vende puede quedar obsoleto. «Esto supone malgastar los recursos que se han gastado en su fabricación (materiales, energía, transporte)», puntualiza.

¿Es para todos?

Pero no todos los productos pueden ser elaborados siguiendo este modelo. Como determina Oriol Montayá, profesor de logística de la Universidad Pompeu Fabra y de su escuela de negocios, para poder fabricar bajo demanda se tienen que dar varias características: que sean productos que tengan un alto valor, que muevan poco volumen y que el tiempo de entrega sea razonablemente corto. A estas tres se les podría añadir una cuarta: que haya un punto de personalización o de lujo en la elaboración de estos productos.

En su opinión, en sectores donde los márgenes son muy ajustados y que trabajan con volúmenes muy altos es complicado fabricar bajo demanda.

El elemento clave sería la cadena de suministro, que se inicia con la producción de materias primas para luego añadir la fabricación y después una distribución. Todos estos eslabones tienen que estar coordinados porque si no se traslada el problema al eslabón anterior'.

«Si yo soy un distribuidor que vende solo bajo demanda, quien está asumiendo el riesgo es al que le pides, que es el fabricante», explica. Pero si es el fabricante el que trabaja bajo demanda, «hay unas materias primas que alguien las ha empezado a producir y está esperando que se las pidan», añade.

Por eso, este experto considera que hay varias claves para lograr una optimización y mayor sostenibilidad de la cadena de suministro. Por un lado, la previsión. «Anticipar lo que va a pasar es lo que permite que la producción, tanto de materias primas cómo de productos, alcance un nivel de eficiencia, de eficacia y de sostenibilidad razonable». Sin embargo, es algo complicado, sobre todo ante imprevistos como pandemias, conflictos armados o colapsos marítimos. Por eso, se hace necesario tener una cadena de suministro resiliente.

¿Cómo ser resilientes?

En valoraciones de Montanya, hay dos tipos de soluciones para estos dos problemas. Para la previsión de la demanda, «un aliado muy importante que es la tecnología, especialmente la inteligencia artificial», que puede hacer una mejor planificación de la demanda.

En lo que a la resiliencia de los procesos logísticos se refiere (entendida como la capacidad que tienes para asumir un imprevisto, en qué medida afecta esta interrupción de la cadena y cuánto tiempo se tarda en recuperar la normalidad en el servicio), los factores que incidirán positivamente en ella son tres: la proximidad, la colaboración entre actores (en lugar de la subasta al mejor postor) y la orientación al cliente.

El profesor de la Pompeu Fabra explica que, desde finales de los 80 del siglo pasado, se han construido cadenas de suministro muy basadas en la eficiencia «mal entendida», que implica que sean periodos muy largos, deslocalizando la producción y con unos niveles de stocks y de existencias muy escasos.

«Aunque el suministro tuviera que recorrer mucha distancia, se apostaba por tener unos niveles de stock muy bajos, porque no se entendía que esta tensión en los procesos era posible. Se pensaba que era un modelo eficiente, pero se ha demostrado que provoca cadenas de suministro muy frágiles» que, además, tardan mucho en recuperarse.

Un factor de sostenibilidad

Este mismo experto augura que la sostenibilidad, que antes no era tenida en cuenta, ha llegado para quedarse. «La sostenibilidad es un elemento que, cuando tú lo introduces en la ecuación, no tiene por qué ser más caro», sentencia, asegurando que al incluir la resiliencia y la sostenibilidad en las cadenas de suministro salen modelos distintos, pero no menos económicos. «Lo de más caras es el mantra que utilizan los que no se quieren mover de sitio, pero se está demostrando que no es así», afirma.

Así, por ejemplo, asegura que si se instala fábricas más cercanas se puede apostar por una opción «más tecnológica que baje el peso de la mano de obra no cualificada y con la que la producción puede ser igual o más eficiente que cuando está a 4.000 km».

Así pues, sostenibilidad y eficiencia no son contradictorios, sino complementarios entre sí. «Antes el objetivo era reducir los costes, pero lo que hay que tener claro es qué se quiere construir y, a partir de ahí, hacer un buen uso de los recursos», concluye.

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