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Turistas en Roma (Italia). Reuters
Guerra al turismo de postureo

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ODS 13 | Acción por el clima ·

¿Sacar una entrada para ir a la playa? Ayuntamientos y comunidades autónomas comienzan a poner limitaciones a entornos naturales para proteger los ecosistemas y garantizar la seguridad

Domingo, 20 de agosto 2023, 00:14

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Puestas de sol en Menorca, pilas de piedra apiladas en las playas de Tenerife, melenas al viento en las escaleras de San Juan de Gaztelugatxe, o Rocadragón para los seguidores de Juego de Tronos, o 'selfis' frente a la fachada del Obradoiro en Santiago de Compostela. Estas son algunas de las imágenes más repetidas si uno abre su cuenta de Instagram estos días, una dura pena para los que sufren los envites del verano desde casa o desde su puesto de trabajo, pero que también castiga al entorno. «Este tipo de turismo no es novedoso», comenta Pablo Díaz, profesor de los Estudios de Economía y Empresa de la Universidad Abierta de Cataluña.

Lo cierto es que el destino 'instagrameable' gusta y tiene su público, el 55% de los españoles afirma tener en cuenta esta característica a la hora de elegirlo. Aunque, lo que no cuentan esas imágenes es la masificación de estos lugares. «Ni tampoco muestran el daño que se hace al entorno», advierte Luis Suárez, coordinador de conservación en WWF España. Detrás de estas fotografías hay colas enormes e, incluso, «especies que han desaparecido», alerta Rafael Yus, presidente del Gabinete de Estudios de la Naturaleza de la Axarquía (Gena – Ecologistas en Acción).

Precisamente en esta comarca, el ayuntamiento de Nerja (Málaga) ha cerrado el acceso al río Chíllar. «Ha habido una destrucción de artrópodos acuáticos fundamentales en la cadena trófica y también han desaparecido especies protegidas», explica Yus. «A veces toca tomar medidas impopulares como la prohibición o la restricción del acceso a determinados sitios», apunta el portavoz de WWF.

«A veces toca tomar medidas impopulares como la prohibición o la restricción del acceso a determinados sitios»

Rafael Yus

Presidente del Gabinete de Estudios de la Naturaleza de la Axarquía (Gena – Ecologistas en Acción).

La entrada a este idílico paraje es el último de una larga lista que, como muchos establecimientos, tiene reservado el derecho de admisión. «Son parajes naturales e idílicos que se pueden poner en riesgo por la presencia, sin control, de visitantes», señala Yus. Chíllar se suma así a la Playa de las Catedrales (Galicia), a los Lagos de Covadonga (Asturias), al islote de San Juan de Gaztelugatxe (País Vasco, al nacedero del río Urederra (Navarra) o a Cueva Castañar (Extremadura), entre otros. «Son medidas poco populares, pero son necesarias para proteger el medio ambiente y también garantizar la seguridad de las personas que hay en estos entornos», recuerda Suárez.

Playa de las Catedrales en Galicia. EFE

Esta última, por ejemplo, fue la razón esgrimida por el Principado de Asturias para acotar más el acceso a Los Lagos de Covadonga. El 31 de julio, un autobús con medio centenar de personas volcó al dejar pasar a otro vehículo. Desde mediados de este mes de agosto está prohibida la circulación de vehículos particulares durante las 24 horas. Hasta ahora, coches y autocaravanas podían subir a los Lagos hasta las 7.30 horas, lo que suponía importantes picos de circulación a su bajada, especialmente a mediodía.

Con esta medida, las autoridades asturianas pretenden reducir el flujo de tráfico en una calzada estrecha y complicada para evitar congestiones y situaciones que pueden comprometer la seguridad de los visitantes. Así, sólo se permitirá el acceso a ciclistas, vehículos autorizados y autobuses hasta finales de septiembre.

Los vehículos privados desaparecerán, sólo en épocas de máxima afluencia, del decorado verde del Parque Nacional de los Picos de Europa. Sin embargo, los coches se acumulan en largas caravanas en diferentes puntos de la geografía nacional. «Cada domingo veo a gente esperando horas en los coches a que alguien deje el parking para ir a los embalses de la sierra de Guadarrama (Madrid)», explica José María de Juan Alonso, socio director de Koan Consulting, una consultora especializada en turismo sostenible. «Si hay un incendio ocurre una desgracia: ¿dónde se mete toda esa gente?», añade.

«Hay gente que espera arriba de la cala y baja cuando queda un hueco libre»

Marta Isern

Nacida en Mallorca

Este es el día a día también en Mallorca, donde autobuses se agolpan en las carreteras para alcanzar Caló des Moro o el faro de Formentor, donde se ha prohibido el acceso en vehículo privado por la masificación. «Hay gente que espera arriba de la cala y baja cuando queda un hueco libre», responde Marta Isern, natural de Mallorca. «En Sa Calobra (Mallorca) ni lo intento. Se accede a través de un puerto de montaña y llega un punto en el que te quedas parado y no avanzas. Hace diez años esto no era así», recuerda esta joven mallorquina. «Estamos masificando una serie de destinos como nunca antes había ocurrido y eso genera no solo un problema ambiental sino que también destruye el patrimonio», alerta el socio director de Koan Consulting. «Hay que intentar diversificar e ir a otros lugares», señala el portavoz de la oenegé WWF. El problema según Elvira Jiménez, responsable de campañas de Greenpeace, es «que siempre ofertamos lo mismo. «Habría que aumentar la oferta cultural o gastronómica».

'Numerus clausus'

No obstante, el debate va más allá. «No es nada sostenible este modelo», revela de Juan Alonso. Según diferentes previsiones, en 2023 España recibirá 85 millones de turistas, 2 millones más que el año previo al estallido de la pandemia y que ya había supuesto un registro histórico. «Estamos generando graves problemas en lugares turísticos», señala José Fariña, profesor emérito y catedrático de la Universidad Politécnica de Madrid.

Alquileres disparados en el centro de las ciudades por los pisos turísticos, calles repletas de gente, turismofobia… Una problemática que no es exclusiva de España. Un pequeño contador en la farmacia Morelli da fe de los vecinos de Venecia que en las últimas dos décadas ha perdido 14.000 ciudadanos hasta quedarse por debajo de los 50.000. «No hay venecianos, ahora parece un gran mercado que vende máscaras de carnaval», denuncia Jiménez.

El 55% de los españoles elige su destino

por lo 'instagrameable' que pueda ser

Antes de la pandemia, la ciudad de los canales registró 5,5 millones de llegadas y casi 13 millones de pernoctaciones en 2019. Unas cifras insostenibles que, en primer lugar, trajeron la restricción de cruceros en la laguna de la ciudad para reducir el número de visitantes y, además, evitar dañar el entorno. A esta prohibición, ahora, se suma la necesidad de hacer una reserva para pisar y navegar por las calles de la 'Serenísima'. «Se trata de un método seguramente complejo, que no obtendrá aplausos inmediatamente ni consenso electoral, pero pondrá una piedra en el modelo turístico», advirtió a principios de año el concejal de turismo de la ciudad italiana.

Fila de coches a para entrar en el Parque Nacional del Timanfaya. J. A. G.

Así pues, desde el 1 de enero, los turistas que no pernocten en la capital del Veneto tendrán que reservar fecha y pagar entre 3 y 10 euros. «La ciudad no se va a cerrar, pero así se controlarán los flujos turísticos», explicó. «No hay que prohibir el turismo, sino hacer una planificación y ser más sostenible», destaca la portavoz de Greenpeace.

En España, hay algo parecido, pero no para ciudades. «Es un poco discriminatorio, porque hay gente que no puede pagarlo», responde Fariña. De momento, muchos parajes naturales como La Playa de Las Catedrales es gratuita o la subida al Peñón de Ifach en Calpe. Otros como las Montañas del Fuego en Lanzarote necesitan pasar por taquilla para acceder a este parque natural. Pero, ello no impide que se formen largas colas desde primera hora para acceder a este enclave canario.

Turismo de likes

Y es que elegir el destino para pasar las vacaciones ha cambiado con la llegada de las redes sociales. En 2015, Wanaka (Nueva Zelanda) hospedó a varios influencers, las visitas crecieron un 14% al año siguiente. «Al fin y al cabo es un negocio», responde Neus Soler, profesora colaboradora de los Estudios de Economía y Empresa de la Universidad Abierta de Cataluña. «Y muchos repiten lo que hacen estas personas», apostilla.

«Es llamativo es que la gente elija sus vacaciones por lo bonita que quede la foto en las redes sociales»

Neus Soler

Profesora colaboradora de los Estudios de Economía y Empresa de la Universidad Abierta de Cataluña

Según el estudio de eDreams, es el público más joven, los mileniales, el que más elige su destino sobre la base del potencial de éxito en Instagram que ofrece (69%), en comparación con los baby boomers (40%). «Realmente esto ha pasado siempre, solo que ahora se pone en las redes sociales y antes se enseñaba el álbum de fotos a los familiares», recuerda Soler. «Lo que es llamativo es que la gente elija sus vacaciones por lo bonita que quede la foto en las redes sociales», asegura entre risas.

Aunque algunos países han hecho de este problema, una virtud. La ciudad china de Xiapu se ha convertido en el escenario bucólico donde pescadores usan redes antiguas de pesca, granjeros trabajan con herramientas de otra época y los vecinos visten como sus antepasados. Un decorado pensado para Instagram. Allí no hay que reservar ni guardar el móvil, «todo está pensado para las redes sociales», afirma Pablo Díaz, profesor de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC y experto en turismo. «La pregunta es para qué hacemos turismo si para sufrir colas o para descansar», se pregunta Fariña. «Yo voy a disfrutar», añade. ¿Y usted?

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