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Planta de extracción de arena. Pnuma
La explotación desenfrenada de recursos: el Pnuma advierte sobre sus consecuencias

La explotación desenfrenada de recursos: el Pnuma advierte sobre sus consecuencias

ODS 13 | Acción por el clima ·

El Pnuma de Naciones Unidas denuncia que el modo de vida actual «tiene un impacto ambiental dramático»

Viernes, 1 de marzo 2024, 10:10

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39 kilogramos de materiales extraídos por persona al día. Esta es la cifra de recursos que se consumen del planeta y «tiene un impacto ambiental dramático en la Tierra», alerta el Pnuma de Naciones Unidas en su informe Perspectiva de Recursos Globales de 2024 lanzado durante la sexta sesión de la Asamblea de las Naciones Unidas para el Medioambiente que se celebra estos días en Kenia.

La investigación, hecha pública este viernes, advierte que la extracción y el procesamiento de los recursos naturales suponen más del 60% de las emisiones que calientan el planeta y son responsables del 40% de los impactos en la contaminación del aire. En las últimas cinco décadas, la explotación de agua, minerales y otros materiales presentes en el entorno se ha triplicado al pasar de 30.000 millones de toneladas en 1970 a 106.000 millones de toneladas en 2024. «La triple crisis planetaria está impulsada por un consumo y una producción insostenible», advierte Inger Andersen, directora ejecutiva del Programa de Naciones Unidas para el Medioambiente (Pnuma).

Además, la desigualdad entre el Norte y el Sur Global no se ha cerrado en los últimos años, sino que se ha agudizado. La mayoría de los materiales necesarios para el día a día se extraen en los países en vías de desarrollo que tienen unos ingresos medios-altos. Estos países extraen 19 toneladas per cápita. En el caso de los países más pobres, el informe del Pnuma señala que la explotación de estos recursos se mantiene invariable con respecto al año 2000. «Esto es debido a la subcontratación por parte de los países ricos a las economías en transición», explican los autores del texto.

En la última década, los valores del Índice de Desarrollo Humano (IDDH) ajustado por la desigualdad aumentaron para todos los grupos de países, pero también lo hicieron los impactos ambientales y lo hicieron especialmente en los estados en vías de desarrollo donde la huella material se ha duplicado en tan solo dos años. «No debemos aceptar que satisfacer las necesidades humanas deba requerir muchos recursos y debemos dejar de estimular el éxito económico basado en la extracción de recursos», advierte Janez Potocnik, copresidente del Panel Internacional de Recursos.

En el centro del uso de los recursos globales se encuentran las desigualdades fundamentales: los países de bajos ingresos consumen seis veces menos materiales y generan 10 veces menos impactos climáticos que aquellos que viven en países de altos ingresos. Los países de ingresos medianos altos han más que duplicado el uso de recursos en los últimos 50 años debido a su propio crecimiento en infraestructura y a la reubicación de procesos intensivos en recursos desde los países de ingresos altos. Al mismo tiempo, el uso de recursos per cápita y los impactos ambientales relacionados en los países de bajos ingresos se han mantenido relativamente bajos y casi sin cambios desde 1995.

Minerales más explotados

El planeta para abordar la transición energética y sostenible necesita la explotación de ciertos recursos, porque sin «minerales no hay paraíso». Aunque también se necesitan para el día a día habitual. La arena, la grava, la arcilla o el hormigón son algunos de los materiales necesarios para la construcción y también la tecnología más puntera. La arena contiene algunos elementos esenciales para la fabricación de los chips de última generación que dan vida a los smartphones y también la inteligencia artificial que avanza a pasos agigantados.

Este grupo de minerales no metálicos suponen el 50% de los materiales extraídos a lo largo de un año con 45.300 millones de toneladas, cinco veces más que hace cinco décadas. Pero el informe del Pnuma pone el foco en sus hermanos metálicos. «Se prevé que tengan un papel clave para la transición energética y generará una demanda muy alta hasta 2050», explican los autores del texto.

Desde 1970, la extracción de estos materiales ha experimentado un aumento del más del triple al pasar de 9,6 millones de toneladas a 2.600 millones. «Son el 15% de los impactos climáticos del planeta», alertan. «Debemos trabajar con la naturaleza, en lugar de simplemente explotarla», apunta Andersen. La explotación de estos materiales junto con los combustibles fósiles son los responsables del 35% de las emisiones de gases de efecto invernadero del planeta. A ello se le suma la pérdida de biodiversidad relacionado con la extracción y el procesamiento de biomasa procedente de cultivos agrícolas o silvicultura.

De hecho, las tierras de uso intensivo han pasado de 44,5 millones de kilómetros cuadrados en 1970 a 49,8 millones en 2022, o lo que es lo mismo 100 veces la superficie de España. Un cambio en el aprovechamiento dedicado especialmente a la silvicultura intensiva, que cuadruplicó su extensión. «Este aumento está provocando una pérdida de biodiversidad y lo está haciendo especialmente en regiones tropicales e islas con especies endémicas», alerta el informe del Pnuma.

Precisamente la actividad agraria, según la investigación de la ONU, es la responsable del estrés hídrico que se vive en muchas zonas del planeta. El consumo de agua de este sector ha pasado del 67% al 72%. Un aumento que se ve reflejado en la extracción de agua que en tan solo dos décadas ha pasado de 3,5 billones de metros cúbicos a 4 billones de metros cúbicos. «Es el momento de implementar gradualmente soluciones basadas en recursos para el clima, la biodiversidad y la equidad para que todos, en todas partes, puedan vivir una vida con dignidad», pide Izabella Teixeira, también copresidenta del Panel Internacional de Recursos.

Para el cambio, los autores ponen el ejemplo de África que, según ellos, lograron aumentar la esperanza de vida ajustada en función de la desigualdad sin aumentar los impactos climáticos per cápita. No obstante, la mayoría de los países africanos se mantuvieron en un nivel bastante bajo de esperanza de vida y educación ajustadas en función de la desigualdad a pesar de este aumento.

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