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La 'Starship', en pleno vuelo. Efe
El cohete más grande del mundo despega con éxito por tercera vez pero no soporta el regreso a la Tierra

El cohete más grande del mundo despega con éxito por tercera vez pero no soporta el regreso a la Tierra

La 'Starship' se ha desintegrado a 65 kilómetros de altura cuando desdencía a más de 20.000 kilómetros por hora

Jueves, 14 de marzo 2024, 00:19

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La 'Starship', el cohete más grande y potente jamás construido, ha realizado este jueves su tercera prueba de vuelo. El principal objetivo, que era probar el escudo térmico que debe proteger a la nave en su reentrada a la Tierra, ha terminado con la nave desintegrándose a 65 kilómetros de altura cuando soportaba una temperatura de unos 3.000 grados y descendía a una velocidad de más de 20.000 kilómetros por hora. Esta nave, de 120 metros de altura, es clave para el regreso del ser humano a la Luna en 2026, ya que será la encargada de llevar a los astronautas desde la órbita lunar a la superficie del satélite terrestre.

La incertidumbre ha presidido el lanzamiento. Previsto inicialmente para las 12.30 horas, se ha ido retrasando sucesivamente hasta que finalmente la cuenta atrás ha tocado a su fin a las 14.37 horas. En ese momento, los 33 motores raptor han impulsado al coloso de 120 metros de altura hacia el espacio desde la base de Space X en Texas. El siguiente momento crítico ha llegado al filo del minuto 3 del vuelo. En ese instante, la 'Starship' propiamente dicha -la parte superior del cohete, donde en el futuro irá la carga o la tripulación- se tenía que separar del 'Super Heavy', la etapa propulsora del cohete. Fue en esta operación cuando se produjo el estadillido en la primera prueba de vuelo. En esta ocasión ha salido bien y mientras esta última ha emprendido el regreso, la 'Starship' ha encendido sus seis motores y ha continuado su ascenso.

Una vez que ha superado los 200 kilómetros de altura ha comenzado a hacer varias de las pruebas que estaban previstas. La más importante, la del intercambio de combustible entre los motores principales y auxiliares. Esta operación es fundamental de cara al programa 'Artemisa', que debe devolver al ser humano a la Luna en 2026. Para ello, es necesario el repostaje en órbita. Ese trasvase de propelente ha sido una forma de ensayo. Y ha salido correctamente. También lo ha hecho el sistema de apertura -una especie de dispensador de caramelos pez- que permitirá liberar en el espacio los satélites de la compañía.

Reentrada fallida

Aunque el cohete está diseñando para ser reutilizable, en el ensayo de hoy no se iba a ensayar el aterrizaje controlado. Ambas etapas iban a caer al mar, la primera en el Golfo de México y la segunda, en el Índico, no lejos de Madagascar. El 'Super Heavy' - o 'booster'- ha perdido el control cuando descendía a más de 1.000 kilómetros por hora y se ha activado el sistema de autodestrucción. La 'Starship', como queda dicho, se ha desintegrado a una altura de 65 kilómetros.

Para llegar a esta tercera prueba, Space X ha tenido que implementar hasta 17 mejoras que le había pedido la Administración Federal de Aviación (FAA) respecto a la segundo vuelo en noviembre del año pasado, fundamentalmente la protección contra incendios generados por el propio lanzamiento o reducir al mínimo posible las fugas de propelentes del cohete. En aquel ensayo, las dos partes del cohete estallaron en el aire. La primera sufrió un fallo en el reinicio de los motores que debían traerlo de vuelta a la Tierra y en esa misma maniobra de regreso estalló uno de sus propulsores. La segunda explotó al activarse el sistema de autodestrucción al detectar un fallo cuando viajaba a una altura de 150 kilómetros. El vuelo duró ocho minutos, cuatro más que en la primera prueba, en el que explosionó tras destrozar durante el despegue la rampa de lanzamiento. Algunos fragmentos de hormigón salieron despedidos a medio kilómetro de distancia.

La competencia de Jeff Bezos... y de China

Mientras Space X sigue avanzando en sus pruebas, una empresa rival, Blue Origin, creada por Jeff Bezos, el fundador de Amazon, ha anunciado sus planes para alunizar en un plazo de «12 a 16 meses» con una nave de carga. Es un paso imprescindible para el verdadero objetivo, que no es otro que llevar a astronautas a la Luna en 2029, dentro de la misión 'Artemisa V'. El montante del contrato con la NASA asciende a 3.400 millones de dólares. Fue una especie de redención tras haber perdido la carrera con Space X para la misión 'Artemisa III', la que llevará en 2026 a cuatro tripulantes al satélite -entre ellos la primera mujer- cinco décadas después de la última misión del 'Apolo'. Además, Bezos tiene previsto para agosto el lanzamiento de su propio cohete gigante, el 'New Glenn', que debe transportar dos sondas de la NASA a Marte. El artilugio mide casi 100 metros y es reutilizable.

También China maneja sus propios planes lunares. La potencia asiática planea llevar a tres taikonautas antes de 2030. Según revelaron la semana pasada, lo harán en dos naves: un orbitador llamado 'Mengzhou' -'Nave de ensueño'-, que transportará a la tripulación hasta la órbita lunar, y un aterrizador llamado 'Lanyue' -'Abrazar la Luna'-. Al contrario que las últimas misiones lanzadas al satélite terrestre, que se han saldado o con fracasos como el de la estadounidense 'Peregrine' o éxitos a medias como los de la sonda japonesa 'SLIM' o la norteamericana 'Odiseo', la agencia espacial china se ha mostrado infalible: tres lanzamientos y tres alunizajes exitosos. Bill Nelson, administrador principal de la NASA, ha advertido en varias ocasiones que no quiere que Pekín se adelante a sus planes.

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