Michael J. Fox en su visita al programa «Late Night With Jimmy Fallon» / AFP

Michael J. Fox, el actor que sacó a escena el párkinson

El intérprete, fenómeno juvenil de los años 80, ha recibido un Oscar honorífico por su contribución a la lucha contra el desorden neurodegenerativo que sufre desde hace 30 años

SERGIO GARCÍA

El actor Michael J. Fox pasará a la posteridad por un papel, el de Marty McFly en 'Regreso al futuro', y una batalla, combatir el avance del párkinson, misión a la que se ha consagrado desde que le diagnosticaron esta enfermedad neurodegenerativa a principios de los años 90. No importa que cuente en su haber con cuatro Globos de Oro, cinco EMMYs y dos SAG, todos por sus interpretaciones en 'Enredos de Familia' o 'Spin City', las series televisivas donde cimentó esa imagen de eterno adolescente. El Oscar humanitario que Fox recogía hace unas semanas no lo era tanto por los héroes encarnados en la pantalla, como por el compromiso que ha marcado su vida y forjado su carácter hasta convertirlo en un filántropo admirado por todos.

Para los 'baby boomers', Fox será siempre aquel chaval de la película de Robert Zemeckis empeñado en lograr que sus padres no arruinen en el pasado la relación que a la postre le traería a él a este mundo. El actor, que a la sazón tenía ya 24 años y aún protagonizaría dos secuelas, daba vida al alumno de instituto americano con el que se identifica toda una generación, con su patinete, su chaleco acolchado y (esto era opcional) una guitarra eléctrica. No desentonaba, ni remedando a Chuck Berry ni por la edad (en parte, todo hay que decirlo, por su 1,64 metros de estatura). Por mucho que el calendario se empeñe en recordarnos lo contrario, él parecía ajeno a las leyes del tiempo, como le sucede a su protagonista cuando viaja al volante de un DeLorean alimentado con un condensador de flujo ('fluzo' en España, por un error de traducción).

Fox, nacido en Alberta (Canadá) en 1961 -tiene la doble nacionalidad-, libra desde que tenía 29 años una batalla a brazo partido con el párkinson, que los médicos le diagnosticaron en 1991 aunque él no lo hiciera público hasta 1998. «Para entonces -él mismo ha declarado- el 80% del mal ya estaba hecho». Como relata en su libro 'Un hombre afortunado', las alarmas saltaron cuando estaba en Florida trabajando en el rodaje de 'Doc Holliday'. Una mañana se despertó con un molesto temblor en el meñique. Al principio, no le dio excesiva importancia, quizá porque la víspera la había pasado de juerga con su amigo el también actor Woody Harrelson, con quien solía acabar simulando peleas encima de las mesas y arrastrándose borracho hasta la habitación.

Pero aquella anomalía persistió. Tardaron un año en diagnosticarle y en acertar con una medicación que mantuviera bajo control los persistentes temblores. El avance de la enfermedad, y el proceso de negación que la acompañó, no le dio tregua y desencadenó una deriva autodestructiva. El alcoholismo que llevaba tiempo cultivando, ahora se desató alimentado por los negros presagios que rodean al párkinson. El propio actor reconoce que si no fuera por su mujer, Tracy Pollan, con quien se había casado tres años antes de sufrir los primeros síntomas y con la que tiene cuatro hijos, habría arrojado la toalla. Ambos forman uno de esos raros matrimonios que superan los 30 años de convivencia en la Meca del cine.

En lo profesional, y aunque la década de los 90 significó el paulatino declive de Fox en las salas de cine, la televisión siguió rendida a sus pies, como acredita el éxito alcanzado con 'Spin City' y la lluvia de galardones con que la industria reconocía su trabajo. Fox mantuvo el tipo hasta que en 1998, resultó imposible ocultar por más tiempo un trastorno que provoca temblores, rigidez muscular y con el tiempo pérdida del equilibrio.

Michael J. Fox no se resignó, siguió trabajando y combinando sus intervenciones televisivas con trabajos como actor de voz (en 'Stuart Little', 'El rey león', 'Atlantis'...), productor y escritor (ha publicado tres libros), faceta esta última de la que se ha servido para dar a conocer una enfermedad envuelta aún en grandes incógnitas. Un mal para el que todavía no hay cura, aunque la medicación ayude a atarlo en corto en los primeros estadios.

1.500 millones recaudados

Fruto de ese activismo es The Michael J. Fox Foundation, con la que ha recaudado más de 1.500 millones de dólares, convirtiéndose en el mayor donante en Estados Unidos para la investigación de este desorden neurodegenerativa. Un esfuerzo que ha tenido su reflejo lo mismo en el estudio de células madre que en el desarrollo de sensores portátiles para monitorear los síntomas de los afectados. Hasta ha intervenido en campañas políticas como la que llevó al Senado a la demócrata Claire McCaskill.

En todo este tiempo, la salud no ha dejado de confabularse en su contra. El estado de Fox, que no escatima apariciones en televisión como la que le reunió recientemente con Christopher Lloyd, el Doc de 'Regreso al futuro', y actos públicos para poner en valor la lucha contra el párkinson, ha degenerado mucho, lo que le ha provocado caídas y múltiples fracturas de huesos. En 2018, se sometió a una cirugía de médula espinal para extirparle un tumor y dos años más tarde se retiró por completo de la escena.

Sin embargo, el artista no se ha rendido. Cuando el pasado noviembre, su inseparable Woody Harrelson le hizo entrega del Oscar honorífico Jean Hertsholt que reconoce los esfuerzos filantrópicos en el ámbito social o del saber, destacó de Fox no haberse comportado nunca como una víctima. «Toda tu obra aporta una gran humanidad, has demostrado cómo luchar sin perder la fe (...). Nunca has querido que sintieran pena por ti», alabó.

Fox le contestó con voz renqueante y mientras su mano izquierda golpeaba con insistencia el atril: «Con tantos halagos vas a conseguir que me eche a templar». Comediante consumado, arrancó una salva de aplausos y vítores por parte del auditorio. Quizá su personaje vivía anclado en el pasado, pero si Michael J. Fox no renuncia a algo es a su futuro.