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El sacerdote Lino Hernández emula la estirada de la legendaria fotografía. Antonio López
La eterna estirada de don Lino

La eterna estirada de don Lino

«Solo me metieron gol en el tiro de la foto», recuerda el protagonista de la imagen de Ramón Masats, un cura que sigue dando misa en la iglesia de Covadonga de Madrid

Álvaro Soto

Madrid

Sábado, 9 de marzo 2024, 00:23

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Lino Hernando lleva en el salvapantallas del móvil la icónica imagen que ha marcado su vida. «¡Qué ágil estaba yo en aquella época!», recuerda este sacerdote en la sacristía de la iglesia de Covadonga, en la plaza Manuel Becerra de Madrid, donde sigue dando misa a las 9 y a las 12. En sus oraciones de estos días está Ramón Masats, el autor de la legendaria imagen, cuyo fallecimiento el lunes a los 94 años ha devuelto a la actualidad la estirada de don Lino.

La atmósfera remite al espectador a 1959, cuando el padre Hernando tenía 21 años. En el recreo del seminario, durante el improvisado partido de fútbol que servía para desconectar durante un rato de las enseñanzas teológicas, aquel aprendiz de cura se lanza cual felino a parar el disparo de un compañero. El cuerpo del portero marca una línea horizontal perfecta medio metro por encima del suelo, la pierna izquierda se flexiona para aprovechar hasta el último gramo de fuerza, el flequillo quiere escaparse de la frente y en el intento de palomita, la mano derecha roza el balón. Clic.

La legendaria fotografía de Ramón Masats.
La legendaria fotografía de Ramón Masats.

«El fotógrafo llegó al seminario y le pidió a mis compañeros que tiraran a portería», rememora el sacerdote, nacido en el pueblo de Luzón, en Guadalajara, y que cumplió 86 años el 7 de marzo. «Hizo varias fotos y justo la que se ha hecho famosa es la única en la que me metieron gol. ¿Que por qué sé que fue gol? Porque la sombra del balón está por detrás de la mano», cuenta este religioso, el noveno (y el más famoso) de sus diez hermanos.

La estirada de don Lino ha dado la vuelta el mundo. Ha llegado, por ejemplo, al MoMA de Nueva York, y con ella tocó la gloria Masats, que logró en ese instante mágico retratar a la vez la España religiosa y costumbrista y otra que comenzaba a dar un salto a la modernidad tan grande como el de don Lino. La imagen consagró al artista de Caldas de Montbui (Barcelona) y le ayudó a ganar los galardones más prestigiosos, entre ellos, el Premio Nacional de Fotografía en 2004.

Lesionado con Iker Casillas

Don Lino y Masats volvieron a reunirse hace diez años. «Me dedicó la foto y me dijo: '¡Estamos igual que cuando nos la hicimos!'», se ríe el cura. Pero quizá el encuentro más especial, y el más agridulce, le llegó cuando el Real Madrid le propuso conocer a Iker Casillas. «Fui a Las Rozas, donde entrenaba el equipo, y estuvimos charlando, fue muy bonito. Pero durante la sesión de fotos, Casillas me lanzó un balón y al tirarme al suelo para intentar pararlo, caí con la rodilla y me hice daño».

Desde entonces, el sacerdote ha sido operado cuatro veces de esa articulación y ahora camina con bastón. «Yo he sido muy deportista. Aunque la gente piensa que siempre he jugado de portero, en realidad era centrocampista, pero sobre todo, he jugado al tenis», explica. ¿Y en algún momento se planteó dedicarse al fútbol de manera profesional? «Qué va, no era tan bueno como parece en la fotografía».

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