Marlene Vieira, durante su comparecencia en Madrid Fusión Alimentos de España.

Me llamo Marlene

La chef del restaurante que lleva su nombre en Lisboa se mira al espejo para continuar su «camino de construcción»

Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPE Madrid

Marlene Vieira prepara sus platos tras un mostrador en un cubo de cristal cerca de la terminal de cruceros en Lisboa, donde hace «cocina portuguesa con guiños», dice en Madrid Fusión Alimentos de España. Marlene tiene una historia que cuenta en el escenario el de su incursión en este oficio que «no es un sacrificio pero sí una dedicación muy grande. Los altibajos influyen en la forma de trabajar. Creo que siempre es posible reencontrarnos y reinventarnos». «Cuando hablo de Marlene me miro en el espejo, miro cómo me he construido. Y Marlene supone continuar ese camino de construcción».

Y prosigue: «Era extraño poner al restaurante mi propio nombre pero desde el primer menú todo estaba basado en mi viaje gastronómico». Ese camino empieza al ver a su padre, carnicero, que entregaba el producto a «varios chefs en la región donde crecí, y donde se hacía cocina popular portuguesa. De niña no me gustaba comer, no tenía conexión con la comida. Para mí era lo más básico para mantenerme en pie». A los doce años eso cambió y cuando «entré a la cocina profesional encontré texturas que no conocía y quería descubrir».

La cocina portuguesa, no obstante, la descubrió en Nueva York. «Fui a un restaurante portugués que hice un descubrimiento de la cocina portuguesa en esa ciudad. Fue un golpe muy fuerte y comencé a explorar esa cocina como base de trabajo. Marlene es un proyecto de cocina contemporánea con una mirada hacia el futuro, para contribuir a dejar algo al que viene detrás, a las próximas generaciones». Con su forma de «mirar la cocina», explica, quiere recuperar tradiciones, la estacionalidad y la costumbre de usar los productos de temporada.