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Felipe VI entrega el premio Joan Margarit a la poeta Sharon Olds en Nueva York Efe
El rey Felipe VI inaugura en Nueva York el premio de poesía Joan Margarit

El rey Felipe VI inaugura en Nueva York el premio de poesía Joan Margarit

La poetisa que confrontó a Laura Bush con los horrores de la invasión de Irak lloró de emoción

Mercedes Gallego

corresponsal en Nueva York

Viernes, 21 de julio 2023, 07:07

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Decía ayer Luis García Montero, director del Instituto Cervantes, que «la vida es hermosa cuando rima bien». El jurado del premio de poesía Joan Margarit, del que fue miembro, no pudo dejar escapar ese verso al encontrarse entre los candidatos propuestos a la poetisa Sharon Olds, traducida al español por el poeta catalán que da nombre al galardón «con sólido espíritu de cooperación internacional» que el rey Felipe VI le entregó ayer en Nueva York.

Se trataba precisamente de reivindicar «el profundo impacto personal que la poesía produce en sus lectores», dijo el monarca al recordar que la misión de la poesía «siempre ha sido proporcionar ayuda, defensa y consuelo frente a la intemperie».

Con el Pulitzer de Poesía y el Premio del Círculo Nacional de Críticos en su haber, la octogenaria poetisa californiana podía estar ya por encima del bien y del mal en estos homenajes, pero ayer se le humedecieron los ojos al recordar la amistad que trabó con el poeta catalán, quien en sus últimos años eligió traducir solo a aquellos autores que admiraba y deseaba difundir. Era ese guiño del destino con el que se inaugura la primera edición del premio el que la emocionaba, y no necesariamente recibirlo de la mano de un apuesto rey que se desplazó para ello hasta la Gran Manzana cruzando el océano. De hecho, con la irreverencia que caracteriza su obra, Olds se confesó aliviada frente al monarca: «Tenía miedo de tener que inclinarme demasiado», le dijo entre inocente y pícara. Algo que, por supuesto, eso no hubiera ido con su carácter.

En 2005 la entonces primera dama Laura Bush cometió el error de invitarla al National Book Festival de Washington, celebrado al mismo tiempo en el que se llevaban a cabo protestas contra la invasión de Irak. Olds la sorprendió al declinar la invitación públicamente en una carta convertida en manifiesto contra la arrogancia de un gobierno «chovinista, le dijo, que había decidido invadir otro país y otra cultura «en oposición a la libertad, la tolerancia y la diversidad a la que aspira esta nación». Como en su obra, consiguió amplificar la respuesta al dejar en shock al lector. «No soportaría la idea de partir el pan con usted», escribió. «Se que si me sentara a comer contigo sería como avalar lo que considero acciones salvajes y despóticas de la administración Bush. Pienso en el mantel limpio de tu mesa, los cuchillos relucientes y la llama de las velas, y no podría soportarlo».

El jurado ha valorado precisamente eso, «el compromiso de Olds con la verdad y la presencia despiadada de la vida en su poesía», destacó en su fallo. «Algo que adquiere especial relevancia en tiempos de la cultura de la cancelación y en una época en la que muchos piensan que una máquina puede escribir los mismos poemas que produce el desgarro de lo humano».

Olds no sabía lo que era la cultura de la cancelación y mucho menos que su mordaz poesía pueda ser el antídoto, pero dijo ayer en conferencia de prensa tener una opinión sobre el trabajo en verso de la inteligencia artificial. «No los encuentro destacables, les falta algo que tiene que ver con los sentimientos del autor».

Para ganar premios y servir de revulsivo a la sociedad, las máquinas que intenten imitarla tendrán que hacer una poesía como la suya, «que no pueda hacer la digestión en la mesa de la hipocresía», recordó García Montero. «Sharon Olds no se sienta, ni se siente en la mesa de la mentira», remató. Anoche paseó complacida, con sus trenzas al aire y el bastón en la mano, por los jardines del histórico edificio de Amster Yard en que se ubica en el Instituto Cervantes de Nueva York, inaugurado precisamente por Felipe VI antes de ser coronado, en otra rima de la cultura que anoche salió bien.

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