Borrar
Jorge Javier Vázquez, durante la noche drag del último 'Sálvame Mediafest'. Luis Miguel González
Adiós a la revolución formal de la televisión

Adiós a la revolución formal de la televisión

Con la despedida de 'Sálvame' y su edición 'deluxe' se acaba una forma de hacer televisión más libre y rupturista y menos encorsetada, que ha inspirado programas como 'El chiringuito' o la 'King's League'

Iker Cortés

Madrid

Viernes, 14 de julio 2023, 01:01

Necesitas ser registrado para acceder a esta funcionalidad.

Opciones para compartir

Ocurrió el 9 de enero de 2010. Aída Nizar, una de las exconcursantes de 'Gran hermano' más odiadas, acudía a 'Sálvame deluxe' para protagonizar una suerte de intervención, una de esas reuniones con las que familiares y amigos le dicen a un alcohólico que ya ha tocado fondo y que debe tratar de rearmarse. Nizar llevaba semanas azotando a los tertulianos del programa de corazón y la intención era amansar a la fiera. «Buenas noches, Aída. ¿Cómo estás?», preguntaba el presentador Jorge Javier Vázquez, a eso de la una de la madrugada. Era la última invitada. Tras unas breves palabras, la terapia de grupo que, aparentemente, se había articulado en un tono conciliador saltaba por los aires. Mila Ximenez, Lydia Lozano, Karmele Marchante y Jimmy Giménez-Arnau arremetían contra Nizar, que no dudaba en devolver cada ataque.

En plena batalla dialéctica y gestual, Jorge Javier ponía un poco de cordura al asunto, tomaba la mano de Nizar y se la llevaba a un lugar apartado del plató. Desde ese rincón, más íntimo y austero, el presentador daba paso a la madre de la exconcursante por teléfono. Mari Ángeles Delgado daba la razón, punto por punto, a su hija y esta rompía a llorar desconsolada. Después de unos minutos catárticos, Vázquez volvía a coger de la mano a su invitada y la llevaba al primer set. Allí le decía algo así como que habían vuelto al principio y que era como si nada hubiese sucedido y pudieran empezar de nuevo. «Buenas noches, Aída. ¿Cómo estás?», volvía a preguntar el presentador. «Estoy bien, Jorge Javier», contestaba Aída. En ese momento, la imagen se desenfocaba por completo y el programa terminaba, sin despedidas ni aplausos, a eso de la una y media de la madrugada.

Al director Nacho Vigalondo le impresionó tanto la puesta en escena que unos días más tarde escribió una entrada en su blog detallando lo sucedido. Celebraba un desenlace «para quitarse el sombrero» y afirmaba que en las ocasiones en las que había visto el programa a veces había entrevisto «esa televisión a punto de venirse abajo que era 'La Edad de Oro', donde las dificultades técnicas puntuaban un caos que hoy se percibe lleno de energía y significados».

«Lo que hacían es generar una tensión y fomentar unas narrativas sobredimensionadas. Es todo hiperbólico, cuando realmente lo que están contando es nada, que un tipo se ha enfadado. Lo que ha hecho 'Sálvame' es todo forma y su gran valor no es su contenido, no están ahí por ser unos intelectuales, sino por haber avanzado en el aspecto meramente formal», analiza la guionista y escritora Diana Aller, que llegó a trabajar en el espacio de La Fábrica de la Tele.

La de Nizar no fue la única vez que el programa, famoso por crear su propio ecosistema de celebridades, apostaba a lo largo de sus 6.600 programas por una narrativa única y sugerente a la hora de desgranar la actualidad del corazón. Otro ejemplo, más reciente, se vivió durante el periodo de confinamiento, el 27 de abril de 2020. Sí, el mismo día que Jorge Javier Vázquez espetó aquello de «este programa es de rojos y maricones». Había sido un fin de semana intenso para el periodista Alfonso Merlos, pillado infraganti con Alexia Rivas en una conexión en directo con el programa de Javier Negre cuando supuestamente mantenía una relación con Marta López, exconcursante de 'Gran hermano', colaboradora en Telecinco y empresaria.

Una relación entre bambalinas

Aquel día 'Sálvame' comenzó en el plató de 'Ya es mediodía', donde trabajaba Marta, y saltó al del 'El programa de Ana Rosa', donde colaboraba Merlos. Hasta allí se desplazaron Jorge Javier y Marta con la intención de recrear cómo había sido el inicio de la relación. Plató a plató, López y Vázquez fueron reconstruyendo una relación forjada entre bambalinas y fulminada al calor del Zoom y la videoconferencia. El desenlace del culebrón tuvo lugar en el plató de 'Todo es mentira', donde también colaboraba Merlos. Finalizado el magacín de Risto, Jorge y Marta le abordaron sin escapatoria, pero Merlos zanjaba la historia casi sin mediar palabra.

Lo cierto es que a lo largo de sus más de 6.600 programas el espacio de corazón siempre supo cambiar las reglas del juego y renovarse, merendando delante de las cámaras, dando presencia en el plató a una figura habitualmente escondida como la del director del programa o sacando las cámaras a los pasillos y el parking de Telecinco. A juicio de Daniel Aranda, profesor de los Estudios de Ciencias de la Información y la Comunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), 'Sálvame' «inauguró un régimen de visibilidad diferente del que estábamos acostumbrados en los programas de prensa rosa». El espacio abrió el plano para mostrar no solo al público del programa, sino las tripas de la tele y con ello «generaban en el espectador proximidad al derribar las barreras».

Por explotar explotaban incluso los silencios, en aquellos diálogos que Jorge Javier Vázquez tenía con el control del programa a través del pinganillo. «Es que –resume Aranda– si lo que pretendes es tener un programa en directo, durante muchas horas, y que el programa esté vivo y captar las reacciones, esos silencios redundaban en naturalidad».

Con el adiós del formato Aller está convencida de que se termina «la frescura en la televisión y una libertad que muy pocas veces hemos vivido, en un medio tan estático y donde todo está tan medido y que se está quedando atrás precisamente por eso». En su opinión lo que hace tan especial a 'Sálvame' y su edición deluxe es «su capacidad de improvisación, de autogenerarse cada día, de cambiar, de fluir. Es la respuesta de la cultura líquida, de que el contenido vaya adaptándose al continente». «Es un espacio generado a sí mismo, a través del tiempo, que ha ido mutando conforme a sus propias necesidades y no tanto las del público o las del mercado», dice. Ahí están conceptos como 'Sálvame Fashion Week', 'Sálvame Mediafest' o 'La última cena'.

Un espectador inteligente

En este sentido, Aller hace hincapié la «mirada cómplice» que el espacio lanzaba a su espectador. «Yo he trabajado mucho en televisión y en televisión hay un clasismo atroz. Se tiende a juzgar los programas por el público que creemos que los ve y se da por hecho que es un público profundamente feminizado, sin estudios, etc. Cuando, por supuesto que hay público así, pero también hay mucha gente de profesiones liberales. En lugar de tratar al espectador como si fuera directamente imbécil, 'Sálvame' estableció una mirada cómplice con el espectador, riéndose o poniendo de tontos a sus propios colaboradores, y entendiendo que el espectador es un ser inteligente, capaz de entender los códigos en los que nos movemos, que muchas veces son la ironía más bestia del mundo».

Una imagen del equipo celebrando sus primeros cien programas.

El impacto de 'Sálvame' ha sido tal que muchos otros programas han tratado de copiar su estilo. Ya lo intentó aquel '¿Dónde estás corazón?' de Antena 3 cuando la audiencia de Jaime Cantizano se desplomaba sin remedio en la última etapa del programa frente a la del espacio de Jorge Javier Vázquez, que acababa de irrumpir con fuerza. Luego, muchos de los rostros del primero –María Patiño, Chelo García-Cortés o Antonio Montero– pasarían a formar parte de la nómina de colaboradores de 'Sálvame'. Después espacios como 'El chiringuito de jugones' o los debates de la 'King's League', han tratado de seguir su estela, pero «vamos hacia una tele más encorsetada», dice Aller.

Cabe preguntarle si cree que una frase como la de «este programa es de rojos y maricones» ha hecho daño a un programa que de alguna manera reflejaba las distintas realidades de la sociedad española. «Sí, pero no por eso. Es que al final decir eso en una empresa escuece mucho porque es una empresa compuesta por muchas productoras. Ha pasado factura de forma, yo creo, muy cruel porque ha habido una especie de venganza fría. Pero también ha sido una frase muy necesaria y ha ayudado mucho a que la gente se posicione y sepa de qué va porque es verdad, es un programa de rojos y maricones, habiendo heteros y habiendo gente de derechas».

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios