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Roglic, conmocionado en la meta de Tomares tras su caída. EP
Roglic abandona la Vuelta tras su tremenda caída
Vuelta a España

Roglic abandona la Vuelta tras su tremenda caída

Entró ayer sonámbulo en la meta de Tomares, donde se impuso Mads Pedersen, y se sentó conmocionado contra las vallas

Miércoles, 7 de septiembre 2022, 09:56

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«Desgraciadamente, Roglic no estará en la salida de la etapa 17 como consecuencia de la caída de ayer», han anunciado desde la cuenta oficial del equipo del esloveno, Jumbo, en la red social Twitter. «Tenías planes ambiciosos para los últimos días, pero lamentablemente no ha podido ser», han comentado dirigiéndose a Primoz Roglic tras recibir un tremendo trompazo ayer, martes, en la recta final.

Ciclismo cruel. Entró sonámbulo en la meta de Tomares, donde se impuso Mads Pedersen, y se sentó conmocionado contra las vallas. Del brazo derecho manaba sangre. Apenas lo movía. Miraba nada. Le rodearon compañeros y rivales como Remco Evenepoel. «Ufff. Es una caída fea», coincidían. Fea e injusta para un corredor de tanto valor y que tanto vale.

Un ciclista como Roglic es capaz de cambiarlo todo. Convirtió la etapa más inofensiva en un caos. Bastó con un golpe seco, de clase, en el repecho a dos kilómetros de la meta de Tomares. Bruto. El esloveno es el segundo en la clasificación general tras Evenepoel. No le vale. Inconformista. Campeón. Ha ganado las tres últimas ediciones de la Vuelta. Sorprendió con su latigazo. Solo tipos con la pegada de Pedersen, Van Poppel, Ackerman y Wright pudieron subirse a su estela. Enric Mas y el líder, Evenepoel, quedaron cortados donde menos esperaban. Roglic no duerme nunca. La Vuelta enloqueció. Sucedió de todo y a toda pastilla.

En ese tumulto, Evenepoel notó que su rueda trasera iba blanda, pinchada. Levantó la mano. Como la avería era en los tres kilómetros finales, iban a darle el mismo tiempo del grupo en el que circulaba, a unos segundos apenas de Roglic. Salvado por el reglamento. «Tranquilo», le dijo uno de los jueces. El belga obedeció y recorrió a cámara lenta el trecho hasta la meta. Esa escena contrastaba con lo que sucedía delante. Seguía la pelea. Frenética. Roglic continuaba atornillando los pedales hasta que, con la pancarta final a la vista, le rebasaron los que arrastraba a su rebufo.

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El esloveno, con el corazón desbocado, quiso engancharse a esa estela de Pedersen, Van Poppel y Acckerman para arañar algún segundo más y, al límite del esfuerzo, se tocó con Wright y se fue al suelo con violencia. Casi K.O. Recorrió esos 200 metros casi a tientas. Entró, oficialmente, con apenas 8 segundos de ventaja sobre el pelotón y sobre Evenepoel. Tan escaso botín le estaba costando ya un reguero de sangre. A un minuto y 26 segundos de Evenepoel en la clasificación general, no continuará en la Vuelta.

Fuga de Maté y Okamika

La sed se puso a correr desde la salida en Sanlúcar de Barrameda, en la desembocadura del río Guadalquivir, en la puerta del parque de Doñana. Luz, arena y agua, salada y dulce. Y, aun así, sed. Sequía. Se acaba de secar la laguna permanente más grande de Doñana, la de Santa Olalla. De Sanlúcar salió y a este puerto llegó Juan Sebastián Elcano tras dar la primera vuelta al mundo. La Tierra también era redonda hace 500 años. Pero la otra Vuelta apostó por un día hecho para terraplanistas. De Sanlúcar a Tomares, ya en Sevilla. Llano. Sin cuestas, salvo el repecho final, a la espera de que esta semana Evenepoel se enfrente a Roglic y Enric Mas en las montañas que restan, el Piornal y la sierra de Guadarrama.

Era, pues, una oportunidad para los velocistas y, también, para los aventureros. El espíritu de Elcano. Del vizcaíno Ander Okamika y del andaluz Luis Ángel Maté, que navega por esta Vuelta con una misión: repoblar la Sierra Bermeja, el pulmón que se le quemó hace un año junto a su casa en Marbella. «Maté me ha convencido en la salida para ir con él a poner árboles», comentó Okamika.

El marbellí prometió al inicio de la Vuelta que por cada kilómetro en fuga plantará un árbol. Okamika y él se fugaron desde Sanlúcar. Un sorbo de manzanilla y a correr. «Tenemos que ser conscientes de que nos enfrentamos a una crisis (medioambiental) sin precedentes en nuestra historia», declaró el marbellí del Euskaltel-Euskadi. Apóstol ecologista. Le acompañó en la travesía el extriatleta Okamika, nacido en otro pueblo marinero, Lekeitio. Juntos surcaron las planicies de los arrozales con hasta cuatro minutos de ventaja. Poca.

«Con cinco o seis en la escapada se le puede dar una sorpresa al pelotón», decía Maté en la salida. Pero solo eran dos. Pocos. Dio igual. «Por estas carreteras he aprendido a correr», se motivó el andaluz, recuperado ya de la infección respiratoria que le ha tenido días en la popa del pelotón. Juntos completaron 175 kilómetros con el aire seco en contra. 175 árboles más. Fue su regalo. Del resto, de los últimos 14 kilómetros, se ocupó el Trek de Pedersen y en Cofidis de Coquard, los más rápidos. Así era el guion hasta que lo mejoró Roglic con un brochazo genial. Inesperado. Atrevido. Ambicioso. De un ciclista que sale a ganar.

Arrancó por la izquierda en cuanto la carretera ingresó en la breve cuesta que subía a Tomares. Reventó la carrera. Reconvirió la etapa plana y la traslado a una cuesta que él inventó. Valiente. Capaz de dar la vuelta al mundo. Elcano. No tuvo tanta fortuna. A su coraje le sacó solo 8 segundos de renta y un sangrante golpe en el brazo derecho que le puede costar la carrera. Jugó como juega un gran corredor, como hizo el año pasado camino de los Lagos de Covadonga. A todo o nada. El ciclismo es a veces despiadado con los que más lo cuidan.

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