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Nacho besa la 'orejona' tras colocarle una bandera y una bufanda a la Cibeles.

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Nacho besa la 'orejona' tras colocarle una bandera y una bufanda a la Cibeles. Efe
Real Madrid

La Decimoquinta desata una celebración apoteósica

Cientos de miles de madridistas jalean a los campeones de Europa en otra jornada de gloria que colapsa las calles de la capital española

Óscar Bellot

Madrid

Domingo, 2 de junio 2024

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Veintiún días después de festejar con una multitud enfervorizada la conquista de su trigésimo sexto título de Liga, el Real Madrid volvió a darse este domingo un baño de masas junto a su afición en la apoteósica celebración que desencadenó la victoria de los blancos el día anterior frente al Borussia Dortmund en la final de la Liga de Campeones disputada en el majestuoso estadio de Wembley.

Siguiendo una liturgia que se sabe de memoria, la plantilla que tutela Carlo Ancelotti se daba cita a media tarde en el Santiago Bernabéu para poner rumbo a la Catedral de la Almudena, la primera parada dentro de su triunfal recorrido por la capital española. En los aledaños les aguardaban ya cientos de seguidores rendidos a un equipo de época. El arzobispo de Madrid recibía a los campeones en el interior del templo y ponía sus valores como ejemplo en tiempos convulsos. Niños, padres, mayores… Nadie quería perderse el encuentro con los héroes de Londres, cuyas camisetas tiñeron de blanco las calles por las que fue desfilando la comitiva que encabezaba el presidente Florentino Pérez.

Eran muchos los que llevaban horas apostados para ver en primera fila a sus ídolos que, una vez cumplimentada la tradicional ofrenda a la patrona de Madrid, volvían a subirse al autobús para desplazarse hasta la sede de la Comunidad. Allí recogía el testigo la presidenta Isabel Díaz Ayuso, una gran aficionada del Real Madrid que ha convertido este tipo de actos en una cita recurrente dentro de su agenda y que estuvo presente el sábado en Wembley. La Real Casa de Correos aparecía circundada por una espectacular marea de público que abarrotaba la Puerta del Sol y que dio rienda suelta al júbilo en cuanto apareció la 'orejona' en manos de Nacho. Al encuentro de la expedición salía la baronesa del PP, que saludó afectuosamente a directivos, cuerpo técnico y futbolistas mientras arreciaba el himno de la Décima.

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«Otra vez somos campeones de Europa. Parece que se dice fácil pero… quince veces. Este club nunca se cansa de ganar títulos», proclamaba Nacho en el interior del edificio tras entregarle a Díaz Ayuso una camiseta firmada por los reyes de Europa. La dirigente dio la bienvenida «al mejor equipo del mundo», después de que Florentino Pérez incidiese en la «etapa legendaria» que está edificando la plantilla del Real Madrid y le dedicase un sentido mensaje de agradecimiento a Kroos por el papel troncal que ha desempeñado el metrónomo de Greifswald en los éxitos cosechados en el último decenio con ese «fútbol de excelencia» que tendrá su epílogo en la Eurocopa. «Este club trabaja desde ahora mismo para conseguir un nuevo sueño que es la decimosexta Copa de Europa», remachó el presidente del Real Madrid, insistiendo en el mensaje que había lanzado nada más recuperar su equipo el trono en Londres.

«¡Toni quédate, Toni quédate!» coreaba la parroquia cuando Carvajal cedió el micrófono a Kroos para que el germano se despidiese de sus fieles desde el balcón de la Real Casa de Correos. «Muchas gracias por diez años inolvidables. Os quiero, madridistas», respondió el '8' antes de pasarle la palabra al 'loco' Rüdiger y a Vinicius, saludado al grito de «Balón de Oro, Vinicius Balón de Oro».

Kroos traspasa poderes y Modric confirma que sigue

Al ritmo del «We are the Champions» entraron en el Ayuntamiento de Madrid, donde el alcalde José Luis Martínez-Almeida ensalzó a los blancos como «una familia» y reconoció a Kroos como un madrileño más. Pese a sus «filias futbolísticas», el regidor reconoció que ya sabía cómo iba acabar el partido porque les ha «sufrido muchas veces». «Lo verdaderamente asombroso es la naturalidad con la que entendéis que ganar en el Real Madrid es una forma de vida», agregó Martínez-Almeida, que se mostró seguro de que antes de que acabe su mandato en 2027, los blancos volverán con la Decimosexta. No le apremiaron con la camiseta al edil rojiblanco los jugadores del Real Madrid dado que, como recordó Nacho, resultaba más apropiada para su mujer, simpatizante madridista, y porque el popular llevaba ya una camisa blanca, un detalle que no se le escapó al capitán. «Está cambiando», bromeó el alcalaíno.

Llegaba entonces el plato fuerte de la tarde, el encuentro con la Cibeles. No cabía un alfiler ni en la plaza ni en las calles aledañas, inundadas de aficionados que derrochaban felicidad ante la nueva gesta del equipo de sus amores. La caras de éxtasis de los jugadores en el recorrido previo y de Carletto, puro incluido mientras compartía salón de baile con los brasileños y con Camavinga, preludiaba un clímax que llegó en el instante en el que Nacho, con 23 años en el club a sus espaldas, presentaba la 'orejona' a la diosa y le anudaba una bandera y una bufanda del Madrid. «Cómo no te voy a querer, cómo no te voy a querer si me hiciste campeón de Europa una y otra vez», fue una de las proclamas más repetidas mientras los jugadores se fotografiaban con el trofeo y desataban la locura.

«Ver las caras de felicidad de todas las personas que están aquí es lo mejor que nos puede pasar como futbolistas», reseñó Nacho antes de que Carvajal arrancase a cantar y se erigiese en maestro de ceremonias escoltado por Lucas Vázquez, Vinicius, Bellingham… y hasta Kroos, que aparcó su habitual contención para dar rienda suelta a las emociones en una jornada inolvidable. El de «¡Toni quédate!» debe ser uno de los pocos sueños que no verá satisfechos el madridismo. El '8' lo heredará Valverde. Así lo decretó el káiser Kroos en el transcurso de una fiesta cuya traca final tuvo lugar en un Santiago Bernabéu lleno a reventar que se vino abajo cuando apareció el teutón y en el que Modric confirmó que seguirá vistiendo de blanco la campaña venidera. Danke, Toni.

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