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Marcelo, capitán del Real Madrid, levanta la Champions y lo celebra con sus compañeros.

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Marcelo, capitán del Real Madrid, levanta la Champions y lo celebra con sus compañeros. reuters
Final de la Champions

Vinicius y Courtois abrochan la Decimocuarta de un Madrid mágico

Un gol del extremo brasileño y la estratosférica actuación del portero belga catapultan al equipo de Ancelotti, verdugo en París de un Liverpool extraordinario

Óscar Bellot

Enviado especial a París

Sábado, 28 de mayo 2022

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Veintidós años después de conquistar la 'octava' en el mismo recinto con los goles de Morientes, McManaman y Raúl que destrozaron el sueño del Valencia, el Real Madrid regresa a Saint-Denis a la caza de la 'decimocuarta'. El majestuoso Stade de France es el escenario en el que el equipo de Carlo Ancelotti confía en poner el broche de oro a una Champions en la que la épica ha sido su inseparable compañera de batallas. Tres eliminatorias resueltas al filo del abismo frente a los clubes-estado que amenazaban con sepultar el antiguo régimen han vuelto a situar a las puertas de la gloria al gallardo lancero de los aristocráticos linajes del deporte rey. El único obstáculo que se interpone ya en su camino lo representa el Liverpool, otro custodio de las añejas esencias que persigue su 'séptima' frente a un adversario infalible en todas las finales de la máxima competición continental que ha disputado desde que el gol del 'red' Alan Kennedy abatiese, 41 años atrás, al 'Madrid de los García', precisamente en la capital francesa. De París al cielo.

La ciudad de la luz, del amor y de Mbappé volverá a servir como incomparable marco de otra riña volcánica entre dos escuadras que han accedido por rutas muy diferentes al duelo estrella. El Liverpool, invicto campeón del denominado 'grupo de la muerte', dejó después en la cuneta a Inter, Benfica y Villarreal para colarse por décima ocasión entre los finalistas de la vetusta Copa de Europa. En todas esas eliminatorias, encarriló el pase en la ida con contundencia y lo ató en la vuelta, demostrando que también sabe moverse sobre la cornisa cuando toca.

El Real Madrid superó la primera fase sin más disgustos que la inopinada derrota contra el Sheriff en el Bernabéu, pero puso a prueba la salud cardiovascular de su hinchada en los cruces. Ante el PSG, pasó del drama a la euforia en media hora de locura al calor de su parroquia. Contra el Chelsea, rozó la tragedia en La Castellana tras regresar de Stamford Bridge con una renta holgada. Y frente al Manchester City, seis minutos frenéticos separaron la agonía de una orgiástica explosión de placer que se recordará durante décadas. Después de ese triple salto mortal, queda el más difícil todavía: deshacerse de un Liverpool sediento de venganza por lo ocurrido el 26 de mayo de 2018 en Kiev.

La soldadesca de Jürgen Klopp no olvida el cúmulo de reveses que propiciaron que el Real Madrid sellase su tercer cetro consecutivo en la urbe ucraniana, hoy golpeada por el sátrapa ruso. Con Salah al frente, se ha conjurado para ajustar cuentas y recuperar el trono que detentó por última vez en 2019, cuando despedazó al Tottenham en el Metropolitano.

El conjunto de Anfield aspira a rematar por todo lo alto una temporada en la que ha levantado la Copa de la Liga y la FA Cup, pugnó por adjudicarse la Premier hasta su cierre y alcanzó su tercera final en las cinco últimas ediciones de la Champions. Un periplo tan brillante como extenuante.

Fabinho y Thiago llegan entre algodones, aunque Klopp tiene en buenas condiciones a Van Dijk y Salah, que también dieron el susto. El vigor físico, la intensidad y la presión son las señas de identidad de este Liverpool que se mueve a ritmo de rock 'n roll, dispone de dos puñales en los carriles y cuenta con figuras determinantes en ambas áreas. Aunque Alisson tiene el segundo porcentaje más bajo de paradas en la Champions, según datos de Opta, será difícil que emule a Karius, cuya vodevilesca actuación en Kiev lacró su condición de villano a los ojos de The Kop.

El último techo de Carletto

El arquero brasileño librará con Courtois uno de esos enfrentamientos individuales que se perfilan cruciales para el desenlace del choque. El cancerbero belga forma parte del decenio de miembros de la plantilla del Real Madrid que aún no saben lo que es reinar en la competición por la que se desvive el club que les paga. Su afán de gloria es un acicate más para una escuadra en la que la experiencia es un valor añadido al talento y la armonía que la ha llevado en volandas.

Ancelotti tiene a todo el grupo en perfecto estado de revista y pudo darse el lujo de dosificar a sus pretorianos en el último mes, mientras los de Klopp no tenían espacio para el resuello. Tras convertirse en el primer preparador que campeona en las cinco grandes ligas, Carletto opta a romper otro techo: ser el único entrenador con cuatro 'orejonas' a sus espaldas. Frente al Liverpool perdió una de las cuatro finales de Champions que ha afrontado hasta la fecha como técnico. El resto las cuenta por triunfos, incluyendo la que le sirvió de revancha por el 'milagro de Estambul'. Los blancos solo han fallado en tres de las dieciséis que han pisado anteriormente. Ahora Klopp quiere sumarse al exclusivo club al que pertenecen Béla Guttmann, Helenio Herrera y Bob Paisley. Los únicos que han discutido con éxito uno de los axiomas que cincelan la historia de la Champions: el Real Madrid no juega finales, las gana.

El Real Madrid vuelve a ser el amo y señor del continente. El equipo de Carlo Ancelotti rindió a un Liverpool extraordinario con una diana de Vinicius y una

Los blancos, de menos a más, sobrevivieron en la primera parte al torrente ofensivo de un Liverpool que intimidó lo indecible con su ritmo e intensidad, pero que volvió a ser víctima en el segundo periodo del embrujo y la clase de una escuadra ingobernable en las finales de su competición fetiche. No las juega, las gana. El conjunto de Chamartín supo aguantar hasta que llegó su momento. Y, como es costumbre de la casa, amortajó a su adversario con precisión quirúrgica.

Cuatro años después de tocar el cielo en Kiev frente a los 'reds', la tropa de Ancelotti dio cuenta de nuevo del equipo de Jürgen Klopp para vengar la derrota del 'Madrid de los García' en París y poner un broche grandioso a una Champions en la que nadie le daba como favorita cuando comenzó allá por el mes de septiembre la por entonces ruta a San Petersburgo, pero que ha terminado domando con su magia para rematar un doblete histórico y cerrar por todo lo alto un torneo que se recordará durante décadas por la epopeya de los blancos, ya con hasta nueve pentacampeones de Europa en sus filas.

Liverpool

Alisson, Alexander-Arnold, Konaté, Van Dijk, Robertson, Fabinho, Henderson (Keita, min. 77), Thiago (Firmino, min. 77), Salah, Mané y Luis Díaz (Diogo Jota, min. 65).

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Real Madrid

Courtois, Carvajal, Militao, Alaba, Mendy, Casemiro, Modric (Ceballos, min. 89), Kroos, Valverde (Camavinga, min. 85), Benzema y Vinicius (Rodrygo, min. 92).

  • Gol: 0-1: min. 59, Vinicius.

  • Árbitro: Clément Turpin (Francia). Amonestó a Fabinho.

  • Incidencias: Final de la Liga de Campeones 2021-2022, disputada en el Stade de France ante 75.000 espectadores.

Grandioso cierre a un encuentro que estuvo precedido por un gravísimo problema de seguridad en el acceso al recinto de miles de aficionados del Liverpool que

A Klopp se le habían torcido incluso antes los planes porque Thiago figuraba en el once que había facilitado, pero el internacional español se resintió en el calentamiento previo de la lesión que sufrió en la última jornada de la Premier y fue duda hasta el último momento, aunque acabó siendo de la partida y dirigió con maestría.

Digirió, sin embargo, bien el caótico preludio el Liverpool , que mordía muy arriba y hacía gala de esa aguerrida presión que constituye su santo y seña. Respondió con aplomo el Real Madrid, al que impulsaba la historia, la experiencia y una afición que empujaba con el alma. Los 'reds' pretendían imponer un ritmo alto. El equipo de Ancelotti prefería que el envite no se revolucionase. La diferente aproximación al duelo cristalizó en un Liverpool autoritario en el descorche y un Madrid asfixiado.

Las huestes de Klopp se acantonaron en la frontal del área del Real Madrid y lanzaron una andanada de cuidado en el primer tramo. Courtois desbarató una ocasión pintiparada de Salah y el palo se interpuso en el camino de Mané después de que el cancerbero belga desviase con la yema de los dedos lo justo para facturar otro de sus milagros. Acometía con un bestial ímpetu del cuadro británico, motivadísimo por la afrenta en el Olímpico de Kiev ante un equipo desbordado que solo cogía temperatura en las escasísimas ocasiones en que lograba superar la primera línea de presión del rival. La puesta en escena del campeón español fue pobre, sin más amenaza que las episódicas apariciones de Vinicius en una primera parte en la que no hubo ni rastro de la zona de creación y Benzema quedó como un islote.

Al francés, en cualquier, caso, no se le puede dejar ni un metro. Lo comprobó, una vez más, el Liverpool, cuando a Benzema le cayó un balón de la nada y el '9' detuvo el tiempo. Paró, templó y rompió la cadera a Alisson, al que batió con guante de seda. Pero el juez de línea vio fuera de juego. El VAR corroboró la decisión tras una revisión interminable. Correrán ríos de tinta porque Fabinho interviene y ofrece los suficientes elementos para que el Real Madrid vea una mano negra, aunque la victoria de la escuadra española acallará la polémica.

Regresó con otras hechuras tras el paso por la caseta el Real Madrid, el mejor fondista del continente. El gol anulado pareció activar un resorte en el bloque de Chamartín, donde sobresalía la jerarquía de Militao y el ardor de Carvajal. El lateral de Leganés ha acabado la campaña como un tiro y en Saint-Denis ofreció un recital de raza. Fruto de su empuje fue el germen de la acción que desniveló la balanza, con Valverde acelerando en modo Halcón para que Vinicius, solo en el segundo palo, superase a Alisson y pusiese en trance a la hinchada del Real Madrid.

La diana de Vinicius trasladaba toda la presión al Liverpool, con media hora por delante para reponerse del mazazo. Lo intentó Salah dándole mucha rosca a un zurdazo desde la frontal, pero Courtois firmó otra parada colosal. El belga le sacó luego el gol por dos veces al egipcio, que ya se veía a tiro de piedra su venganza, especialmente en un disparo a quemarropa que el guardameta desvió con el cuerpo, y volvería a agigantarse para evitar el empate tras un rebote que puso a prueba el corazón de los madridistas. Esta Champions se recordará para siempre por los goles de Benzema, pero también por las paradas de Courtois, un arquero sin par.

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