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La emoción de Mendilibar tras ganar la Liga Europa con el Sevilla. Reuters
La sencillez del hombre milagro del Sevilla
Campeón de la Liga Europa

La sencillez del hombre milagro del Sevilla

Mendilibar llegó hace poco más de dos meses a un equipo en ruinas, que coqueteaba con el descenso a Segunda, y al que ha convertido en campeón de Europa League

Isaac Asenjo

Madrid

Jueves, 1 de junio 2023, 11:35

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Cuando el Sevilla ganó su primera Europa League a José Luis Mendilibar lo acababan de echar del Athletic de Bilbao tras dirigir a los vascos en solo nueve jornadas de Liga. El Zorro de Zaldívar venía de deslumbrar en Eibar, donde fue mentor de David Silva, antes de hacer soñar al Lanzarote en la Segunda División B con cotas mayores. Fue su primera excursión fuera del País Vasco, en el césped artificial de los majoreros, donde conoció en una eliminatoria de Copa del Rey a Monchi, director deportivo de un Sevilla que visitó tierras canarias hace dos décadas con el malogrado Reyes y Joaquín Caparrós al frente. Más de 1.600 kilómetros separan Arrecife, donde el vasco dio el paso definitivo para ser entrenador profesional, de la capital hispalense, a la que llegó hace poco más de dos meses a un equipo en ruinas y al que ha convertido en campeón de Europa League.

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«Con tanto piropo me siento gilipollas, 20 años en Primera y parece que no me conocía nadie», decía hace días Mendi, como le llaman sus allegados, en una de las muchas entrevistas en las que demuestra ser un tipo normal, sin estruendos y en las que divulga el odio eterno al fútbol moderno. «Soy anti entrenador moderno. No voy con la tableta debajo del brazo, ni estoy ante el ordenador todo el día…», le dijo a Vicente del Bosque en una charla en Ipurua durante su segunda etapa como entrenador del equipo armero.

El fútbol es un devorador de entrenadores y el técnico, ejemplo del fútbol de calle, el sencillo y sin los postureos actuales, no tiene aún su renovación garantizada. Que a día de hoy se debata sobre su renovación es una ofensa a la lógica y al fútbol. El trabajo está hecho. Mendilibar resucitó a un conjunto andaluz que iba dando tumbos en la tabla clasificatoria de Primera, coqueteando con la Segunda División a manos de Jorge Sampaoli, quien dejó, eso sí, al equipo con el caramelo de enfrentarse al Manchester United en los cuartos de final de la Liga Europa. «No me ha tocado en la tómbola estar aquí, hay una trayectoria», afirmó el propio Mendilibar en la sala de prensa de Old Trafford.

«A los jugadores no les pido raíces cuadradas»

Otro club hubiera pensado solo en la salvación y hubiera aparcado todo lo demás, reconocía recientemente el técnico vasco, que en su última etapa en la máxima categoría del fútbol español había dirigido al Alavés, donde no le fueron nada bien las cosas en el banquillo de Mendizorroza. «No estoy engorilado con lo que estamos haciendo, en cuanto pierda dos partidos me van a dar hostias por todos los lados», reconocía hace días un técnico que sabe que la paciencia se ha convertido en una virtud cada vez más difícil de encontrar en el fútbol profesional.

Los de Nervión escaparon con fuerza de la zona de descenso y se abrazaron a su competición fetiche. Nadie quiere a la Europa League como la quiere el Sevilla. Se deshicieron de los Diablos Rojos en una eliminatoria épica, con Rashford y todo, se cargaron a la Juventus en una noche inolvidable en el Sánchez-Pizjuán, y ha finiquitado con la leyenda de Mourinho en las finales. El efecto Mendilibar como salvador le dio el equilibrio perdido a un equipo y una afición que no vivía una unión así desde los tiempos de Unai Emery o Juande Ramos, que entró en la elite del fútbol europeo en apenas quince meses.

«No he vuelto loco a nadie. Sobre todo la sencillez, que es una cosa clave en fútbol. A los jugadores no les pido raíces cuadradas, sino sumas y restas», expuso en su momento el vizcaino. Un técnico pasional como gusta en Nervión que ya no parece tanto de transición. El vestuario está con él y espera que se quede, aunque en la directiva todavía son reacios a pronunciarse con claridad sobre su continuidad. «Vamos a hablar de fútbol», decía Mendilibar con un mensaje tan claro como el que traslada a sus futbolistas para explotar sus cualidades cuando le preguntaron sobre el caso Vinicius, porque al hombre sin supersticiones, de polo y pantalón de chándal, no le gusta el ruido ni el caos. Centrado solo en el deporte al que se dedica, su victoria es la de lo simple, con sus éxitos y sus desengaños.

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