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Carolina Marín apunta al oro en los Juegos y pone el acento en la salud mental

Carolina Marín apunta al oro en los Juegos y pone el acento en la salud mental

La campeona olímpica de bádmiton en Río 2016 descarta sentirse presionada por tener que ganar y confiesa haber roto varios muros importantes

Isaac Asenjo

Madrid

Martes, 6 de febrero 2024, 15:03

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Siente que le robaron la oportunidad de defender su título de campeona olímpica de bádminton en Tokio, y desde entonces tiene grabado a fuego los Juegos de París. Desde que Carolina Marín (Huelva, 1993) se rompiera el ligamento cruzado anterior y de los dos meniscos de la rodilla izquierda en junio de 2021, su única motivación deportiva ha sido la de llegar en plena forma a la capital francesa, para lograr una segunda medalla de oro tras la conseguida hace ocho años en Río de Janeiro. Si en la enorme ciudad costera de Brasil no pudo ver al Cristo Redentor sobre el cerro del Corcovado por no salirse de su rutina ni un milímetro, ahora a la onubense le da lo mismo la torre Eiffel porque irá al destino con el objetivo bien claro. «Nunca firmaría un bronce o una plata; no puedo conformarme con menos de lo que ya he logrado», expuso la jugadora durante un desayuno de prensa realizado por su condición de embajadora del Banco Santander.

«Estoy totalmente recuperada y con muchas ganas de afrontar las competiciones en marzo. Me ha afectado bastante físicamente la gripe de principios de año. Tuve que parar dos semanas con antibióticos, pero nuestra meta va mucho más allá que es estar entre los cuatro primeros. Ser cabeza de serie en los Juegos no es una obsesión; cualquier rival me lo puede poner difícil», explicó la tricampeona mundial, que actualmente es la quinta del mundo y sigue muy motivada a pesar de las adversidades vividas en este inicio de 2024, donde la Gripe A trastocó su calendario y se perdió tres citas importantes en Asia (Malasia, India e Indonesia) para los puntos de un ranking que se cierra en mayo con vistas a la próxima cita olímpica.

La andaluza, que tras lesionarse gravemente trabajó a contrarreloj para volver cuanto antes, quiso resaltar en todo momento la importancia de la salud mental, algo que ya no es un tabú y comienza a normalizarse en el mundo del deporte profesional. Carolina es uno de los ejemplos de que la parte emocional va de la mano de la física. «Hace varios años, tenía dos psicólogas, una para mi vida personal y otra para mi vida profesional como deportista de élite, porque yo quería conocerme a mí misma mucho más y aunque yo me encontraba bien, siempre quería estar mejor de lo que estaba y para eso necesitaba esa ayuda externa«, enfatizó la deportista, que quiso destacar la importancia de trabajar este aspecto junto a la parte física. «Todo va unido, el apartado físico y mental es un trabajo que preparo cada semana con mi psicóloga, María Martínez».

«Cada mínimo detalle que sale en los entrenamientos los evaluamos y corregimos», explicó la jugadora, que ahondó en el trabajo mental que realiza explicando que imagina que está en el escenario en el que jugará el próximo verano «visualizando el pabellón y gestos técnicos que puedan costar más para que el cerebro ya lo tenga de algun modo visto». La onubense volverá a la competición la próxima semana, en el Campeonato de Europa por equipos, que se celebrará en Lodz (Polonia), y ya a principios de marzo lo hará de forma individual en el Abierto de Francia, mismo pabellón donde se van a disputar los Juegos y donde Carolina se visualizará «desde una perspectiva externa, como si fuera una tercera persona».

La zona negra de Carolina

La jugadora, que terminó la temporada pasada con dos medallas de plata en los Mundiales y en las Finales del Circuito Mundial de Bádminton, descartó sentirse presionada por el favoritismo que se le presupone entre los aficionados españoles, porque apunta que «la presión externa es buena» para ella. «Es una cosa más a trabajar. Es favorable por que sé que mucha gente tiene mucha confianza en mi. Es lo que voy a trabajar también con mi psicóloga, saber que puedo conseguir esa medalla y verme en lo más alto». Experiencia no le falta a la deportista, que en junio cumplirá los 31 años, y que llegará a la cita de París de forma totalmente inversa que cuando fue a Río.

Las dos lesiones sufridas en los últimos años le han dado madurez, y en los Juegos se medirá a rivales varios años más jóvenes que ella, como las dos primeras jugadoras del mundo: An Se Young (22 años) y Chen Yufei (25 años). «He cambiado mucho y ahora soy mucho más atacante. A día de hoy las jugadas y los partidos son mucho más largos. Cuando vuelves a competir te tienes que adaptar a lo que hay porque las rivales son diferentes», explicó la jugadora, que dice priorizar la calidad a la cantidad. Pese a esto, Carolina, describió que su día a día comienza temprano, sobre las 8.30, en el CAR de Madrid con una sesión de pista que dura cerca de dos horas, luego trabaja fuerza máxima o circuitos en el gimnasio, y por la tarde regresa al pabellón para ejercitar la parte más técnica, hacer ejercicios de alta intensidad y fisioterapia.

Carolina insistió en la «baza a favor» que es la experiencia y dijo que en Río se metía «en la cabeza» de sus rivales para derrotarlas. «Es vital avanzar en esa 'zona negra' que seguimos trabajando en los entrenamientos. Contra las rivales de mucho nivel hay que estar en perfectas condiciones, algunas se sorprenden de que esté de vuelta y pueda ganar a cualquiera. Es muy importante sber que puedes», apuntó.

Confesó haber roto muros importantes como el ganar a Chen Yu Fei, vigente campeona olímpica y actual número dos del mundo, y a la número uno, la coreana, An Se Youn. «Me he dado cuenta de que si confío en mí y hago mi mejor juego puedo ganar a cualquiera. Mi rival soy yo misma».

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