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La liturgia de la chaqueta verde y el abrazo con Olazabal

La liturgia de la chaqueta verde y el abrazo con Olazabal

Rahm metió el putt del 18 y entró en la vorágine de Augusta para agasajar al campeón; casi no hay espacio para la improvisación

Iván Orio

Enviado especial. Augusta

Lunes, 10 de abril 2023, 08:56

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Jon Rahm se quitó la visera y saludó con ella camino del green del 18 del Masters de Augusta para dar las gracias a los miles de aficionados que le esperaban para rendirle pleitesía y que le habían apoyado durante el recorrido. Cuando embocó y certificó oficialmente con ese golpe un torneo que ya tenía en el bolsillo varios hoyos antes, miró emocionado al cielo, soltó la adrenalina y buscó a su familia para compartir con ella un momento para la historia.

Había ganado el Masters, el segundo Grande tras el US Open de 2021, y entraba a formar parte del club de los elegidos. Su padre, Edorta, su esposa, Kelley, y sus dos hijos, Kepa y Eneko, se acercaron para estar con él y ser partícipes de un instante que quedará grabado en su memoria para siempre. Después, había que presentarse en la casa club para firmar la tarjeta que le había convertido en leyenda.

Cuando se dirigía a la sede del Augusta National se cruzó con José María Olazabal, ganador del torneo en 1994 y 1999. Fue un encuentro muy emotivo. Enfundado en su chaqueta verde, el de Hondarribia, quien disputó las dos primeras jornadas de esta edición y no tuvo opciones de superar el corte, se fundió en un gran abrazo con el golfista y le felicitó sin cesar, como si el triunfo lo sintiese como suyo.

La escena simbolizó la transmisión de valores entre dos generaciones que han llevado el golf a lo más alto con nada menos que seis triunfos en este santuario de Georgia. El español ya había coincidido con el número uno del mundo en la cancha de prácticas y le había dicho sin tapujos que le veía en unas condiciones inmejorables para levantar el trofeo. De hecho, decidió quedarse hasta el domingo por si Rahm seguía su estela.

Después, tras chocar sus manos con cientos de aficionados que querían felicitarle al otro lado de las cuerdas que protegen a los jugadores, el vizcaíno desapareció entre una marea de socios de uno de las entidades más exclusivas de Estados Unidos. Había empezado la liturgia del campeón y ya no había espacio para la improvisación. Primero había que atender a la cadena con los derechos televisivos y tomar imágenes en un pequeño despacho en las que se ve cómo Scottie Scheffler le pone la chaqueta verde a uno de sus principales rivales en los campos.

Minutos después se repitiría este gesto pero con más boato en los aledaños del emblemático hoyo 18, en esta ocasión con la presencia de todos los patronos y los familiares del ganador. «Aita, menos mal que has venido, si no llegas a venir, ufffff, no sé», le dijo Jon a su padre desde un atril.

Las obligaciones del campeón

La chaqueta verde es de lana y poliéster y se confecciona en una sastrería de Ohio, mientras que los botones se hacen en Massachussets. El escudo es de Carolina del Norte. Muy al estilo de Augusta, también hay reglas que deben cumplir los golfistas que la consiguen. Algunos rompieron el protocolo y se las llevaron a sus casas al entender que les pertenecía, pero la normativa del club establece que sólo pueden disfrutarla durante doce meses y no se puede usar en actos públicos. Después, hay que devolverla. Para evitar este tipo de problemas, los rectores de Augusta autorizaron que se hicieran réplicas de las prendas para que los jugadores las puedan tener para siempre como símbolo de su éxito en el Masters. La que le pusieron a Rahm le quedaba como un guante. Antes la vistieron Ballesteros, Olazabal y Sergio García.

Fue el charmain Fred Riley el encargado de dirigir una ceremonia en la que también se le hizo entrega al de Barrika del trofeo que le acredita como vencedor y a la que siguió un ágape con los socios. Es una réplica a pequeña escala de la formidable casa club de estilo sureño que preside el campo junto a un roble centenario desde el que se divisa casi todo el recorrido. Como nuevo campeón, Rahm se ha gando el derecho a jugar el torneo de por vida. Pero también tiene obligaciones. El próximo año deberá ejercer de anfitrión en la tradicional cena de campeones que se celebra en vísperas de la disputa del torneo. Y, por lo que dijo ante los medios de comunicación, su idea es que los jugadores prueben algunos platos del recetario vasco. «El cocinero José Andrés me va a dar la tabarra todo el año, espero que me ayude», dijo con sorna.

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