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Marceliano Ruiz, en una competición en su gran año, 1981. Foto: RFEA
Marceliano Ruiz, el talento de Salamanca que rompió una barrera del atletismo
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Marceliano Ruiz, el talento de Salamanca que rompió una barrera del atletismo

El salmantino, uno de los mejores vallistas del atletismo español, protagonizó el día en el que junto a un gran rival se bajó por primera vez de 50 segundos en su prueba

Félix Oliva

Salamanca

Jueves, 13 de junio 2024

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El atletismo salmantino despide este junio a uno de los mayores talentos que se recuerdan en un deporte que ha estado plagado de figuras y de portentos naturales, entre las que Marceliano Ruiz destacó. Y no era fácil en un firmamento de estrellas como Rosa Colorado, Sánchez Paraíso o Antonio Sánchez.

A punto de cumplir 70 años, la recaída de una terrible enfermedad se lo ha llevado cuando parecía que había logrado burlar el cáncer de páncreas que se le diagnosticó años atrás. No había logrado doblegarle y era frecuente verle pasear su imponente talla por el barrio de Comuneros en Salamanca, donde vivía desde hace años.

Natural de Ventosa del Río Almar, donde nació el 18 de junio de 1954, había estado y seguía ligado al atletismo desde siempre. Tanto, que conocía bien las andanzas de otro hijo de la comarca, el talentoso Mario García Romo, una de las luminarias del 1.500 español en la actualidad.

Atleta con una fisonomía perfecta para su prueba, dicen quienes le vieron competir que no era gran amante de los entrenamientos, «pero como le ha pasado siempre a los que son buenos de verdad como Marce». Su clase era indiscutible y, moldeado por Carlos Gil Pérez, condiciones y dedicación le permitieron una carrera larga.

Su talento se manifestó desde el primer día y casi siempre ligados a las carreras de vallas, aunque como todos desde joven cultivó varias pruebas bajo las enseñanzas del que fue su entrenador toda la vida. Todavía hace unas semanas salió en su defensa ante las acusaciones de abusos vertidas contra el célebre técnico.

Internacional desde temprana edad, poseedor en varias ocasiones del récord de España júnior, tuvo durante 30 años el récord de los 300 metros vallas (prueba poco habitual en el programa), medallista en su primer Campeonato de España absoluto en 1974, en 1975 ya logró ser el mejor atleta en el 400 vallas y campeón nacional, pero pronto vio aparecer a un rival que le marcaría de por vida: José Alonso Valero.

La rivalidad con el catalán catapultó la carrera de ambos hasta protagonizar un hecho histórico e insólito. Juntos, el mismo día y en la misma carrera, lograron uno de los hitos del atletismo español. Tras su primera gran etapa, en 1981 se produce su confirmación que escenifica en una día para las tablas de récords.

En un control federativo, Marceliano y José Alonso Valero logran bajar por primera vez de 50 segundos en España y lo hacen el mismo día

En un control federativo en julio de 1981, que ambos disputan, consiguen rebajar por primera vez la barrera de los 50 segundos con cronometraje eléctrico. José Alonso ganaba con 49.81 en dura pelea con el salmantino Ruiz (49.87) que logra su mejor marca de siempre. A día de hoy, sólo quince atletas españoles lo han logrado en toda la historia. Si quieren hacerse una idea de la valía de la marca, intenten dar una sola vuelta, sin vallas de 70 centímetros, a una pista de atletismo de 400 metros y lo entenderán.

Son sus mejores años, con dos títulos nacionales consecutivos (81 y 82) y una fantástica carrera en la Westathletic 1981 de Dublín, donde quedó segundo con 50.22, segunda marca del año. Logró el hito para el atletismo salmantino de tener campeón y campeona de España de 400 vallas al tiempo con Rosa Colorado. La mala suerte le impidió ser olímpico: el año 1980 tuvo la mínima, se lesionó y no pudo serlo.

Tras dejar el atletismo fue entrenador y trabajó durante décadas en el Servicio de Deportes de la Universidad de Salamanca siendo compañero de Paraíso y Rosa Colorado, un plantel de categoría que, tras brillar en las pistas, se ocupó de los equipo del ADUS o de las competiciones universitarias. Verlos allí era un placer: pocas veces una universidad ha tenido doctores de tan alta categoría en el deporte.

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