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Análisis

Carlos Sainz y su victoria contra el tiempo

A punto de cumplir 62 años, el cuatro veces ganador del Dakar le ha ganado el pulso a la historia con una trayectoria de leyenda

David Sánchez de Castro

Sábado, 20 de enero 2024, 18:50

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Es probable que estas líneas puedan servir para que varias generaciones se sientan identificadas. Todas ellas tendrán en común la admiración hacia Carlos Sainz, una constante en el deporte español que lleva brillando desde mucho antes de que el que escribe esto peinara canas y posiblemente mucho antes de que muchos de los lectores tuvieran capacidad para ello. Solo hace falta echarle un ojo al perfil en la Wikipedia, esa enciclopedia que sustituye a la memoria, de Carlos Sainz Cenamor (no confundir con Carlos Sainz Vázquez de Castro) para darse cuenta de lo que ha logrado, en lo profesional, personal y hasta empresarial. Por no faltarle, no le falta ni un vino propio, el Pegaso, con el que brindar por una vida de las que se pueden decir bien vividas.

Acudir a recibir a Carlos Sainz al aeropuerto Adolfo Suárez (presidente que conoció) Madrid Barajas es también un buen ejercicio. Hacerlo como periodista permite acercarse más a la leyenda, pero hacerlo como aficionado brinda la oportunidad de estar frente a un titán, uno de esos que podría estar en el manido olimpo de los dioses griegos del deporte o, más bien, en el salón del Valhala de los nórdicos, tierras donde Sainz reinó hace ya eones, junto a Odín, Thor, Freya y Loki. Porque Sainz está curtido en mil batallas, y es en este salón donde se celebraban las victorias para los soldados caídos.

Ver a niños, adolescentes, adultos y ancianos vestir camisetas doradas, confeccionadas para la ocasión por los trabajadores de los karting que tiene a su nombre, y que aún siguen siendo un lugar de peregrinaje obligado, da buena muestra de la lucha contra el tiempo que lleva muchos años ganando Sainz. Porque, ¿cuántas veces habrá tenido que responder mucho antes de este domingo sobre la retirada? Sainz no se retiró antes de manera absoluta (sí lo hizo brevemente del Mundial de rallies en 2004, y su despedida provocó que el Paseo de la Castellana de Madrid se quedara pequeño) porque no puede. El automovilismo, esa droga que a veces cuesta vidas (y Sainz lo ha vivido de cerca), es una forma de vida.

El proyecto con el que ha ganado su cuarto trofeo 'touareg' no era sencillo. El primer año se quedó todo a medio preparar, y a Sainz no le costó mucho poner la mirada que hiela a quienes se la encuentran. Porque para casi todo el mundo, Carlos Sainz es El Matador, pero en los corrillos se convierte en un Miura que muy pocos se ven con los redaños de torear. Él lo sabe, nosotros lo sabemos y en ese juego se ha movido la relación entre medios y campeón durante toda su trayectoria deportiva, y se seguirá moviendo cuando cuelgue el casco definitivamente.

Una manera de ganar

Del legado de Sainz ya se ha hablado largo y tendido, pero posiblemente sea la manera que tiene de trabajar lo que le hace ser aún más querido y admirado. Porque no son los títulos, ni en el Mundial de rallies (donde 'solo' tiene dos), ni en el Dakar (donde solo tiene cuatro), sino la forma de conseguirlos. Es una manera de entender el trabajo, que pasa por escudriñar hasta el último detalle para darle su forma, pringarse las manos con la grasa de los motores sin ser un divo, que bien podría serlo, y poner todo a su gusto, consciente de que su manera de ser es una manera de ganar. Una herencia que su hijo, que está llamado a ser mucho más si la suerte le acompaña, tiene bien aleccionada desde que informó a su padre de que quería seguir su estela, pero por el asfalto de los circuitos.

El futuro que tiene Carlos Sainz a partir de ahora será razonablemente parecido al que tenía hasta ahora. Porque si ha llegado a los 61 años como un deportista fuera de serie y con unas capacidades físicas propias de un joven de 40 es por su incansable y perseverante forma de prepararse, tanto física como mentalmente. No es casual que una de sus apuestas empresariales fueran unos gimnasios, que acabó vendiendo.

Por ahora, El Matador solo quiere disfrutar del último de los muchos triunfos en una trayectoria de leyenda en el automovilismo. «Lo primero que me gustaría hacer es disfrutar de la victoria porque cuando acabas un reto y empiezas con otro no disfrutas. Han sido muchos días de trabajo y ahora toca descansar y no hacer muchos más planes. En cuanto al futuro no hay nada, no me he planteado nada y ahora quiero disfrutar», dijo el tetracampeón del Dakar ya en España, en una rueda de prensa en la que valoró su brillante papel en el raid más duro del planeta.

Dentro de unos días, quizá incluso mientras estas líneas se estén imprimiendo online o en negro sobre blanco, el piloto que salga en Google al hacer una búsqueda será el hijo y no el padre. Pero la huella que ha dejado el nombre de Carlos Sainz Cenamor en las arenas del tiempo no podrá ser borrada jamás.

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