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Sánchez este sábado en un acto en Valencia EFE

Sánchez tira de su leyenda para intentar sobreponerse al debate cinco días después

El presidente del Gobierno esgrime en Valencia sus victorias «contra pronóstico» tras inquietar al partido con su perfil bajo

Sábado, 15 de julio 2023, 14:22

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Lo que pasó tiene un componente de preparación, pero el 90% es Pedro Sánchez. Prepotencia previa y, durante, incapacidad de ir más allá del simple argumentario del mitin». Lo dice un veterano socialista que en el pasado tuvo un papel muy activo en el asesoramiento de campañas y debates electorales. No todos coinciden con él en el PSOE. Los hay que estos días han señalado al jefe de gabinete del presidente, Óscar López, como responsable del «fiasco» que, ahí sí todos coinciden, resultó el 'cara a cara' del pasado lunes con Alberto Núñez Feijóo. Pero más allá del reparto de culpas, lo relevante para el ánimo del partido es que la figura del presidente ha quedado esta semana empequeñecida.

Cuando el 29 de mayo anunció la convocatoria inmediata elecciones, tras verse sorprendido por el mal resultado de las autonómicas y locales, sus colaboradores se aferraron rápidamente a la leyenda de hombre resiliente y psicológicamente imbatible que él mismo se ocupó de engrandecer en su ya famoso 'Manual de resistencia' para afrontar la contienda. El PSOE estaba abatido y exhausto, pero él tiraría del carro. Eso es justo lo que se fracturó el pasado lunes.Tanto que, paradójicamente, es el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, que salió achicharrado del Gobierno en 2011 el que ha estado asumiendo ese papel combativo.

«Lo que pasó tiene un componente de preparación, pero el 90% es Pedro Sánchez. Prepotencia previa y, durante, incapacidad de ir más allá del simple argumentario del mitin». Lo dice un veterano socialista que en el pasado tuvo un papel muy activo en el asesoramiento de campañas y debates electorales. No todos cocuerdan con él en el PSOE. Los hay que estos días han señalado al jefe de gabinete del presidente, Óscar López, como responsable del «fiasco» que, ahí sí todos coinciden, resultó el 'cara a cara' del pasado lunes con Alberto Núñez Feijóo. Pero más allá del reparto de culpas, lo relevante para el ánimo interno es que la figura del presidente ha quedado esta semana empequeñecida.

Cuando el 29 de mayo anunció la convocatoria inmediata elecciones, tras verse sorprendido por el mal resultado de las autonómicas y locales, sus colaboradores se aferraron rápidamente a la leyenda de hombre resiliente y psicológicamente imbatible que él mismo se ocupó de engrandecer en su ya famoso 'Manual de resistencia' para afrontar la contienda. El PSOE estaba abatido y exhausto, pero él tiraría del carro. Eso es justo lo que se fracturó el pasado lunes.Tanto que, paradójicamente, es el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, que salió achicharrado del Gobierno en 2011, el que ha estado asumiendo ese papel combativo.

La del PSOE en estas elecciones es una campaña totalmente atípica. Mientras Alberto Núñez Feijóo participa en dos o tres actos diarios para tensionar a su partido –y Zapatero en, al menos, uno– Sánchez apenas ha tenido cuatro, incluido el que ayer protagonizó en Valencia, y tiene previstos otros tres: Barcelona, hoy; el jueves, Lugo (improvisado tras el debate, como el de Santander del jueves pasado) y, para cerrar, Madrid.

Se decidió así porque, en estas circunstancias, se consideraba difícil pedir a la formación que volvieran a poner en marcha toda la maquinaria para llenar recintos y pabellones, porque el calor del mes de julio no iba a ayudar y porque se calculó que sería más eficaz centrarse en entrevistas en medios de comunicación y podcast que, de un plumazo, llegan a millones de hogares. Pero en esa estrategia el debate era el hito clave y Sánchez pinchó.

Lo que ha tenido inquieto a buena parte del PSOE, sin embargo, no es tanto ese patinazo, sino la reacción posterior. El martes el equipo de campaña se enfrascó en un «carrusel de excusas» –las «mentiras» de Feijóo, el papel de los moderadores, el formato– para encubrir lo que, admiten distintas fuentes, «vio todo el mundo». El miércoles, después de pasar dos días en Vilna (Lituania), en la cumbre de la OTAN, Sánchez reapareció en la radio de cabecera de los socialistas, la cadena SER, para volver a dar muestras de cierta parálisis. «Había sensación de que había que hacer algo para retomar la iniciativa y la entrevista ha dejado a la gente fría», admitía un diputado esa misma tarde.

Balas gastadas

Una campaña sin iniciativa, sin grandes propuestas, a la defensiva y a remolque del PP, que volvió a fijar el marco del debate al servirse de los reproches de lo sindicatos de Correos sobre la falta de previsión de la empresa a la hora de gestionar los 2,6 millones de peticiones de voto por correspondencia para atacar al Gobierno. La intervención de Patxi López en el debate de los portavoces en TVE el jueves por la noche sí resultó para muchos estimulante, pero sin alharacas. «Aquí no hay más que ofrecer por parte de nadie. Todas las balas están gastadas», se lamentaba un hombre cercano al aparato.

En medio de ese clima, sin embargo, Sánchez volvió a tirar ayer de épica en el acto junto al expresidente de la Generalitat, Ximo Puig , y la ministra Diana Morant, cabeza de cartel por Valencia, y apeló a su historial de victorias «contra pronóstico» –sus batallas por la secretaría general del PSOE contra Eduardo Madina y Susana Díaz, la moción de censura contra Rajoy, o los comicios de 2019– para generar moral de remontada. «¿Sabéis lo que va a pasar? ¡Que vamos a ganar las elecciones contra todo pronóstico!», exclamó.

No hubo, por lo demás, mensajes nuevos. En el equipo de estrategia electoral siguen convencidos de que su mejor arma son los pactos sellados por el PP y Vox en ayuntamientos y comunidades autónoma a pesar de que en el propio cuartel general del PSOE, en ocasiones, se detecta cierta frustración ante un Feijóo correoso que no ha bajado, en el tracking diario de GAD3 para este diario, de los 150 escaños. «A sangre y fuego», se lamentan.

Son cifras que no invitan al optimismo. Y eso que el PSOE está mejor que tras el 28-M; ya se dan por asegurados los 110 escaños cuando estuvo más cerca de los 100. «Si no se recuperan transferencias del PSOE al PP, la concentración del voto progresista que se está haciendo en el PSOEva a servir para tener un resultado decente –advierte un dirigente territorial– pero insuficiente».

El expresidente valenciano Ximo Puig, este sábado. EFE

«¡El problema ya no es Vox, el problema de España es el PP!», clama Ximo Puig

La Comunidad Valenciana no es para el PSOE un territorio cualquiera. El 28-M era el principal fuerte a proteger y, a pesar de que la candidatura del expresidente Ximo Puig mejoró sus resultados en casi 50.000 votos frente a 2019, el desplome de sus socios hizo imposible la reedición de los acuerdos del Botánico que le llevaron a la Generalitat. El popular Carlos Mazón tardó pocos días en sellar un pacto de Gobierno con Vox y esta misma semana fue investido.

Con esa vivencia fresca, tanto Puig como Sánchez realizaron ayer un llamamiento al voto útil de la izquierda y a la participación. «Hay mucha gente que tiene decidido a quién votaría, al PSOE, pero no sabe si lo hará. A todos ellos les digo: una abstención es un retroceso como votar al PP y Vox», remarcó el jefe del Ejecutivo.

Como la víspera el expresidente Zapatero, Puig intentó además neutralizar la idea de que una victoria holgada del PP puede ser, como plantea Núñez Feijóo, la «solución» para aquellos que no quieren ver al partido de Santiago Abascal en el Ejecutivo. «¡Nuestro problema no es ya Vox; es el PP el problema de España!», proclamó.

«No es ninguna broma», abundó Sánchez. «Tan responsables son los que proponen a esta gente –dijo en alusión a cargos de Vox antivacunas o negacionistas del cambio climático y la violencia de género– como los que los votan para ocupar esos puestos de responsabilidad». «Se llama claudicación ante el machismo y esa es la gran diferencia, que nosotros pactamos con quien haga falta para sacar adelante derecho y libertades y ellos pactan con Vox para recortar libertades», zanjó.

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