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Lluis Llongueras.

Muere Lluís Llongueras, el estilista que hizo del peinado un arte

El histórico estilista español creó una cadena de peluquerías con prestigio internacional

Lunes, 29 de mayo 2023, 16:24

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El peluquero Lluis Llongueras, de 87 años, fundador de los salones que llevan su nombre, murió este lunes a causa de un cáncer de garganta. Nacido en Esparraguera (Barcelona) en 1936, el estilista, hijo de un modisto, fue un talento precoz: comenzó su carrera con apenas 14 años y se labró una carrera internacional como creador de algunos de los peinados más ingeniosos cuando España era un erial en materia de estética femenina.

El polifacético estilista catalán fue el primero en recibir el Premio de Honor dentro de la categoría International Hair Legend 2019. Tras décadas haciendo trizas los esquemas de la peluquería, se convirtió en un referente mundial por su alabada técnica de corte. Su objetivo siempre fue ensalzar la belleza de la mujer a la vez que proyectaba sobre ella su genuina visión del arte, fusionando, de esta manera, el mundo de la alta creación con el de la peluquería.

Suyos eran los emblemáticos estilismos del corte 'paloma' de Julia Otero o los cardados de la reina Sofía. Se le recordará por ser el pionero en crear una técnica y método para un oficio lejos aún de la profesionalización. Su secreto estribaba en cortar mecha a mecha y crear volúmenes. El método incluía técnicas a las que dio nombres especiales, como el 'corte programado', el 'patch', el 'bicolor'..., que se hicieron populares gracias a libros y vídeos. Impuso un salario igualitario entre hombres y mujeres.

En los años setenta inauguró su primer salón unisex y se erigió en un referente mundial de la profesión. No en balde, fue el creador de varias franquicias en academias y establecimientos de peluquerías. Un negocio que llegó contar con más de 20 salones propios y 50 asociados en España, además de otros 120 en todo el mundo. Todo un imperio que facturaba 45 millones de euros.

Dignificador de la peluquería

Llongueras podía jactarse de dignificar el estatus social de la peluquería y de introducir en el cuidado del cabello los mismos criterios de innovación, riesgo y creatividad imperantes en el mundo de la moda. En los tiempos duros, a finales de los años cincuenta, protagonizó un hecho inédito: a las 8.30 horas las mujeres hacían cola para peinarse en su local, algo nunca visto en la España del desarrollismo, que aún estaba a años luz de la obsesión por la estética personal y de la eclosión de la industria de la cosmética.

En su mérito está el haber despojado a las mujeres de moños, sombreros y pañuelos, propios de la pacatería de posguerra, y adaptar el pelo de cada mujer a su fisonomía. «No hago peinados, sino composiciones de pelo sobre las caras», decía. A finales de los años sesenta, sus pelucas de cabello natural arrollaron en la gente bien del momento. Cual estrella del pop, se convirtió en árbitro de la estética, en cuyo auxilio acudían el Aga Khan, Carmen Sevilla, Lola Flores, Rocío Jurado, Bianca Jagger y muchas celebridades más. Esa posición de ventaja le ayudó a que Salvador Dalí le abriera las puertas de su mundo, para quien hizo la peluca más grande del mundo, expuesta como cortina de la habitación de Mae West en el Museo Dalí de Figueres (Girona) y que figura en el Libro Guinness de los Récords.

Gala, la mujer de Dalí, se mostró sin embargo refractaria a cualquier tipo de asesoramiento. Genio y figura, se peinaba igual que en los años cuarenta del siglo pasado. Su peinado, de porte estatuario, que culminaba con un extemporáneo 'arriba España' con lazo de Chanel, horrorizaba al peluquero. «Cuando iba a ver a Dalí se iba a otra habitación para no saludarme», confesaba. Llevó con amargura que primera esposa, Dolores Poveda, y sus dos hijos mayores, Esther y Adán, le despidieran por fax de su propia empresa, después de que él se uniera a Jocelyne Novella, una mujer con la que había mantenido una relación secreta durante años.

Lo de su amor con Jocelyne fue un flechazo en toda regla. El jefe nunca había reparado en ella. Hasta que sus labios se rozaron de manera esquiva ante las puertas de un ascensor. Jocelyne, que había comenzado en el tinglado del peluquero trabajando de motorista, llegó a escalar puestos hasta llegar a organizar las exhibiciones internacionales. Con Novella tuvo tres hijos, Adrià, Antoni y Yasmin, a quien consideraba el amor de su vida.

Acuerdo de paz

Tras la disputa legal con su primera esposa, el estilista logró firmar a un acuerdo que disolvía el conflicto con un intercambio de acciones y participaciones entre sus sociedades. Su primer matrimonio no tuvo nada de romántico. Reconocía que desde joven las mujeres mayores eran su perdición. «Me acostumbré a meterme en la cama con una mujer casi cada día, eran casadas, con hijos. Hasta que hubo un momento en que entendí que era una locura. Y busqué una chica seria y mona para casarme; en menos de un año hubo boda».

De haber nacido más tarde hubiera sido bisexual. Aunque de hacerle caso a él, lo suyo era la bigamia. «Igual podría estar casado con una mujer y con un hombre, lo probaría…», admitió en una ocasión con su voz rasposa.

Pero no todo en su vida fue paseo triunfal. Sufrió lo indecible cuando murió su hija Cristina con 26 años, un mazazo que sufrió en soledad.

Hombre inquieto y creativo, hizo incursiones en la fotografía, la pintura, el dibujo y la escultura. En 1987 creó un premio de periodismo de moda. Él mismo recibió en 2000 la Cruz de Sant Jordi y en 2008 la Medalla al Trabajo President Macià.

Ahora falta que se cumpla su última voluntad. Dejó dicho que no le incineraran bajo ningún concepto. Hombre de principios, quería descansar al calor de una lápida.

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