Estefanía Ferrer. / Jean Pierre Ledos

«Cualquier producto que contenga agua no puede ser 100% natural»

Una ingeniera química andaluza deja una prometedora carrera en una empresa aeronáutica por su pasión, la cosmética responsable, creando una firma que rompe con los estereotipos

Gloria Salgado
GLORIA SALGADO Madrid

Estefanía Ferrer dejó una prometedora carrera en una empresa aeronáutica por su pasión, la cosmética. «Me confieso una consumidora compulsiva, pero a la vez, una apasionada con mirada crítica», explica la granadina de nacimiento y sevillana de adopción, que estudió Ingeniería Química empujada por la curiosidad que sentía por «los secretos de la formulación, reacciones…». Encontraba muchos productos, sí, pero tanto desde el punto de vista de consumidora como de ingeniera sentía que en el mercado faltaba algo que uniera lo que tanto mi entorno como yo buscábamos: una cosmética natural pero también muy eficaz, con base científica, en la que no hubiera ingredientes que no me apetecía ponerme en mi piel».

Así que, tras su paso por multinacionales como Abengoa y una década trabajando en Airbus DS, se lanzó a cumplir su sueño con Lico Cosmetics, convirtiendo su afición en su nueva profesión. Se trata de una firma de belleza en la que ofrece lo que denomina ingeniería cosmética porque, parafraseando a la definición de la Real Academia Española, la ingeniería es el conjunto de conocimientos orientados a la invención y utilización de técnicas para el aprovechamiento de los recursos naturales. «Y ese es nuestro lema -explica Ferrer-, poner la ciencia al servicio de la naturaleza y, con ello, de la piel, creando fórmulas que tienen resultados demostrados basados en lo mejor de los activos naturales de todas partes del mundo. Y, cómo no, súper agradables de usar. Para mí era esencial que las texturas y los aromas fueran parte de ese proceso de autocuidado que es el uso de cosméticos».

Para conseguir esa nueva manera de hacer cosmética crean tratamientos que, «sobre una base natural de máxima calidad, se formulan con las técnicas más avanzadas de ingeniería cosmética, aunando ingeniería y naturaleza en cada uno de nuestros productos. Creemos -comenta- que no tenemos que elegir entre ciencia y naturaleza, sino usar la primera para obtener lo mejor de la segunda». Otro rasgo distintivo es que son una empresa que formula y desarrolla sus propios productos. Vendiéndolos directamente a través de su página web. «Nacimos como empresa digital, pero con la diferencia de que acompañamos al consumidor a cada paso, atendiendo sus preguntas y dudas de una forma híper personalizada».

La honestidad es otra de sus señas. Ferrer no tiene pelos en la lengua y no duda en ser taxativa en afirmar que la cosmética 100% natural no funciona. «Seamos honestos: cualquier producto que contenga agua no puede ser 100% natural, porque necesita también ser seguro. Y para ello requiere conservantes, emulsionantes o disolventes, pues sino no pasaría los controles microbiológicos de calidad necesarios. Por otro lado, la materia prima natural sola en una fórmula está muy bien para mejorar parámetros como jugosidad o hidratación, pero por si misma nunca va a llegar a mejorar signos del paso del tiempo como arrugas, bolsas, ojeras o párpado caído».

Desmitificar leyendas

Precisamente sus productos más exitosos son para la zona de los ojos. Uno de ellos es una mascarilla sin aclarado de uso nocturno formulada con un innovador hexapéptido vegano, ECPS (sustancias poliméricas extracelulares) antárticas y extracto de liquen islandés. Actúa sobre las arrugas y líneas de expresión, reduciendo la contracción muscular y aumentando la síntesis de colágeno, sirviendo también para el llamado código de barras. El otro producto es un sérum que, afirma, tiene efecto blefaroplastia -cirugía que busca rejuvenecer los párpados- gracias a un tetrapéptido vegano, microalgas sometidas a presión ártica (enriquecidas con agua de mar con propiedades energizantes y un oligoalginato de alto peso molecular) y, de nuevo, extracto de liquen islandés.

Igual que Ferrer desmitifica ciertas leyendas, insiste en la certeza de otras tan manidas como que el principal error que se comete en el cuidado del rostro es no tener constancia «con una rutina esencial de limpieza, hidratación y protección solar. ¡Y no siempre es fácil! Pero -advierte- es la base mínima para empezar a tener una piel sana y cuidada».