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Lula da Silva, el día de su victoria en las elecciones
Lula gobierna con medio Brasil en contra

Lula gobierna con medio Brasil en contra

El presidente ha logrado la unidad de la mayoría de partidos para superar el asalto, pero tendrá que gestionar el país con un Parlamento dominado por la derecha

Dagoberto escorcia

Sábado, 14 de enero 2023, 21:44

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Medio Brasil sabía que la victoria de Lula da Silva en las elecciones a la presidencia no sería aceptada por Jair Bolsonaro y mucho menos por sus partidarios ultraderechistas. Medio Brasil preveía que se producirían actos vandálicos con el objetivo de anular el resultado de las elecciones. El día de la posesión de Lula, domingo 1 de enero, todos los cuerpos de seguridad y unidades especiales de defensa vigilaron el acto. Tan solo ocho días después se produjo la toma de los principales poderes en la capital Brasilia. Con un Parlamento de mayoría derechista, con la amenaza de militares amigos de Bolsonaro, y con medio país en su contra ese es el Brasil que tiene que gobernar Lula a sus 77 años y después de haberlo hecho entre el 2003 y 2010. ¿Podrá gobernarlo? ¿Podrá realizar la reconstrucción que prometió? ¿Es posible el Brasil feliz con el que siempre sueña el presidente? ¿Aguantará Lula toda esa oposición? ¿Cómo gobernará? Este es el Brasil de hoy. Nada feliz. Sí, en cambio, visto con tristeza y viviendo con el miedo en el cuerpo.

Lula da Silva ganó en la segunda vuelta de las elecciones a la presidencia del pasado 29 de octubre el derecho a gobernar por tercera vez Brasil con el 50,9% de votos. Su rival, Jair Bolsonaro, sumó el 49,1%. A Lula lo votaron 60,3 millones de brasileños. A Bolsonaro, entonces presidente, lo respaldaron 58,1 millones de ciudadanos. Lula representa la izquierda. Bolsonaro, la ultraderecha. El resultado dejó bien claro que Brasil está partido en dos. Los perdedores no han aceptado la derrota. Consideran que las elecciones fueron un fraude y viven solo su verdad. Creen que bloqueando carreteras, instalando campamentos y marchando a Brasilia a tomar las tres sedes principales del Estado, en un intento de derrocar al presidente elegido democráticamente, están luchando por la libertad de su país.

Ocho días en el poder llevaba Lula cuando millares de partidarios de Bolsonaro llegaron en autobuses a Brasilia para preparar su 'guerra'. Tomaron el Palacio de Planalto, sede de la presidencia, el Congreso y el Tribunal Supremo de Justicia. Todo Brasil estaba avisado de que algo gordo estaban preparando los bolsonaristas. Futuros ministros del gabinete de Lula lo habían advertido. El presidente saliente, que apenas hace unos días reconoció la victoria de su adversario, había justificado los bloqueos y los campamentos como una forma de protesta aceptada en cualquier país democrático. Y la turba, vestida con el uniforme de la selección brasileña, ondeando esa bandera que habla de progreso y orden, entró a las tres sedes rompiendo cristales, destruyendo material, gritando consignas en contra del presidente elegido y alabando al saliente, montando tal caos que pudiera provocar un golpe de Estado. Los mandos policiales no ejercieron su función como debían. Muchos permanecieron mirando para otro lado, haciéndose selfies, algunos incluso abriendo paso a los manifestantes. Lula sostiene que incluso desde dentro pudieron abrir las puertas a los «terroristas» que también ha comparado con «nazistas».

Hasta cinco horas duró la revuelta. La turba fue desalojada y hubo más de mil detenciones, y la orden del levantamiento de los campamentos fue ejecutada inmediatamente. Lula garantizó la detención y el castigo para los promotores de semejante acto. De unos 200 que han sido interrogados, solo 34 han admitido haber sido financiados por 'gente del agro', un sector muy importante en Brasil. Un juez ya ha bloqueado bienes por 1,2 millones de euros a los que financiaron los autobuses. Uno de ellos tenía un contrato con el anterior gobierno de Bolsonaro.

El plan encontrado en casa de Torres

Pero lo peor que ha podido descubrir hasta ahora la investigación de lo sucedido el domingo 8 de enero es que todo estaba planificado en un borrador encontrado en casa de Anderson Torres, ministro de justicia en el gobierno de Bolsonaro, Torres también se encuentra en Estados Unidos, como el ex presidente. El borrador, publicado el pasado viernes por la mayoría de los medios de comunicación brasileños, preveía una intervención en el Tribunal Supremo Electoral (TSE) para cambiar los resultados de las elecciones y mantener a Jair Bolsonaro en el poder. El actual ministro de Justicia y Seguridad, Flávio Dino ha anunciado que pedirá la extradición de Torres de no presentarse en Brasil el próximo 16 de enero. Se trata de un documento relevante: «El señor Anderson deberá, en el ejercicio de su derecho de defensa, decir de dónde salió es documento, quién lo produjo, en qué circunstancias y cuáles eran sus intenciones», señaló Dino. Al mismo tiempo se han conocido los nombres de 46 diputados federales que defendieron o minimizaron el acto terrorista del pasado domingo; 33 de ellos pertenecen al partido de Bolsonaro.

Con todo este hervidero, Lula parece haber logrado la unidad de la mayoría de partidos para defender la democracia, pero en el Parlamento sabe que la mayoría es de derechas. El presidente, líder del PT (Partido de los Trabajadores), ha anunciado una limpieza en los ministerios de los más aciagos partidarios de Bolsonaro: «Solo llevamos 12 días en el gobierno, ni siquiera hemos terminado de designar todo el gobierno. Hasta ahora, pocos han sido nominados, estamos haciendo una evaluación exhaustiva. La verdad es que el palacio estaba lleno de bolsonaristas y militares y queremos sustituirlos por funcionarios de carrera, preferiblemente civiles que estuvieron aquí y fueron trasladados a otro departamento para que sea un gabinete civil, una Presidencia de la República con más civismo que en los últimos cuatro años. Nadie que sea bolsonarista de raíz puede quedarse. Aquel que votó por Bolsonaro y cumple su trabajo con rectitud ¿por qué no se puede quedar? Yo no quiero hacer un Palacio del PT», manifestó el presidente, que, sin duda, atiende voces que recomiendan que su gobierno no puede cometer el error de seguir confiando en autoridades bolsonaristas.

No obstante, existe la idea que el intento de golpe acentuó el aislamiento de Bolsonaro y que Lula se ha fortalecido con el apoyo de gobernantes y de la comunidad internacional. Otra voz que ve con optimismo el futuro del gobierno de Lula es la de Mark Mabius, uno de los gestores más cualificados de la industria para invertir en mercados emergentes, en una entrevista a 'Folha de Sao Paulo', señaló que «la guerra del terror puede unir a los brasileños en torno a Lula» y asegura que la reacción de la sociedad es positiva y atractiva para los inversionistas.

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