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Estado en el que quedaron una carretera y varias viviendas tras el terremoto en Wajima. Reuters
Al menos 48 muertos por el violento terremoto en Japón que ha hecho revivir la pesadilla de Fukushima

Al menos 48 muertos por el violento terremoto en Japón que ha hecho revivir la pesadilla de Fukushima

El temblor, de 7,4 grados, hizo activar la alarma por tsunamis y habría dejado «múltiples muertes» y graves destrozos

M. Pérez

Lunes, 1 de enero 2024

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Japón vivió la jornada de Año Nuevo sumido en el miedo, la incertidumbre y el angustioso recuerdo del tsunami que en 2011 se llevó las vidas de entre 16.000 y 18.000 personas e introdujo al planeta entero en la pesadilla atómica de Fukushima. Un terremoto de 7,4 grados en la escala Ritcher afectó a una decena de prefecturas y provocó daños que no habían sido cuantificados en la medianoche del lunes, pero se presumían muy elevados. Casas desplomadas, carreteras «similares a tofu agrietado», negocios destruidos e incendios a causa de la rotura de tendidos eléctricos y tuberías de gas formaban parte de los relatos de los servicios de emergencia y de las imágenes de los medios de comunicación.

La principal incógnita radica en la cifra de víctimas mortales, aunque las primeras informaciones confirman que al menos 48 personas han fallecido. A diferencia de otras terribles catástrofes que ha dejado 2023 en Turquía, Marruecos o Afganistán, Japón se ha adaptado al riesgo sísmico. Las autoridades informaron el lunes de cuatro muertes en relación a los temblores, dos de ellas por ataques de corazón en la ciudad de Nanao, mientras se mantenía la búsqueda de un número indeterminado de personas atrapadas entre los escombros de casas y comercios. Ya de madrugada, la Policía elevó cifra oficial a los seis fallecidos y este martes se ha elevado hasta casi el medio centenar.

Sin embargo, el preludio de una tragedia de mucha mayor envergadura se ha producido a medida que transcurría la madrugada, cuando los bomberos han logrado avanzar en medio de la destrucción. Algunos medios advertían de la existencia de «múltiples muertes» en la prefectura de Ihsikava, epicentro del movimiento telúrico, tras encontrarse a vecinos atrapados bajo inmuebles y torres de luz. La Policía y los bomberos recibieron 290.000 llamadas de auxilio solo en esta región.

Diecinueve centros sanitarios de la prefectura y otros dos de la vecina Niigata permanecían al borde del colapso, sin electricidad, agua ni gas medicinal. Ante el estado desastroso de las carreteras, el primer ministro, Fumio Kishida, dio orden de «enviar por aire o mar» agua, alimentos, mantas, queroseno y medicinas a las áreas más devastadas y fijó prioridades como la de facilitar el tránsito de los grupos de salvamento porque «las víctimas de los edificios derrumbados deben ser rescatadas lo antes posible». En varios municipios se han visto escenas de familias que pedían «calma» a sus allegados, prisioneros en 'agujeros de vida' dejados por los muros y techos derruidos, a la espera de los rescatistas.

El terremoto tuvo lugar a escasa distancia de las costas de Ishikawa y Niigata y a muy poca profundidad: tan solo unos diez kilómetros. No se trató de una única sacudida, sino que fue el más fuerte de una serie de veinte seismos registrados entre las cuatro y las cinco y media de la tarde del lunes (de las 08.06 a las 9.29 hora española). De inmediato se decretó la alarma de tsunami en su grado máximo, que no había vuelto a activarse desde el 11 de marzo de 2011, cuando sucedió el Gran Terremoto del Este.

Fin de la alarma

Aquel fenómeno trágico, de 9 grados, un monstruo colosal surgido de las profundidades de la corteza terrestre, sucedió a 130 kilómetros de Tokio, desencadenó una ola de diez metros de altura y barrió miles de vidas en la región de Miyagi. Todavía hoy se honra a 2.600 víctimas que nunca han sido recuperadas, engullidas por el mismo mar entre casas, vehículos, barcazas y puentes destrozados.

En esta ocasión, la furia se contuvo. Mientras miles de japoneses huían de la costa hacia lugares elevados, los primeros episodios de oleaje intenso -aunque inferiores a metro y medio- golpearon el archipiélago en una decena de puntos. La alarma principal se centró en las prefecturas de Yamagata, Niigata Kaminakagetsu, Sado, Toyama, Fukui y Hyogo, ya que allí estaban previstas olas de tres metros de altura, así como en Ishikawa, donde se esperaban de cinco metros. El Gobierno movilizó al ejército y la guardia costera.

La tensa vigilia duró tres horas., un tiempo en el que los japoneses vieron llegar las olas con el miedo a que la siguiente fuera la asesina. Sin embargo, sobre las ocho y media de la tarde, el centro de seguimiento estadounidense establecido en Hawái para este tipo de fenómenos desactivó la alerta. El fin de la amenaza también se dejó sentir en partes de Rusia y las dos Coreas, que asimismo habían permanecido dentro del área de peligro de la onda marítima.

El movimiento telúrico generó auténticos desplazamientos humanos hacia las zonas altas movidos por el pavor y el desplome de muros y tejados. «Hemos salido con lo puesto, pero tenemos miedo de volver a casa por las réplicas», contaba la propietaria de un restaurante en la ciudad de Wajima, en la prefectura de Ishikawa. Al menos 36.000 hogares se han quedado sin electricidad y a las autoridades les preocupa dar cobijo a los ciudadanos ante las gélidas temperaturas nocturnas de estas fechas. El retorno a la normalidad es improbable esta semana. De hecho, el Gobierno recomendó a la población que mantenga la alerta durante los próximos días ya que existe la posibilidad de que se produzcan nuevas réplicas.

También ordenó que nadie vuelva a sus casas si se han visto afectadas por los temblores ante el riesgo de derrumbes. De hecho, el lunes hubo decenas de inmuebles dañados por el terremoto que se vinieron abajo en las horas posteriores, en las que la tierra se agitó hasta en 25 ocasiones, aunque de modo más leve.

El primer ministro, Fumio Kishida, dio orden de «enviar por aire o mar» agua, alimentos, mantas, queroseno y medicinas a las áreas más devastadas

Eiichi, una ceramista de 72 años residente en Suzu, relató en el 'Asahi Shimbun' que «estábamos viento la televisión cuando llegó el seísmo. Los largos temblores horizontales y verticales continuaron durante varios minutos y pensamos que la casa se vendría abajo, así que salimos fuera. Pude ver a familias corriendo con personas mayores a cuestas. Algunas carreteras estaban intransitables por los destrozos. Las réplicas continúan intermitentemente. Estoy insoportablemente ansiosa».

«No podía soportarlo»

«Cuando salí corriendo de casa de mis padres -relata otro vecino de la ciudad de Itoigawa, en la prefectura de Niigata-, el tren elevado Hokuriku Shinkansen temblaba ruidosamente frente a mí. Nos metimos en mi coche y esperamos. Mi hermano y mi sobrina se abrazaron y se agacharon. Miré dentro de la casa a través de la puerta abierta. Parte de la pared se había derrumbado. Los escombros estaban esparcidos por el suelo. La televisión funcionaba y de inmediato escuché a un periodista gritar: 'Se acerca un tsunami'». Maiko Hashimoto, gerente del Tabino Hotel Sado, situado en la misma región, explicó cómo «el temblor ha sido tan violento que no era posible soportarlo. Me tiré al suelo y de inmediato se disparó la alarma de terremoto en mi móvil. Todo se movía una y otra vez, y se sintió más largo que el Gran Terremoto del Este».

Los hospitales de Ishikawa, Niigata, Fukui, Toyama y Gifu asistieron al mayor número de heridos; la mayoría con alguna fractura o contusionados por el impacto de algún objeto. En algunos vídeos se aprecia cómo el seísmo sorprende a los clientes en los supermercados y los somete a los golpes de botellas y latas de conserva mientras buscan refugio. Entre las ciudades más afectadas se encuentran Kurobe y Wajima.

Dos mujeres aguardan arrodilladas en el suelo de una tienda en Kanazawa.
Dos mujeres aguardan arrodilladas en el suelo de una tienda en Kanazawa. Reuters

El paisaje de destrucción es, en cualquier caso, muy amplio. Decenas de autopistas y carreteras se resquebrajaron. Los coches abandonados en mitad de las calzadas o las cunetas dibujaban el pánico de todos aquellos que prefirieron continuar a pie en busca de refugios. El Gobierno instaló un gabinete de crisis para organizar los centros asistenciales, el reparto de ayuda y la gestión de los ferrocarriles y aeropuertos. 1.400 personas se quedaron varadas en cuatro trenes en Shinkansen

El gabinete confirmó que no se produjeron daños en las centrales nucleares, aunque algunas informaciones apuntaban a que en una de ellas se habían desbordado cientos de litros de agua de las piscinas. Los propietarios de Fukushima aseguraron que la planta, esta vez sí, permaneció a salvo del terremoto y el embate de las aguas.

«¡Corre ahora! ¡No te rindas! ¡Corre para salvar tu vida!»

La cadena pública japonesa NHK interrumpió la programación regular a las 16.06 horas (locales). Tres minutos después se registró la onda sísmica más potente. Y trece más tarde, las pantallas de los televisores se fundieron en mensajes como 'tsunami', 'huye', 'evacuar', mientras un locutor apremiaba con voz urgente: «¡Corre ahora! ¡Corre a un lugar más alto! ¡No te rindas y corre! ¡Vive! ¡Corre lo antes posible para salvar tu vida!». Entre los miles de japoneses que escucharon el mensaje figura Tashido, que este lunes contaba a los medios cómo saltó del sofá, se echó sobre los hombros a su mujer porque «una lesión en las piernas le impide andar y corrí con ella a cuestas» hasta que un vecino les subió a su coche. Vive en Sado, pero «no volveré hasta que me aseguren que ha pasado el peligro». Lamenta que no podrá contemplar la ceremonia de Año Nuevo prevista para este martes, ya que el emperador y la emperatriz han cancelado el acto «entristecidos por la magnitud del daño».

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