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El caos se extiende por África

El caos se extiende por África

Hoy, en nuestra newsletter de actualidad internacional, analizamos la situación de tres países que ejemplifican los problemas del continente

Miércoles, 2 de agosto 2023, 13:33

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Nadie duda de que la descolonización de África fue un proceso chapucero en el que muchas fronteras se demarcaron con tiralíneas sin tener en cuenta las peculiaridades socioculturales de la población que habita el continente. Además, los antiguos poderes coloniales mantuvieron su influencia y la extracción de materias primas a través de gobiernos corruptos que respondían a sus intereses e, incluso, con presencia militar, a menudo disfrazada de operaciones de paz. El saqueo continuó, pero esta vez en la sombra.

Era un cóctel explosivo que, sumado a un subdesarrollo crónico, tenía pocas posibilidades de prosperar pacíficamente. Ahora, en el escenario geopolítico africano han irrumpido con fuerza dos nuevos actores, China y Rusia, cuyo creciente peso introduce un nuevo elemento de inestabilidad. Varios estallidos de violencia ratifican claramente este complejo escenario: primero el de Sudán, y estos días el de Níger.

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Por eso, hoy ponemos el foco en el continente negro.

  • El golpe de Estado en Níger

  • La guerra entre facciones de Sudán

  • El caso de la pobreza creciente de Madagascar

Golpe de timón geopolítico

Níger se aleja de Europa y se acerca a Rusia

Hasta hace una semana, Níger era uno de los socios occidentales más importantes de la región del Sahel y un baluarte en la lucha contra el yihadismo. Estados Unidos lo definió como «un raro ejemplo de estabilidad», sobre todo teniendo en cuenta que las vecinas Mali y Burkina Faso han sufrido golpes de Estado desde que estalló la pandemia. Sin embargo, era solo cuestión de tiempo que Níger siguiese la misma suerte y, ahora, con el derrocamiento militar del presidente democráticamente elegido, Mohamed Bazoum, se ha producido un giro de 180 grados.

Curiosamente, una de las principales justificaciones de los golpistas, y de la numerosa parte de la ciudadanía que les apoya, es precisamente la falta de seguridad en el Sahel, convertido en un avispero de terroristas y guerrilleros. Muchos creen que la única forma de hacerle frente es con mano dura. Y quién mejor para echar esa mano que Rusia. Por eso, en las manifestaciones posteriores al golpe, la enseña azul blanca y roja del antiguo colonizador, Francia, se ha quemado y ha sido sustituida por otra con los mismos colores, pero en diferente orden y en horizontal.

Los mercenarios rusos de Wagner han sido los primeros en celebrar el ascenso del general Abdourahmane Tchiani, lo cual es muy revelador de quién puede estar detrás de este movimiento. Y puede que sea pura casualidad, pero el golpe se ha producido coincidiendo con la celebración de la cumbre Rusia-África en San Petersburgo, donde Vladímir Putin logró un tímido respaldo de la comunidad africana. Moscú, sin embargo, ha pedido «el restablecimiento del estado de derecho». A buen entendedor, pocas palabras bastan.

Situado en el corazón del Sahel, Níger es el séptimo mayor productor de uranio del mundo, del que se abastece Francia para obtener el combustible que utilizan sus centrales nucleares, y alberga bases militares controladas tanto por París como por Washington. Los golpistas ya han alertado de que esperan una intervención militar de los antiguos colonos, algo que los franceses han descartato. En cualquier caso, son malas noticias para la población, una de las más pobres del mundo, y buenas para las mafias, que tendrán más clientes tratando de cruzar parte de África y el mar hacia Europa.

Dos antiguos amigos enfrentados

Sudán continúa desangrándose

Dos países al este de Níger, Sudán vive una situación aún peor. Allí, los combates estallaron el 15 de abril y continúan sucediéndose. No en vano, el cierre del espacio aéreo se extendió el pasado domingo hasta el 15 de este mes, y todo apunta a que no va a ser la última extensión de esta medida. Porque el enfrentamiento entre el Ejército y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), lideradas por dos generales que eran aliados, Abdel-Fattah Burhan y Mohammed Hamdan Dagalo, se han enquistado en los alrededores de Jartum, una ciudad en llamas permanentes.

Estos dos militares acabaron juntos en 2021 con el experimento de democracia que arrancó en 2019. Dieron un golpe de Estado y tomaron el control del país. Pero no se fiaban el uno de otro, y el intento por disolver las RSF -una fuerza paramilitar- para su integración en el Ejército y poner al país de nuevo en el camino hacia la democracia hicieron que todo saltara por los aires en una cruenta lucha por el poder.

Solo puede quedar uno parece ser la consigna. El problema es que, en su particular lucha, arrastran a un país que no logra levantar cabeza a pesar de su riqueza natural y dejan un largo reguero de muertos por el camino. La mayoría de analistas vaticina que, salvo que uno de los dos logre declararse victorioso rápido, Sudán podría verse inmerso en una guerra civil. Otra más. Y, lógicamente, eso también incrementará la presión sobre los ya saturados canales migratorios hacia Europa.

Pobreza crónica

Madagascar, paradigma de los males africano

A pesar de que siempre parezca que el mundo va a peor, lo cierto es que el número de personas que sufre hambre, con algunos altibajos, ha ido disminuyendo paulatinamente. Y que la mayoría de los países ha sido capaz de reducir variables tan importantes como la mortalidad infantil a la vez que extiende la esperanza de vida. Incluso India ha logrado bajar el porcentaje de población viviendo en pobreza extrema de casi el 70% a finales de 1970 a menos del 20% en la actualidad. Pero hay excepciones, y una de ellas es Madagascar.

En esta isla del sureste de África la tendencia ha sido la contraria: ha pasado de tener a la mitad de la población en la miseria hace cinco décadas al 80% actual, un porcentaje que concuerda con el de quienes trabajan en la agricultura. Un tercio de la población es analfabeta, casi el 50% de los niños de menos de 5 años está malnutrido, un 46% de sus habitantes no tiene acceso a agua potable, y únicamente el 15% cuenta con saneamiento. Son las condiciones idóneas para que, sumado el cambio climático, se produzca la tormenta perfecta y el país explote.

El Banco Mundial se preguntaba qué debe hacer Madagascar para romper con este círculo vicioso de pobreza, y llegó a una conclusión tan evidente como utópica: encadenar varios años de fuerte crecimiento económico. Sin los mimbres que permitan una transición hacia la industria o sustenten un aumento de la productividad, y con la corrupción como bandera de la clase política, no hay nada que hacer. Si a eso se suma un territorio reducido y relativamente aislado, la dificultad se convierte en imposibilidad.

El Banco Mundial concluyó su análisis con una cita de Nelson Mandela: «Es imposible hasta que se hace». Claro que Madagascar no es Sudáfrica, sino el epítome de todo lo que no funciona en África, con la salvedad de la guerra. Es en esta coyuntura donde sale victoriosa la desesperación que impulsa a decenas de miles de personas a jugarse la vida en el Mediterráneo o el Atlántico con el fin de huír de una situación que escapa por completo al control del ciudadano de a pie.

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