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Gorbachov y Putin, en una imagen de archivo. Reuters
Veinte años de amor y odio con Putin

Veinte años de amor y odio con Putin

Gorbachov mantuvo una relación ambivalente a lo largo de las más de dos décadas en el poder del actual presidente ruso

R. C.

Miércoles, 31 de agosto 2022, 20:30

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Mijaíl Gorbachov tuvo una relación ambivalente durante los más de veinte años que Vladímir Putin lleva en el poder, apoyando sus iniciativas pero también participando en la oposición. Cuando el actual presidente accedió al Kremlin, el impulsor de la perestroika dijo que tenía un buen perfil para el cargo, pero en 2011 ya se avergonzaba de haberlo respaldado y un año más tarde criticó su «susceptibilidad» y «rencor», para devolverle su franco favor en 2018, antes de la reelección de Putin para un cuarto mandato. «Hoy es un líder que merecidamente goza del apoyo del pueblo», indicó.

Después de la caótica década de los noventa que vivió Rusia tras el colapso de la Unión Soviética y del Gobierno de la némesis de Gorbachov, Boris Yeltsin, el último líder soviético expresó sus esperanzas cuando Putin, un exagente de la KGB, fue electo en 2000. Entonces, afirmó que era «inteligente, serio, reservado y organizado». «Me gusta la gente de este perfil», añadió.

Para el ideólogo de la glasnot, Putin representó una oportunidad de estabilidad y crecimiento económico, una continuación de la transición a la democracia que él mismo puso en marcha. Incluso en 2006, cuando varios activistas expresaron su preocupación por el creciente control sobre la sociedad civil que ejercía el Kremlin, Gorbachov lo defendió y declaró: «quienes creen que Putin tiene tendencias autoritarias están equivocados».

Pero a medida que pasaron los años y las esperanzas de un desarrollo de la democracia en Rusia se iban evaporando, Gorbachov pasó a emitir algunas críticas veladas y después a realizar ataques frontales. Las acusaciones de fraude que lastraron las elecciones parlamentarias de 2011 endurecieron su actitud, a lo que se sumó la decisión de Putin de optar a un tercer mandato, algo no contemplado y sin precedentes, para en 2013 denunciar «una economía monopolizada» y que la corrupción había tomado «proporciones colosales». Pero desde aquella época Gorbachov no fue más que una espina a la que se ignora aunque irrite.

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