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Demostración del poder nuclear ruso durante un desfile en Moscú EFE
Kiev pide una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU contra el «chantaje nuclear» ruso

Kiev pide una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU contra el «chantaje nuclear» ruso

La UE considera que el despliegue de armas atómicas en Bielorrusia supone una «escalada» de la tensión y la OTAN rechaza la «retórica peligrosa e irresponsable» de Putin

Domingo, 26 de marzo 2023

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Ucrania solicitó ayer una reunión de urgencia al Consejo de Seguridad de la ONU para «contrarrestar el chantaje nuclear del Kremlin» tras el anuncio de su presidente, Vladímir Putin, de desplegar armas tácticas en Bielorrusia. La cancillería ucraniana advirtió que espera «acciones efectivas» del Reino Unido, China, Estados Unidos y Francia y consideró que la iniciativa rusa «viola el tratado de no proliferación nuclear», al contrario del argumentario de Moscú, que defiende que también Estados Unidos mantiene proyectiles atómicos en otros países de la OTAN. Precisamente, tanto la Alianza Atlántica como Washington han señalado que permanecen «alertas» ante los pasos de Rusia.

Bielorrusia volverá a disponer de armas nucleares veintisiete años después de devolver el arsenal hererado de la antigua URSS a Moscú como parte de un protocolo que implicaba a todas las exrepúblicas soviéticas. Incluida Ucrania, que tras desgajarse de la Unión Soviética le correspondieron algo más de mil ojivas atómicas.

La decisión del presidente ruso, Vladímir Putin, de equipar a su país aliado con misiles capaces de portar cargas radioactivas mantiene a Occidente expectante. El jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, ha explicado que se trata de «otra escalada del conflicto», además de una nueva «muestra de la colaboración del régimen dictatorial de Bielorrusia con Rusia». Borrell es partidario de mantener la presión y poporcionar apoyo político y financiero a la oposición bielorrusa, que si bien representa una manera de castigar el «grado de dependencia» de Minsk respecto al Kremlin es observado con cautela por algunos países aliados, que prefieren hacer del desprecio el mejor aprecio ante una eventual y arriesgada extensión del conflicto.

Putin y Lukashenko se estrechan la mano durante una reunión. Reuters

El Gobierno ucraniano coincide con Borrell en que la decisión de Putin convierte a la exrepública en «rehén nuclear» de Moscú, según el responsable del Consejo Nacional de Seguridad, Oleksiy Danilov. Sin embargo, a su juicio, el despliegue no tardará en volverse contra el Ejecutivo de Alexander Lukashenko, ya que podría aumentar el rechazo popular a su Ejecutivo y desatar una oposición social general a Rusia.

Argumentos «engañosos»

De momento Estados Unidos ha optado por un mensaje de calmada cautela. La Casa Blanca ha señalado que sus informes de Inteligencia no revelan que el Kremlin haya puesto en práctica dinámica alguna para activar su arsenal atómico, que sería la primera señal auténtica de alarma. «No hemos visto ninguna razón para ajustar nuestra propia postura nuclear estratégica ni ningún indicio de que Rusia se esté preparando para utilizar un arma de este tipo», declaró el portavoz del Departamento de Estado, Vedant Patel, en la noche del sábado a la cadena CNN. No obstante, el Gobierno estadounidense «seguirá vigilando las implicaciones» del plan anunciado por Putin.

El Pentágono está acostumbrado, en cualquier caso, a las bravatas del mandatario ruso, que al menos en tres ocasiones anteriores desde el inicio de la invasión ha amagado con incrementar la tensión nuclear. Incluso, el 28 de febrero de 2022, apenas iniciada la guerra, el presidente ordenó poner en «modo especial de combate» su arsenal atómico en vísperas de una negociación con Kiev, presumiblemente como un método para intentar frenar a los país a los aliados occidentales en sus duras críticas a la invasión.

También la OTAN se ha declarado este domingo «vigilante» y ha precisado que «estamos siguiendo la situación de cerca. No hemos visto cambio alguno en la postura nuclear de Rusia que nos lleve a ajustar la nuestra», ha añadido la portavoz Oana Lungescu, tras ratificar que la Alianza estña «comprometida con proteger y defender a todos los aliados de la OTAN»». Lungescu ha criticado al Kremlin porque su «retórica» resulta «peligrosa e irresponsable» y calificado de «totalmente engañosas» las manifestaciones de Putin para defender el despliegue en Bielorrusia.

El presidente chino, Xi Jinping, presentó esta semana su plan de paz para Ucrania a su homólogo ruso en Moscú EFE

El jefe del Kremlin ha explicado que su iniciativa no incumple el Tratado Contra la Proliferación de Armas Nuncleares y recuerda que EE UU tiene distribuidas decenas de misiles atómicos en sus bases en territorio OTAN, especialmente en Alemania e Italia. La Alianza destaca al respecto que todos esos misiles cumplen las condiciones del tratado internacional y en todo caso se encuentran bajo el control exclusivo de Estados Unidos. De hecho, están depositados en bases norteamericanas y sus códigos de activación se hallan exclusivamente en manos del Pentágono. Sin ellos, se trata únicamente de chatarra de alta teconología. Este cierre de seguridad persigue que ningún grupo terrorista pueda apropiarse de misiles atómicos ni tampoco ninguno de los países donde están almacenados en el supuesto de que hubiera un golpe de Estado.

La cuestión china

En una entrevista difundida este domingo, y adelantada el sábado en el fragmento donde anunciaba el despliegue en Bielorrusia, Putin ha vuelto a tirar de su argumentario más retórico. Acusa a los aliados de Ucrania de ser «los instigadores de este conflicto» y alerta de que «Occidente está comenzando a construir un nuevo eje similar al que fue creado allá por la década de 1930 por los regímenes fascistas de Alemania e Italia y el Japón militarista».

En cualquier caso, Putin camina sobre una fina línea. Lejos de convertir a Lukashenko en un «cautivo» de su estrategia bélica, cumple sus deseos de recuperar al menos parte del antiguo poder atómico que Minsk debió devolver a Moscú en 1996. Lo venía pidiendo insistentemente para poder responder, al menos desde el miedo a la destrucción mutua, al despliegue de la OTAN en Polonia. Pero nadie sabe hasta qué punto el presidente ruso va a contrariar a su homólogo chino, Xi Jinping, que hace solo unos días le presentó su plan de paz en Moscú. Esta propuesta deja claro que «las armas nucleares no deben usarse» ni siquiera como amenaza o elemento de disuasión y el presidente ruso ni siquiera ha tardado una semana en hacer oídos sordos a tal condición.

Xi afronta desde mañana tres semanas de suma importancia con un ciclo de visitas de mandatarios europeos –Pedro Sánchez, Ursula von der Leyen, Emmanuel Macron y Josep Borrell– además del brasileño Lula da Silva, a quienes quiere convencer de las bondades de su plan. El líder comunista está persuadido de que con Europa y la región iberoamericana a su favor, será mucho más sencillo organizar una cumbre de paz entre Rusia y Ucrania al amparo de su propuesta. Pero si ya era complicado convencer a unos interlocutores que ven a Pekín proactivo con Moscú, ahora es seguro que Xi deberá afrontar la presión añadida de verse forzado a responder a la pregunta de qué opina del despliegue en Bielorrusia y su aparente contradicción con las condiciones de la paz.

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