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Paula Gil visitó ayer la sede de Médicos sin Fronteras en Bilbao. JORDI ALEMANY
«El sistema de ayuda humanitaria en Ucrania está colapsado»
Paula Gil - Presidenta de Médicos Sin Fronteras en España

«El sistema de ayuda humanitaria en Ucrania está colapsado»

La primera enfermera que accede al cargo echa en falta un «liderazgo valiente» para asumir los retos a los que se enfrenta el planeta

gerardo elorriaga

Jueves, 12 de mayo 2022, 00:08

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No hay actualmente un doctor al fr ente de la sección española de Médicos Sin Fronteras (MSF). Paula Gil, su nueva presidenta, es enfermera y su acceso a ese cargo supone el fruto de una reforma estatutaria. «No tenía sentido que no pudiéramos alcanzar la dirección porque somos un enorme colectivo profesional que lleva años trabajando en primera línea y, además, a cada paciente lo atiende un equipo multidisciplinar», aduce. La dirigente de la ONG, recientemente nombrada, ha visitado Bilbao para celebrar una reunión de trabajo.

- En países africanos como Zimbabue, las enfermeras suelen dirigir los hospitales.

- Hay diferencias importantes entre el Norte y el Sur. En lugares con falta de médicos, el personal tiene que asumir responsabilidades que aquí no tienen. Los profesionales congoleños, centroafricanos, sudaneses o yemeníes, con un nivel altísimo, cuentan con un gran conocimiento de las patologías locales. Los extranjeros que acuden a estos países aportan una visión de gestión de equipo.

- Las crisis eran enormes y, entonces, llegó Ucrania.

- Lamentablemente, somos más necesarios que nunca. El año pasado se contabilizaron 84 millones de desplazados forzosos, cifras que no se habían visto nunca. Ucrania supone un cambio geopolítico increíble. Cada vez hay más necesidades y no se puede dar respuestas a todas. El sistema de ayuda humanitaria está colapsado.

- ¿Cómo se enfrentan a la crisis en un país tan grande y poblado como España?

- Es una guerra terrible, con un elevado nivel de violencia contra la población y las infraestructuras sanitarias, y falta de acceso a determinadas zonas. Pero las instituciones sanitarias ucranianas son buenas, no como las afganas, yemeníes o malienses, que soportan años de crisis y falta de recursos. Focalizamos en formarlos para hacer frente al flujo masivo de heridos de guerra, algo a lo que no están acostumbrados. Afortunadamente, no vemos campos de refugiados porque Europa ha abierto sus puertas, aunque nos da rabia que esta medida no se aplique a gente que huye de otros conflictos.

LAS FRASES:

  • Crisis mundial. «Es una guerra terrible, con un elevado nivel de violencia contra la población»

  • Globalización. «Todo está conectado y la pandemia nos ha enseñado que no existen fronteras»

- La acción humanitaria es cada vez más compleja porque los hospitales ya no sufren tan solo daños colaterales, sino que se convierten en objetivo.

- No se respetan las leyes de la guerra. Se producen ataques a convoyes de huidos, hospitales o estaciones. También se criminaliza el trabajo de las organizaciones humanitarias. En el Sahel, para acceder a los pacientes, hay que negociar con grupos armados y gobiernos, que nos asocian con ellos. El espacio humanitario se reduce cada vez más y hay que poner mucho más cuidado en la seguridad. Asimismo, se nos criminaliza asociándonos con mafias, tachándonos de facilitadores de la emigración.

Mal nutrición

- ¿Qué consecuencias globales comporta el conflicto en Ucrania?

- Llueve sobre mojado. Tras años de crisis, guerra en Etiopía, covid y el impacto del cambio climático, nos hallamos ante estadísticas de malnutrición que asustan. Buena parte de los habitantes del Cuerno de África depende de la ayuda humanitaria para comer y las ONG carecen de fondos. Las consecuencias serán nefastas.

- La crisis de Afganistán ha quedado desplazada completamente por los últimos acontecimientos.

- La crisis es especialmente dolorosa. Mereció atención durante cuatro días en verano y se acabó. Cuando llegaron los talibanes se congelaron las cuentas bancarias y, desde entonces, se han perdido medio millón de puestos de trabajo. La mejora de la seguridad supuso que sus habitantes acudieran en masa a los hospitales y se han descubierto indicadores de salud imposibles. Ahora, la seguridad ha empeorado. El país no levanta cabeza.

- ¿Cómo se presenta el futuro en el ámbito de las emergencias?

- El panorama no es esperanzador. Nosotros cambiamos la vida de las personas que atendemos, pero falta un liderazgo valiente entre aquellos que toman las decisiones trascendentes. Predomina la visión de nosotros primeros, no hay consciencia de que no hay Norte y Sur, de que todo está conectado y de que lo que pasa hoy en Afganistán pronto tendrá consecuencias en Europa. La pandemia nos ha enseñado que no existen fronteras.

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