Borrar
Un Alpine A 110 español en su cuna, en el Valladolid Motor Vintage P.F.
Los Alpine A 110 de FASA-Renault, nacidos en Valladolid

Los Alpine A 110 de FASA-Renault, nacidos en Valladolid

El sonido que llegaba a mis oídos tenía un timbre especial y en nada se parecía a los filtrados y catalizados de los automóviles de hoy día. Sonido puro, sensaciones puras que me trasladaban al pasado, a un tramo de cualquier rally de mi juventud. De pronto la nariz de una «Berlinette» apareció ante mis ojos, una de las A 110 que FASA-Renault fabricó entre 1967 y 1978

Santiago de Garnica Cortezo

Viernes, 29 de diciembre 2023, 11:01

Necesitas ser registrado para acceder a esta funcionalidad.

Opciones para compartir

Bueno, en realidad la aventura de los Alpine españoles se había iniciado cuatro años antes, en 1963 con los A 108 Cabrio y Coupé en un espacio de tan solo 500 metros cuadrados dentro de la nave de Montaje 1. El A 110 de FASA aparecerá en 1967 ya en unas nuevas naves que aún hoy día se pueden contemplar desde la carretera de Madrid. El A110 español llegó con el motor del Caravelle 1100 S, al igual que el A 110 francés cuando nació en 1963, si bien el galo ya montaba una mecánica Gordini de 1.255 cc en 1967.

En España, ese motor inicial de 51 CV iría evolucionando de la mano del equipo de D. Francisco Conde Díez-Alegría, el padre de los Alpine españoles, hasta alcanzar cerca de 60 CV, una potencia que hoy puede parecer a muchos modesta pero que, si tenemos en cuenta que había de mover tan solo unos 680 kilos, la relación peso/potencia (algo que hoy parecen olvidar algunos fabricantes de seudo deportivos) era interesante.

El motor del R 12 TS subido 70 CV latía bajo el capó desde 1970, hasta que, en 1977, se monta el del R5 Copa P.F.

Y aún mejor panorama con el A 110 1300, que llegó en 1970 con el motor del R12 TS subido a 70 CV y que con casi mil unidades producidas fue el Alpine por antonomasia. En FASA no había intención de fabricar el nuevo A 310 presentado en Ginebra en 1971 y que conviviría con la Berlinette durante varios años. Por ello el equipo de Conde lanzó en 1977 el A 110 con el motor del R5 Copa de 1.397 cc con mecánica de culata hemisférica (la del R5 Alpine francés) como los Gordini, el sueño de los «Alpinistas» españoles durante años. Hubo bastantes 1300 a los que sus propietarios montarían este motor, preparación que por ser clásica de la época no desvirtúa para nada la pureza de los ejemplares así conservados hoy día.

El A 110 1400, que no tenía equivalente en Francia donde disfrutaban de sus A 110 1600 para nuestra envidia, fue el canto del cisne de los Alpine españoles. Sus 80 CV movían tan solo 710 kilos.

El diseño evoluciona mucho a partir de 1969, con pasos de rueda traseros ensanchados o los faros de largo alcance incorporados en el frontal P.F.

Motor pequeño pero pocos kilos, la fórmula de Jean Rédélé, el creador de los Alpine. En la biografía de Jean Claude Hallé sobre el famoso y malogrado piloto de Fórmula 1 François Cevert cuenta como éste, que había sido contratado por Rédélé como vendedor, un día al volante de un Alpine se picó con el conductor de un Jaguar. Al llegar juntos al peaje de la autopista el dueño del coche británico preguntó a Cevert que potencia tenía aquel pequeño deportivo al que no había podido superar. Cuando escuchó la baja cifra se quedó sorprendido, momento que Cevert aprovecho para fijar una cita de pruebas. Fue el único Alpine que el gran piloto francés logró vender en su corta y no muy brillante trayectoria comercial, destinada a sacar un dinero para las carreras que su padre no estaba dispuesto a darle.

«FASA», cuatro letras cargadas de historia que dan apellido al A 110 español P.F.

Pero volvamos a Valladolid, a las naves de la carretera de Madrid, donde FASA-Renault fabricó 528 unidades del A 110/1100; 908 del 1300; y tan solo 130 del 1400. De estas Berlinetas A 110, o de sus predecesores, hablamos de los A 108 Coupé y Cabrio de los que se fabricaron en Valladolid 161 y 111 unidades respectivamente, muchas desaparecieron tras una vida agitada en competición, otras, demasiadas, han tomado el camino de garajes de aficionados extranjeros, y algunas quedan en España.

A bordo

Subirse a un Alpine exige alguna contorsión que otra, ya dentro uno se siente como parte del coche. El conductor, una vez que se ha deslizado ante el volante, se encuentra con los pies ligeramente desviados hacia la derecha. Como esto hace que todo el cuerpo esté girado, el desvío del volante no molesta y le hace caer entre las manos de una forma natural. En el cuadro de mandos los dos enormes relojes del velocímetro y cuentavueltas rodean otros tres más pequeños: presión, temperatura del aceite, y un amperímetro.

Espacio estrecho, pero hace sentirnos como parte del coche P.F.

La caja de cambios es delicada de manejar, como todas las de los Renault de esta época. El escalonamiento es bueno y los desplazamientos de la pequeña palanca resultan cortos pero los sincros no hacen fácil los cambios y exigen un cuidado extremo. También, a pesar de la experiencia del conductor en competición, la frenada (confiada a discos Lockheed Bendix) no es fácil de dosificar. «Es un coche complicado si se pretende acercarlo a los límites, sacarle todas sus esencias» nos comenta José Luis López, afortunado propietario de un A 110. «Y más si es una pieza de colección» pienso para mí mientras la vista se detiene en unas sospechosas humedades del asfalto sobre el que rodamos. Y el obligado pero natural comentario dentro del habitáculo mientras las curvas se suceden ante nuestros ojos es de admiración hacia los Therier o Andruet en Francia, o a nuestros Tramont, Pradera o Miguel Martínez, que entre otros brillaron con las Berlinettas en los rallyes.

Un coche delicado si pretendemos sacarle todas sus esencias, nos dice José Luis López, propietario de un A 110 P.F.

Y es que no se puede olvidar que estamos ante un coche con ADN de carreras. Su creador Jean Rédélé había comenzado a correr en 1950 en rally con un 4/4. Sobre la plataforma de uno de estos creó su primer Alpine. Y luego llegarían las Berlinettas con las carrocerías de fibra de vidrio en las que se integraba un chasis monoviga y el motor colgando por detrás del eje posterior, que ofrecían una increíble combinación de resistencia, ligereza y prestaciones, cualidades que les permitieron alcanzar un extraordinario palmarés en competición y que dejaron un conjunto de inolvidables sensaciones a cualquiera que se pusiera a su volante. El Alpine es una invitación a sentir la pasión al volante, algo hoy difícil de encontrar en coches cargados de caballos, cierto, pero también de kilos y ayudas electrónicas.

Más información

Afortunadamente el actual Alpine A 110, nacido en 2018, ha sabido llevar, y no solo en estética, todo ese espíritu a los tiempos actuales, pero eso es otra historia que les contaremos algún día.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios