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Viggo Mortensen posa para los fotógrafos, en el photocall de 'Hasta el fin del mundo'. EP
«La base de casi toda la violencia es el miedo a lo desconocido»

Viggo Mortensen

Actor y director
«La base de casi toda la violencia es el miedo a lo desconocido»

«El wéstern no va a morir nunca», asegura el intérprete, que estrena en cines 'Hasta el fin del mundo', su segunda película como director

Iker Cortés

Madrid

Viernes, 10 de mayo 2024, 00:28

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La muerte acapara los primeros minutos de 'Hasta el fin del mundo', la segunda película escrita y dirigida por Viggo Mortensen (Nueva York, 65 años), un wéstern, de tono solemne y ritmo pausado, que este viernes llega a la cartelera española. Una masacre en el corazón de Elk Flats, un pueblo de Nevada, a manos de un tipo ataviado con un largo abrigo negro, que se aleja con una tranquilidad pasmosa del escenario del crimen, se funde con el fallecimiento de Vivienne Le Coudy (Vicky Friekks), la esposa del sheriff del pueblo, Holger Olsen (Viggo Mortensen), en la quietud del hogar.

A raíz de la matanza, la justicia se lleva por delante la vida de un inocente, mientras Olsen, que acaba de enterrar a su mujer, devuelve la estrella de sheriff al alcalde y emprende un largo viaje junto a su hijo de corta edad. A partir de ahí, la trama va saltando entre dos líneas temporales, la que desgrana la historia de amor entre Vivienne y Holger, y la que cuenta este trayecto de destino incierto, revelando, poco a poco de forma muy estimulante, las cartas que el guion guarda bajo la manga.

«La historia salió con esa estructura, más o menos, en la primera versión del guion», explica Mortensen desde un céntrico hotel de Madrid, donde le espera una maratoniana jornada de promoción de la película. «Pero tras la primera versión de lo que quieres compartir, te preguntas cuánto puedes quitar y seguir contando lo mismo, con la misma fuerza y la misma lógica. En una película hay que ser muy estricto con eso, especialmente si la has escrito, hay que ser hasta cruel para que fluya y tenga ritmo», reconoce.

Más allá de su original estructura y de una exquisita fotografía con paisajes deslumbrantes, otro de los hallazgos del filme es el personaje femenino que centra buena parte del argumento. Vivienne, a quien Friekks borda, es una mujer rotundamente feminista, independiente y testaruda en un contexto que no podía ser más contrario. «La inspiración fue la personalidad de mi madre. Era una mujer de su época, madre de tres hijos, ama de casa, pero con mucha imaginación y con una libertad de pensamiento y de movimiento dentro de las limitaciones de su tiempo y de su época».

Es probable que no hubiera muchas Vivienne en la época. «Igual sí», cuestiona Mortensen, «el problema es que no importaba o no se contaban sus historias. Precisamente, nosotros queríamos contar qué pasa con las mujeres y las niñas cuando sus padres, sus hermanos o sus parejas se van a luchar en las guerras masculinas». Y es que, de fondo, a través de las ausencias y la espera, el filme también da buena cuenta de la corrupción sistémica y los abusos de poder en una Estados Unidos que aún se estaba configurando con la guerra entre unionistas y confederados.

No considera el director que venir del mundo de la interpretación te convierta en un buen director de actores. «Depende, si has sido un actor que se encierra en su camerino y llega con una idea fija de lo que va a hacer, sin prestar mucha atención a las necesidades, a lo que aportan los otros actores o a lo que le dice el director, pues no sé. pero si eres un actor al que siempre le ha interesado todo lo que conlleva hacer una película y el trabajo en equipo, entonces sí».

Un villano machista y racista

Solly McLeod encarna a Weston Jeffries, el villano de la función, un tipo machista y racista al que el espectador va descubriendo con el resto de personajes. Al hilo de la actual polarización en Estados Unidos y del resurgir de la ultraderecha y el racismo en todo el planeta, cabe preguntarle a Mortensen si el ser humano nunca aprende. «Bueno, hay que educar a cada generación ante cualquier prejuicio, ya sea racismo, machismo o misoginia. La gente piensa que, cuando hay progreso y leyes que establecen que no se pueden hacer determinadas cosas, ya está, ya hemos llegado, pero a cada nueva generación hay que enseñarles a no tener miedo al otro porque la base de casi toda violencia, crueldad y casi cualquier prejuicio es el miedo a lo desconocido, a lo otro. Y hay políticos que utilizan ese miedo y esa ignorancia para conseguir poder y mantenerlo», subraya.

En este sentido, considera que el arte debe contar historias que hablen de estos temas o que los saquen a la luz. «Aunque yo no hago un cine político o idelógico como punto de partida, sí creo que ciertos aspectos que pasan en ese momento histórico se pueden comparar con el presente», señala.

No se le escapa al cineasta que el wéstern está en horas bajas, aunque está convencido de que «no va a morir nunca». «Es verdad que ahora es un poco retro, y que los niños de hoy, a menos que sus padres sean cinéfilos o fans del género, no se imaginan siendo vaqueros».

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