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Mahito y la criatura que se oculta bajo la forma de garza en el filme de Miyazaki.
La fantasía sin límites del maestro Miyazaki inaugura San Sebastián

La fantasía sin límites del maestro Miyazaki inaugura San Sebastián

El Disney japonés recibe el primer Premio Donostia de esta edición y estrena 'El chico y la garza' diez años después de anunciar su despedida

Oskar Belategui

San Sebastián

Viernes, 22 de septiembre 2023, 18:28

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Nada más aparecer el logo del Estudio Ghibli al inicio de los créditos de 'El chico y la garza', un Kursaal abarrotado a las nueve de la mañana estalló en aplausos. Es la prueba de la pasión que despierta Hayao Miyazaki, que ha tenido el doble honor de inaugurar fuera de concurso este viernes la 71 edición del Festival de San Sebastián y de recibir un Premio Donostia que, a sus 82 años, recogió de manera 'virtual'. Según José Luis Rebordinos, responsable del Zinemaldia, Miyazaki es «el animador más importante de la historia del cine», de ahí que se califique de Disney japonés al autor de maravillas como 'El castillo en el cielo', 'Mi vecino Totoro', 'Nicky, la aprendiz de bruja', 'Porco rosso', 'La princesa Mononoke', 'El viaje de Chihiro', 'El castillo ambulante' y 'Ponyo en el acantilado'.

Tráiler de 'El chico y la garza'.

'El chico y la garza', que llegará a los cines españoles el 27 de octubre', es la primera película de Miyazaki desde que hace diez años anunciara su despedida con 'El viento se levanta'. Arranca con un Tokio en guerra y un chaval que pierde a su madre en el bombardeo de un hospital. Mahito debe emprender una nueva vida en un pueblo junto a su padre, empresario, y su compañera, que espera un hijo y es la viva imagen de su madre fallecida. Una garza real parece dar la bienvenida al chaval en su nuevo hogar, que alberga una misteriosa torre que edificó un antepasado de sospechoso parecido físico a Edgar Allan Poe. Una puerta a la fantasía que el protagonista no tardará en traspasar.

Una imagen de 'El chico y la garza'.

Dos Oscar, un Oso de Oro en Berlín y el León de Oro a toda una carrera en Venecia avalan la filmografía de Miyazaki, que ya trabajaba en las series de dibujos japoneses que TVE emitía en los años 70, como 'Heidi' y 'Marco'. Gracias a su obra la imaginería japonesa ha logrado instalarse en el subconsciente colectivo en un mundo colonizado por la animación estadounidense. Los ojos enormes de Mahito son los mismos que veíamos en los personajes de aquellas series. En estos tiempos actuales de películas de dibujos frenéticas y argumentos enrevesados con multiversos, la animación tradicional de Miyazaki posee un tempo que permite detenerse en los fondos y dejarse arrastrar como si nos sumergiéramos en un sueño.

Escribe el crítico Jordi Costa en la revista del Zinemaldia que Miyazaki es un poeta que, ya en plena madurez, supo dibujar y pensar como un niño. En 'El chico y la garza' conviven el realismo de un bombardeo sobre Tokio, con copos de fuego que caen del cielo, con grotescos universos telúricos habitados por bandadas de pelícanos y periquitos gigantes devoradores de niños. La esencia de 'Los viajes de Gulliver' y 'Alicia en el País de las Maravillas', que se puede rastrear en títulos como 'El castillo en el cielo' y 'Mi vecino Totoro', aquí también está presente. El diseño caricaturesco de personajes perfeccionado en 'El viaje de Chihiro', el primer filme de animación en ganar un gran festival como Berlín, vuelve a brillar en las sirvientas de la casa y en un ser grotesco que adopta el camuflaje de la garza para ayudar al héroe protagonista.

Hayao Miyazaki en el Festival de Venecia de 2008.

'El chico y la garza' se exhibió, como toda la sección oficial, en una triple traducción al castellano, inglés y, por primera vez desde este año, euskera. Atrapará por igual al público infantil y al adulto porque habla de sentimientos primigenios, como la orfandad y la búsqueda de una madre. Aunque a uno le desborden los universos fantásticos en los que ya no reina la lógica, Miyazaki regala momentos mágicos que ninguna otra película depara, como un niño orinando bañado bajo la luz de la luna o un pasillo con sus paredes recubiertas de libros que una suerte de troll nos invita a recorrer.

El sello Ghibli (una palabra italiana que bautiza a un viento cálido del desierto de Libia) es garantía de sensibilidad, poesía y una técnica de animación prodigiosa. Los fans de Miyazaki gozarán en territorio conocido: hay heroínas independientes que generan fuego con sus manos, letraheridos románticos, elogios del conocimiento y hasta un guiño a la aviación, eterna obsesión del maestro. Un gozoso arranque de festival sumergidos en la fantasía como antídoto frente a los viejos fantasmas del pasado que monopolizaron la atención en otra sección.

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