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Rocket, a los mandos de la nave. R. C.
'Guardianes de la Galaxia: Volumen 3', la más emotiva de la franquicia

'Guardianes de la Galaxia: Volumen 3', la más emotiva de la franquicia

La tercera entrega de la trilogía dirigida por James Gunn es también la más seria de la saga y su mayor lastre es su exagerada duración

Iker Cortés

Madrid

Jueves, 4 de mayo 2023, 10:02

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'Guardianes de la Galaxia: Volumen 3' huele a despedida. No a una tan abrupta como la de 'Vengadores: End Game', pero sí a un cambio de roles y esquemas en la franquicia. Y tiene sentido porque James Gunn, el tipo que deslumbró a todos en 2014 con la primera entrega de la saga, es desde noviembre de 2022 el máximo responsable de la competencia, esto es DC Studios, para los que ya dirigió la última encarnación de 'El Escuadrón Suicida' y 'El Pacificador'. Pero antes de que Gunn se meta de lleno a reformular el Universo DC, debía acabar lo que había empezado. Y eso nos lleva a 'Guardianes de la Galaxia: Volumen 3'.

Los primeros acordes de 'Creep', la manoseada canción de Radiohead en su versión acústica, ya dan a entender que estamos ante una cinta del autor -a lo largo de la cinta sonarán temas como 'Dog Days Are Over' de Florence + The Machine, 'No Sleep Till Brooklyn' de Beastie Boys o 'Badlands' de Bruce Springsteen-. Rocket enchufa la melancólica pieza por los altavoces de Sapiencial, el cuartel general de los Guardianes de la Galaxia, y la cámara muestra cómo están los peculiares héroes. El que peor lo lleva, sin duda, es Peter Quill, también conocido como Star-Lord (Chris Pratt). Este amante de la música de los ochenta y los noventa pasa los días aferrado a la botella, incapaz de entender que la Gamora (Zoe Saldana) que ha vuelto a la vida ya no le recuerde. Ni Drax (Dave Bautista), ni Nebula (Karen Gillen), ni Rocket (Bradley Cooper), ni Groot (Vin Diesel), ni Mantis (Pom Klementieff) son capaces de levantar su ánimo.

Peter solo despertará de su letargo cuando Rocket caiga en coma tras el brutal ataque de un devastador, una suerte de semidios creado por el villano de la función, el Alto Evolucionador (Chukwudi Iwuji), que parecía querer llevarse al intrépido guardián. Confundido por lo que acaba de suceder, el equipo trata de salvar la vida a Rocket, pero en su empeño descubre que el laboratorio del que salió implementó en él un chip que podría matarlo ante cualquier intervención quirúrgica. Ante esa realidad, al equipo no le queda más remedio que tratar de infiltrarse en Orgosphere, la sede del laboratorio que parece tener la clave para salvar la vida de su amigo.

Tres fotogramas de la película.
Imagen principal - Tres fotogramas de la película.
Imagen secundaria 1 - Tres fotogramas de la película.
Imagen secundaria 2 - Tres fotogramas de la película.

Comienza así una película notable, hecha con mimo -los efectos especiales no son la repanocha, pero tampoco provocan sonrojo- y bastante más refinada que las últimas producciones de la factoría Marvel -esta es la segunda que se estrena este año y hace la número 32-, cuyo argumento se bifurca en dos: por un lado, los esfuerzos de Star-Lord y los suyos por recuperar a Rocket; por el otro, la historia que ahonda en los orígenes de Rocket, una trama que convierte 'Guardianes de la Galaxia: Volumen 3' en la película más emotiva de la franquicia y que se mueve entre el dolor, el sufrimiento, el miedo y la pérdida, acercándose a títulos como 'Frankenstein', 'La isla del doctor Moreau', con sus experimentos animales, e incluso 'La mosca', con esas cápsulas en las que el Alto Evolucionador trata de perfeccionar las especies.

Es, también, la cinta más seria de la saga y no hay ni un solo pero en ello porque no desentona, al fin y al cabo Rocket siempre se había mostrado reacio a hablar de un pasado que siempre intuimos tortuoso. En este sentido, el guion escrito por James Gunn, Dan Abnett y Andy Lanning parece estudiado al milímetro y aunque parece casi un mundo aparte, sin conexión directa con el abarrotado Universo Marvel, las arregla para explicar lo sucedido anteriormente -la relación entre Gamara y Peter, por ejemplo- sin necesidad de recurrir a la voz en off.

Eso no significa que el largometraje esté exento de humor. De hecho, la trama protagonizada por el equipo, cuyas dinámicas van cambiando y evolucionando a lo largo del metraje y con esa sensación de urgencia que invade para bien toda la película, mantiene la comedia que tan célebre ha hecho a la franquicia, si bien con algo menos de fuerza. Aún así, tiene momentos muy divertidos y la irrupción en Orgosphere, esa estación espacial viva y orgánica que remite a la nueva carne de Cronenberg, con esos guardas de seguridad de trajes imposibles y comandados por un descacharrante Nathan Fillion, es una buena muestra de ello.

Al peso más grave de la narración contribuye un villano con carisma y enloquecido, del que los héroes apenas hacen bromas, capaz de construir una Contra-Tierra buscando una perfección a base de eugenesia, fascismo, y un estilo felices años veinte que da pie a secuencias muy potentes, tanto en el apartado visual como en su significado; así como unas escenas de acción vibrantes y poderosas con algún que otro plano secuencia, entendemos que más falso que un billete de treinta euros, espectacular.

Hasta aquí todo sería bueno si no fuera porque, una vez más, la cinta se hace demasiado larga y puede agotar la paciencia del espectador, un mal de las películas evento con el que nadie parece estar dispuesto a acabar. Para muestra un botón, cada película de la trilogía ha durado siempre un poco más que la anterior: de las 2 horas y dos minutos de la primera, a las 2 horas y 17 minutos de la segunda y a las 2 horas y 30 minutos de la última. Y sí, claro que se pueden eliminar secuencias de la sala de montaje. Ojalá Gunn hubiera metido la tijera porque habría dado del todo en la tecla.

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