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Juan Diego Botto, director de 'En los márgenes'. Juanjo Martín / Efe
Juan Diego Botto presenta 'En los márgenes | «En España no hay segundas oportunidades»

Juan Diego Botto: «En España no hay segundas oportunidades»

El actor debuta en la dirección con 'En los márgenes', una película protagonizada por Penélope Cruz y Luis Tosar, que aborda a través de tres historias entrelazadas el horror del desahucio

Iker Cortés

Madrid

Viernes, 7 de octubre 2022, 03:54

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Cuenta Juan Diego Botto (Buenos Aires, 47 años) que fue Penélope Cruz quien lo animó a sentarse en la silla de dirección. Lo hizo tras asistir a una obra de teatro que el propio actor había escrito y protagonizado. «Me sugirió que escribiera algo para que lo hicieramos juntos y, tiempo después, empece a escribir la historia de una pareja que estaba viviendo la última noche antes de su desahucio», explica. Aquella trama, coescrita con su pareja, la periodista Olga Rodríguez, ya es una realidad y se llama 'En los márgenes'. Protagonizada por Cruz y Luis Tosar, la ficción aborda el drama de los desahucios a través de tres historias entrelazadas: la de un abogado (Tosar) que se desvive por los demás, una mujer (Cruz) que está a 24 horas de que la echen de casa junto a su hijo, y una anciana que pasa en soledad todo este proceso.

-No es un debut fácil, ¿por qué quiso poner el foco en los desahucios?

-Me interesó. Lo comenté con Olga y ahí empezamos un largo proceso de documentación y de conocer familias que están viviendo este proceso, trabajadores sociales, abogados… Las distintas partes del proceso. Y lo que nos ocurrió es que una vez que vimos esa realidad, nos sentimos atrapados y nos vimos en la necesidad de intentar contarlo y eso terminó convirtiéndose en 'En los márgenes'.

-Es una realidad que buena parte de la población ha acabado asumiendo sin más, ¿por qué?

-Tiene que ver con muchos y distintos factores. En parte sucede porque todo lo que termina cronificándose cae de los informativos, cuando algo ocurre todos los días, se deja de informar sobre ello. Quizás se recuerda el Día de la Vivienda y se vuelven a dar datos, pero en general lo que se cronifica deja de ser novedad y deja de ser noticia. Luego, también, porque supongo que para tratar de tirar adelante cada día dejamos de humanizar el rostro de lo más duro que sucede a nuestro alrededor y que tiene que ver con la precariedad. En España se producen alrededor de cien desahucios al día, viviendo situaciones extremadamente dolorosas y angustiosas. Son realidades que miramos poco.

-¿Hay alguna manera de evitar esa pérdida progresiva de la sensibilidad?

-No lo sé. Sí creo que de alguna manera la ficción, el cine, el teatro o la televisión puede acercarnos a gran parte de estas realidades desde un lugar mucho más humano y empático, poniendo nombres, apellidos, rostros y emociones a lo que muchas veces no dejan de ser datos estadísticos o titulares que ya no nos significan. Cuando podemos identificarnos con esas personas y reconocer sus anhelos igual que los nuestros, ahí quizá nos aproximamos a esa realidad desde otro ángulo y todo cobra esa dimensión. Quizá ese sea el mejor aporte que podemos hacer desde la cultura.

-¿Era eso lo que buscaba? ¿Zarandear al espectador?

-Lo primero que buscaba era intentar hacer una buena película. Creo que tiene que funcionar cinematográficamente, como un valor en sí. Hemos intentado ser muy respetuosos con la audiencia en el sentido de que hemos querido hacer una película entretenida, que atrape al espectador, que no dé tregua, que mantenga el interés desde el principio hasta el final. Más allá de eso, evidentemente hay una voluntad de poner un poco de atención en un aspecto de la realidad que no solemos mirar. Se trata, metafóricamente hablando, de mirar a los ojos a un montón de hombres y mujeres que habitualmente son ignorados.

Una polémica

-A la diputada de Vox Cristina Esteban sí que le tocó hondo el tema. Tanto que acabó poniendo junto al cartel de la película un 'Los okupas no son héroes, son delincuentes'.

-Creo que más allá de ese caso en concreto, hay una confusión, ignoro si intencionada o no, entre lo que es la okupación y lo que es un desahucio. No tienen nada que ver. Son dos problemas distintos. Una persona que ha sido estafada por un banco, que ha tenido un tropezón en la vida, que ha perdido un trabajo, que ha pagado cinco o diez años de hipoteca y de repente no puede pagar por una enfermedad, por un paro inesperado, dos o tres mensualidades… Va a perder todo lo que ha puesto, se va a quedar en la calle con sus hijos y además le van a seguir pidiendo la deuda de todo lo que te falta. Eso es un desahucio. ¿A dónde va después? España tiene el parque de vivienda pública más bajo de toda Europa, así que si te echan de tu casa nadie tiene a dónde mandarte. O creamos vivienda pública para que cuando la gente cae, por lo que sea, tenga un techo bajo el que quedarse o qué hacemos.

Penélope Cruz, Luis Tosar y Juan Diego Botto, en tres fotogramas de la película.
Imagen principal - Penélope Cruz, Luis Tosar y Juan Diego Botto, en tres fotogramas de la película.
Imagen secundaria 1 - Penélope Cruz, Luis Tosar y Juan Diego Botto, en tres fotogramas de la película.
Imagen secundaria 2 - Penélope Cruz, Luis Tosar y Juan Diego Botto, en tres fotogramas de la película.

-Da la sensación de que no hay segundas oportunidades.

-Es que en España no hay segundas oportunidades. De todas las viviendas que hay en Francia, el 14% están destinadas a vivienda pública; en Reino Unido, el 17%; en España, el 1,1%. ¿Qué hacemos? ¿Les dejamos en la calle?

-La historia sobre la que recae buena parte del ritmo y la tensión de la narración es la de Rafael, un abogado que ha hecho de la solidaridad su razón de ser, pero que al mismo tiempo descuida lo que tiene en casa.

-Ese es un tema que siempre nos ha interesado en lo personal, tanto a Olga como a mí, ese paradigma de la gente que es imprescindible en el mundo, que se sacrifica por los demás, que da su vida por otros y el precio que eso tiene siempre es a costa de un sacrificio personal, de descuidar a su familia. Tiene un coste que carga sobre otra persona, con un daño emocional indudable. ¿Cómo se resuelve eso? ¿Hay alguna posibilidad de encarar esos esfuerzos y sacrificios de otra manera? Es una duda que tenemos. En cualquier caso es algo que hemos visto una y otra vez en los abogados en los que nos inspiramos para escribir este personaje.

-El hijastro de Rafa, Manuel, en cambio, funciona un poco como el espectador. Es ese tipo descreído, que poco a poco va cambiando de idea.

-Funciona a varios niveles pero desde luego uno puede ser ese. Es la mirada más próxima al espectador, esa mirada que desconoce una realidad y que se aproxima a ella con los prejuicios propios que cada uno tenemos y que poco a poco al ir conociéndola su opinión se va modificando y ese es el viaje que hace con la realidad que Rafa le va mostrando.

-Después está la historia de Azucena, la madre que trata de impedir el desahucio, pese a la pasividad de su pareja. ¿Cree que las mujeres y los hombres afrontan de forma distinta este tipo de dramas?

-Vimos que había un patrón claro. Lo primero que te llama la atención cuando vas a una asamblea de vivienda con las personas que están tratando de evitar un desahucio es la cantidad de mujeres que hay. Son mayoritariamente mujeres y tratamos de entender el por qué. Una de las cosas que observamos es que en general en los hombres existe un mayor pudor en reconocer que están en una situación de precariedad o de pobreza. El hecho de haber perdido un trabajo o de no conseguir otro o llevar un paro de larga duración muchos lo viven como un fracaso absoluto y si su identidad está vinculada a ser el que mantiene a la familia pues es su propia identidad la que está en cuestión. Ir a un banco y protestar o hablar con abogados y reconocer esa situación es una cosa que los hombres llevan peor, sin embargo las mujeres, cuando se acercan al abismo y lo que se les plantea es la posibilidad de quedarse con sus hijos en la calle, dan un paso al frente y si tienen que pasar vergüenza, pasan vergüenza y si tienen que gritar en una sucursal gritan.

«Los hombres tienen mayor pudor en reconocer que están en una situación de precariedad o pobreza. Las mujeres, cuando se acercan al abismo, dan un paso al frente»

-Supongo que es fruto de la educación recibida.

-Sin duda. Hemos sido criados bajo unos patrones de lo que es ser un hombre y lo que es ser una mujer. Vivimos en un mundo donde el patriarcado es lo que ha operado y tenemos unos conceptos de lo que se espera de un hombre, y tienen que ver con la educación, con unos modelos culturales y un montón de cosas más. Desprenderse de esos conceptos no solo es una liberación para las mujeres, que también, sino también para los hombres que se despojan de una serie de cosas que también suponen una carga.

-Finalmente, la tercera historia aborda la soledad con la que una mujer mayor, que avaló a su hijo en un negocio, afronta el proceso. La soledad se ha convertido en una de las grandes lacras de nuestra sociedad.

-Sí. Desgraciadamente se han dado muchas veces esas noticias de gente mayor que no ha sabido acercarse a un grupo que pudiera ayudarle, que lo han vivido en soledad, con vergüenza, que no han hablado con la propia familia por no molestar. Y generalmente se da más en gente mayor, que no tienen redes y lo viven en soledad.

Una realidad «más dura y cruel»

-¿Se han quedado más historias en el tintero para hablar de quienes viven en esos márgenes?

-La película se fue convirtiendo en algo coral precisamente por la cantidad de historias que íbamos encontrando. Lo que hicimos fue suavizar los relatos porque la realidad es muchísimo más dura, más barroca y cruel porque una de las cosas que va ocurriendo en los márgenes y con la precariedad es que el mero hecho de estar en la precariedad te suma conflictos. Un ejemplo: tu hijo tiene un problema médico, pero no puedes llevarlo al médico porque eso sería pedir un día en el trabajo, que no puedes perder porque cada euro que cobras es imprescindible para mantener a tu familia, y los contratos que tienes normalmente no están reglados, con lo que esa enfermedad, que en otras circunstancias habría sido una chorrada empieza a agravarse... Por todo ello terminas con precariedad, un proceso de desahucio y además una enfermedad crónica de un menor, tienes que dejar el trabajo, pides un subsidio porque ya no puedes trabajar… El ciclo de la pobreza te encadena de por vida. Así que a la hora de realizar la película o suavizábamos los casos que hemos visto o resultaban inverosímiles o excesivamente dolorosos.

«Hemos suavizado relatos porque la realidad es muchísimo más dura, barroca y cruel»

-A lo largo de la narración, destacas buena parte de las estructuras de apoyo que se han creado allí donde no llega el Estado. Era un homenaje necesario, ¿no?

-Hay un reconocimiento por nuestra parte a esa labor, pero también es fruto de lo que hemos visto. Hay un mundo que se sostiene con alambres, un lugar donde no llegan los servicios sociales, el estado de bienestar, ni siquiera los cuidados mínimos, y donde lo único que opera es la solidaridad, gente que si no hubiera sido por esas redes de apoyo mutuo estarían en la mierda.

-De hecho, hay un momento en el que la cinta se convierte casi en una suerte de documental.

-Como homenaje a todas las personas que nos habían contado sus historias a lo largo de los años, quisimos involucrarlos en la película y pedimos a los propios afectados que reprodujeran una asamblea real y fueran contando en qué fase se encontraban sus casos. Se rodó tal cual y luego se incorporó a la película. Ese momento tiene también como objetivo subrayar la transformación del hijastro de Rafa.

Vídeo. El tráiler de 'En los márgenes'.

-Confiese, ¿impone eso de tener en el set a actores de la talla de Penélope Cruz o Luis Tosar?

-Impone. Son dos grandes nombres del cine mundial, pero también por otro lado cuanto mejores son los actores que tienes delante, más fácil es el trabajo como director. Siempre van a tener algo maravilloso que aportar y, de hecho, creo que una de las cosas más bonitas de la película es su trabajo. Lo que hace Penélope Cruz es un acto de mostrar una vez más su inmenso talento en un personaje enormemente difícil. Ella arriesga muchísimo y crea un personaje absolutamente maravilloso y conmovedor. Lo mismo ocurre con Luis Tosar, hace un trabajo de gran compromiso actoral y transmite esa angustia, esa desazón, ese no llegar nunca y esa bondad que tiene en la mirada.

-¿De qué forma le ayudó su experiencia como actor?

-Ayuda, sin duda. Uno sabe cómo es el proceso, qué es lo que te cuesta más, dónde están las dificultades, qué te ayuda creativamente a construir un personaje, cómo agredeces que se te acerce un director o cómo te violenta… Todas esas cosas que ya he experimentado muchas veces te sirven a la hora de trabajar con los compañeros.

-¿Tiene ganas de repetir?

-Ahora de lo que tengo ganas es de descansar (ríe). Llevo unos años de mucha intensidad y el azar y la covid han querido que dos proyectos que para mí conllevaban un gran compromiso como es la obra de teatro 'Una noche sin luna' y esta película coincidieran en el tiempo. Han sido dos o tres años de una gigantesca intensidad, además de combinarlos con otros proyectos y ahora lo que necesito es descansar. Afortunadamente la película se estrena este viernes y ya la puedo soltar de la mano y dejarla caminar. Estaré con el teatro hasta enero y después me tomaré unos meses de descanso.

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