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Imagen de 'Camilo Superstar'. RC
'Camilo Superstar': quien no arriesga, no gana

'Camilo Superstar': quien no arriesga, no gana

Viendo los riegos que asumió Camilo Sesto para poner en marcha 'Jesucristo Superstar', no deja de ser curioso que la serie que los refleja sea convencional y plana

Miércoles, 10 de enero 2024, 21:27

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No hay boda que se precie en la que no suene 'Vivir así es morir de amor'. El tema consigue tanto que la tita Encarna vaya al centro de la pista y empiece a cantar desatada como que los sobrinos reguetoneros abandonen el perreo, se conviertan al camilismo durante tres minutos y canten a coro con la tita. Será ese carácter intergeneracional de las canciones de Camilo Sesto lo que ha hecho que Atresmedia ponga su mirada sobre el intérprete. Y será, sobre todo, que hay un gusto excesivo y rentabilísimo por lo retro, por volver a un pasado reciente del que recuperar a viejos ídolos populares para darles otra vuelta de tuerca, ya sea desde el documental o desde la ficción. Es el caso de 'Veneno', 'Raphaelismo', 'Bosé', 'Raffaella' o 'Cristo y Rey'.

'Camilo Superstar', miniserie de cuatro capítulos disponible en Atresplayer y que ahora emite Antena 3, no se presenta como un 'biopic' al uso, sino que se centra en un episodio concreto: la lucha de Camilo Sesto por poner en pie 'Jesucristo Superstar'. En aquel momento, el cantante, que ya era una estrella en España y en América Latina, cayó fascinado ante la representación del musical en Londres y se empeñó en adaptarlo en nuestro país, algo que le llevaría cuatro años de trabajo y de dificultades: tuvo que enfrentarse a la censura (la obra, moderna y revolucionaria para la época, se estrenó el 6 de noviembre de 1975, con Franco aún vivo, aunque agonizante), soportar las amenazas de grupos ultracatólicos, arriesgar su prestigio y su patrimonio y rebelarse contra la industria musical, que no le dejaba salirse del género que tanto éxito le había proporcionado. Pero, sobre todo, Camilo quería llevar las riendas de su carrera, experimentar, evolucionar, dejar de ser un cantante melódico para demostrar que podía ser algo más que eso. ¿Melancolía? No, una estrella de la ópera rock.

Viendo los riegos que asumió Camilo Sesto para poner en marcha 'Jesucristo Superstar', no deja de ser curioso que la serie que los refleja sea cualquier cosa menos arriesgada. Es un trabajo convencional y plano en el que se toman decisiones desafortunadas, como que el momento de 'Getsemaní' no constituya el clímax absoluto y sea troceado en dos capítulos. Además, su interés por abarcar aspectos ajenos al eje central de la historia hace que, al principio, no sepamos muy bien qué nos quiere contar. Afortunadamente, la serie va ganando enteros conforme va descartando esos episodios y se ajusta a la puesta en marcha de 'Jesucristo Superstar'.

Alejandro Jato, el protagonista, consigue algo muy difícil: encarnar a Camilo Sesto sin caer en la caricatura, sin sus ojos azul piscina, sin sus amaneramientos y sus histrionismos. Pero se queda un poco corto: su interpretación carece del magnetismo del personaje. Jato está bien arropado por Óscar de la Fuente, que interpreta a José Luis, el primer manager de Camilo, Adrián Lastra (Teddy Bautista, que hizo de Judas en la obra), Elena Rivero, en una fugaz aparición como Paloma San Basilio, Natalia Reyes (Ángela Carrasco), Javier Godino (Jaime Azpilicueta, el director de 'Jesucristo Superstar') o Vito Sanz (Nacho Artime, productor teatral y conductor de 'El Gran Musical' de la Ser).

Lo más notable de la serie es su interés por reivindicar la figura del mejor Camilo para resignificarlo dentro de la España actual y darle la importancia que se merece, haciéndonos olvidar al otro Camilo, al del 'Mola mazo', el peluquín y el rostro deformado por la cirugía estética. Pero, a pesar de las buenas intenciones y de algunos momentos logrados con brillantez, 'Camilo Superstar' no está a la altura ni del personaje ni de lo que supuso el estreno de la obra en su época, un musical que hizo historia al presentar a un Jesucristo más humano que divino. Es una serie correcta donde la mayor emoción la ponen las canciones del propio Camilo. No arriesga y, por tanto, no gana.

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