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Homer Simpson. RC
Homer Simpson se anticipó a los antihéroes

Homer Simpson se anticipó a los antihéroes

50 personajes de series del siglo XXI ·

El protagonista de la popular serie de animación es el peor padre del mundo, pero le queremos pese a todo

Mikel Labastida

Valencia

Lunes, 1 de enero 2024, 22:44

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Los Simpson llegaron a España en 1990 apenas unos meses después de que la serie se estrenase en Estados Unidos. Quienes disponían de Canal + fueron los primeros en conocerlos, aunque no tardaron en saltar a la cadena pública, y fue allí donde lograron una enorme popularidad que ha llegado hasta nuestros días (momento en que la ficción de animación se emite por Atresmedia y Disney). ¿Qué nos llamó la atención de ellos? ¿Que eran amarillos? Pues sí, pero eso es lo de menos. ¿Que eran irreverentes? Sí, eso nos atrajo bastante más. Pero sí había algo que no cumplía ninguno de los cánones a los que estábamos acostumbrados en ficciones familiares de ese tipo era el rol del patriarca. Y mira que para entonces habíamos visto ya algunos padres terribles en el cine y la televisión, pero ninguno como Homer Simpson.

¿Tan catastrófico resultaba? No, hombre, no era Jack Torrence, el padre esquizofrénico de 'El resplandor', ni mucho menos. Esto era más de andar por casa. Lo que sorprendía en este caso era el contexto, que se tratase de alguien tan presumiblemente convencional. Si a uno le preguntan cómo es el padre de una familia tipo en Springfield -donde quiera que esté- seguramente respondería que es un hombre educado, aplicado y con férreas costumbres. Y no un vago redomado. Sin embargo si existiese un manual que dictase lo que no ha de hacer una figura paterna sin duda Homer reuniría todos esos puntos. No destaca por su sentido común, le encanta estar tirado en el sofá, se comporta como un crío, bebe más de la cuenta y se comporta de un modo violento para resolver algunas situaciones. Y por supuesto no entiende esforzarse para conseguir nada. «Si algo es difícil y duro de hacer, entonces no merece la pena hacerlo», podrí ser su lema.

¿Qué le salva? Que es un bonachón, sin mal fondo, que de veras quiere mucho a su mujer y sus hijos, aunque no sea un experto a la hora de demostrarlo, nadie nace aprendido. Y así sigue varias décadas después. Y casi mejor que no cambie, porque a estas alturas nos resultaría extraño.

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Los Simpson, y particularmente el padre de este clan amarillo, nos enseñaron a querer a seres imperfectos, los que después han poblado la ficción nacional e internacional en los últimos años. Pero en los 90 estábamos más vírgenes en personajes con tantas dimensiones. En este siglo -en el que hemos vivido la tercera edad de oro de las series- nos hemos encandilado de gánsters y de asesinos atroces, incluso, pero con historias trepidantes que nos hacían permanecer a su lado. De gente que cometía errores y no sabía repararlos a tiempo, lo que en ocasiones hacía que el espectador se identificase con ellos. De personas cargadas de defectos con las que pese a todo se lograba empatizar. Homer fue pionero en esto. El resto llegaron más tarde.

«En mi familia somos cinco: la mujer del moño raro, Bart, Bart niña, la que no habla y ese tipo gordo raro. ¡Cómo lo odio!», suelta, en un episodio, Homer en una barra completamente borracho. Ese tipo gordo raro es él, por descontado. La mujer del moño raro es Marge, su mujer. Su matrimonio no es idílico, pero a su manera se quieren. Aunque ella muchas veces ejerce más de madre con él que otra cosa. Bart niña es Lisa, aunque Homer es capaz de olvidarse hasta del nombre de su propia hija. Ella es infinitamente más madura que su padre y en ocasiones es la que le regaña, pero eso no les impide profesarse un enorme cariño. La otra hija es Maggie, más pequeña, y a la que un padre como Homer no está capacitado para cuidar.

Y luego tenemos a Bart, con el que mantiene una relación tensa, más conflictiva, porque chocan todo el rato por lo que uno y otro quieren hacer o dejar de hacer. Por cierto una imagen mítica entre ellos era la del padre intentando ahogar al hijo cuando este le sacaba de quicio. Esta práctica dejará de ser habitual en la serie. En un episodio reciente Homer aseguraba que ya no estrangularía más a su hijo porque los tiempos cambian. Hasta para Homer han cambiado los tiempos, cómo son las cosas.

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