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El actor Patrick Criado en una secuencia de 'Las noches de Tefía'. R, C.
'Las noches de Tefía', entre el horror de la represión franquista y la fantasía

'Las noches de Tefía', entre el horror de la represión franquista y la fantasía

La serie sobre el campo de concentración para homosexuales que existió en Fuerteventura en la dictadura se estrena en Atresplayer Premium

J. Moreno

Lunes, 13 de marzo 2023, 00:47

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Entre 1954 y 1966, en aquella falsa España aperturista con sol y playa que el franquismo intentaba vender al exterior, existió un campo de concentración que la dictadura maquilló con el eufemístico nombre de Colonia Agrícola Penitenciaria. Se encontraba en Tefía, una villa situada en un paraje desértico de la isla canaria de Fuerteventura y que fue uno de tantos centros de represión donde el régimen franquista enviaba y recluía a los condenados por la ley de vagos y maleantes.

Una ley aberrante que permitió que, a partir de 1954, el campo de Tefía fuera adaptado para incluir también a los homosexuales acosados por el régimen. Aquel terrible lugar existió y hoy en día es un albergue juvenil ajeno al horror que acogió en décadas pasadas. En este contexto, Atresmedia presentó en el marco del Festival de Málaga su nueva serie original, 'Las noches de Tefía', una ficción producida por Buendía Estudios Canarias que se estrenará próximamente en la plataforma Atresplayer Premium.

La producción aborda la casi desconocida existencia de este campo de concentración a través de una historia que comienza en el año 2004 con el testimonio de Airam Betancor -interpretado por el actor cubano Jorge Perugorría-, uno de aquellos presos homosexuales que malvivieron en Tefía.

A sus 70 años y después de vivir casi toda una vida encerrado en el armario, se ve obligado a recordar, a través de un doloroso ejercicio de memoria, los diecisiete meses de trabajos forzados que padeció en la execrable colonia penitenciaria cuando apenas tenía veinte años.

«Estamos en los años en que Franco intentó abrir sus fronteras para facilitar la llegada masiva de turistas, la época del 'Spain is different'.

Apareció el cine de José Luis López Vázquez y Alfredo Landa persiguiendo a las suecas en biquini en al playa, pero la represión para el autóctono siguió intacta. Porque no solo estaba Tefía, sino que en casi todas las cárceles españolas había 'galerías de invertidos', como pasaba, por ejemplo, en la de Carabanchel y en Badajoz», denuncia el dramaturgo y creador de la ficción, Miguel del Arco.

Recuerda el autor que la ley de vagos y maleantes evolucionó en 1978 a la de peligrosidad social, que se mantendría en vigor hasta el año 1995, casi dos décadas después de la muerte de Franco y que salvaguardó, incluso, las fichas policiales de los acusados de homosexualidad por el franquismo.

El ensueño de Tindaya

Ni siquiera la mayoría de vecinos del lugar conocía que en Tefía existió un campo de concentración de estas terribles características. Un extremo que también es compartido en otros lugares de España donde el silencio y el desconocimiento se impusieron al horror de la represión. «Una cosa que hizo fantásticamente bien el régimen fue borrar sus huellas», asegura Del Arco, también guionista de la serie. Aclara, además, que la ficción bebe de «uno de los pocos casos reales», el testimonio que reflejó Miguel Ángel Sosa Machín en el libro 'Viaje al centro de la infamia'.

De aquellos años y de aquel horror existe muy poca documentación oficial y personal, según confirman los responsables de la serie. Sí se sabe que pese a que la electricidad no llegó hasta la década de los 60 a Fuerteventura, la ficción aborda también los electrochoques que sufrían los condenados por el régimen y de cuyos logros presumía en el extranjero el psiquiatra Juan José López Ibor, muy próximo al franquismo.

Rodada en exteriores naturales de Tenerife y de Madrid, 'Las noches de Tefía' está protagonizada, entre otros actores, por Patrick Criado, en el papel con el mote de la Vespa: Marcos Ruiz, como Airam, 'la Bambi'; Miquel Fernández, como Charli, o Israel Errejalde, que encara a don Anselmo.

En mitad del horror de Tefía, un lugar donde el abuso, la violación y los comentarios homófobos eran una constante en aquellos años de plomo -unos oscuros momentos que la serie refleja en blanco y negro-, aparece, sin embargo, el poder liberador de la imaginación con la creación mental de un lugar de ensueño llamado el Tindaya, donde los presos pueden desarrollar sus anhelos y sus fantasías.

Una parte artística, la del Tindaya, donde la comedia deja paso por momentos al drama. «Fue un riesgo, pero es un tono que me fascina. Cuanto más radical sean la comedia y el drama, más se alimentan entre ellos. Y en el Tindaya hay una parte de alivio», explica el creador de la serie.

En este lugar imaginativo, el personaje de Charli, que hace de narrador, inventa para sus compañeros un deslumbrante 'music hall' donde cada uno de ellos tiene su 'alter ego'. Es un espacio de libertad y ensoñación en el que, como dice su tema de bienvenida, el límite de lo posible revienta al imaginar.

Una libertad, en definitiva, de la que también presume haber disfrutado Miguel del Arco mientras escribía su obra televisiva. «A medida que iba escribiendo, tenía la seguridad de que me iban a decir 'hasta aquí'. Pero no he tenido la más mínima restricción editorial. He hecho lo que me ha dado la gana y hemos contado la historia que queríamos contar», concluye satisfecho el dramaturgo, director de escena, actor, guionista y adaptador.

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